Archivo de la etiqueta: Viaje

LA ABUELA AYAHUASCA

Llegamos a México con la firme intención de experimentar el chamanismo, el Peyote y todo aquello que se nos cruzase por el camino. Y “la Abuela Ayahuasca» nos encontró en casa de Ximena nada más aterrizar en Tijuana.

La Ayahuasca es una planta usada por los pueblos nativos amazónicos para sanar tanto física como espiritualmente.

Aunque a algunos os quieran convencer de que no es más que una planta alucinógena, lo cierto es que para nosotros va mucho mas allá. No se trata de algo recreativo, es más bien una experiencia mística, un camino de encuentro con nuestro propio espíritu, con nuestro ser esencial.

aya001

La «facilitadora», que así es como se llama a la persona que guía la ceremonia, en este caso Sofía, conocía y experimentaba Un Curso de Milagros, al igual que nosotros, y esto nos sirvió como nexo de unión; utilizar un lenguaje común nos ayudó a comprender lo que estábamos a punto de experimentar.

Charlamos unos días antes del ritual, nos explicó que lo normal es tener vomitonas o cagaleras, por ello se te provee de un cubo durante la ceremonia; que puedes reir o llorar, o bailar, o tener miedo, o una alegría inmensa o una pena feroz. Nos explicó que «la Abuela» es la que sabe, es la que guía, ella te habla, te hace ver, te da aquello que necesitas o te quita lo que te sobra, pero nunca te hará pasar por algo que no puedas soportar.  Sofía entretanto cuidaría de nosotros durante toda la ceremonia.

aya3

Nos preparamos durante varios días con una dieta bastante estricta: ninguna carne o producto de origen animal, ni harinas, ni cafés, ni alcohol, ni sexo… y el día de marras sólo agua. Entretanto leímos y aprendimos cuanto pudimos sobre ella. Normalmente las ceremonias se hacen para varias personas, pero nosotros tuvimos la suerte de estar solos con la «facilitadora».

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Para mí las espectativas eran enormes, pero ocurrió lo peor que puede ocurrir: no entré, no experimenté nada, «la Abuela» no me habló. Yo quería escucharla, quería saber, conocer, experimentar, ver, aprender… Pero nada sucedió. Lo intenté con una segunda dosis, pero no sirvió tampoco.

Entretanto mi compañera comenzó un viaje maravilloso, pudo navegar a través de su inconsciente, más allá de los sentidos terrenales, más allá de su cuerpo. «La Abuela» le hablaba, y ella la escuchaba, y aprendía, y trabajaba con lo más profundo de su ser. Yo la veía llorar, y llorar, y llorar más. Y se movía, y cambiaba de postura, y metía la cabeza en el cubo de vomitar pero no vomitaba, lloraba, y gritaba… Me sentía feliz por ella, pero muy decepcionado por mi «no experiencia».

Después del trance Alma estaba llena de felicidad. Experimentó su cuerpo sin ser manejado por ella misma, y es que «la Abuela» se lo tomó prestado para bailar al ritmo que marcaban los ícaros (cantos de poder), para limpiarla, para arrancar de su interior algún tipo de porquería que no sé si alguna vez seremos capaces de saber lo que era. Tuvo la oportunidad de observar el mundo con otros ojos, de mirar adentro de sí misma y escuchar lo que su cuerpo le hablaba. Sintió mucho miedo en ocasiones pero también mucho amor.

aya9

Hoy comprendo que a mí «la Abuela» me dió lo que me tenía que dar en ese momento, ni más ni menos. Y aunque me sentí «ninguneado» en aquel momento, no guardo ningún rencor. Con la perspectiva del tiempo, y depués de hablar con Sofía y Ximena (la promotora), creo que cometí un error, y es que no me presenté a «la abuela» tal como yo soy, tal como yo siento, dejé mi sentido del humor, mi espontaneidad y mi frescura y me presenté ante ella en un estado «místico-consciente» que no me correspondía. No se puede engañar a «la Abuela». La próxima vez no dejaré de ser yo mismo.

MANIFIESTO AYAHUASCA

SURFEANDO LA BAJA CALIFORNIA (MÉXICO)

– Buenas tardes, ¿Me permiten sus pasaportes, por favor?

En la frontera de México el interrogatorio fué mas o menos el mismo que en todas las demás fronteras.

«¿Donde se alojarán?. ¿Cuál es su itinerario?. ¿Por qué motivo visitan el país?, ¿por cuánto tiempo?…».

Lo de siempre pero con una enorme diferencia, ¡nos hablaban en español!, y eso, después de un año, nos hizo sentir requetebién.

Le contamos al agente nuestra aventura.

– ¡Ay qué viaje, está padrísimo!. Tienen 180 días para moverse libremente por el país, pásenla bien y bienvenidos a México.

Y así entramos a estas tierras, rodeados de amabilidad y buenas maneras, y es que estos pinches weyes son bién chingones.

Tenemos que reconocer que cuando llegamos a la estación de Tijuana, estábamos un pelín preocupados por las inseguridades, las balaceras, los secuestros y todas esas cosas que todos sabemos que pasan en México. Al poco ese tema nos la traía al pairo. No se siente, no se palpa en el ambiente. No hay miedo en las calles, ni cabezas en las cunetas, ni balaceras en las esquinas. Hemos pasado por casas de gentes muy, muy humildes, hemos vivido en barrios pobres y en otros super nice. En todos ellos la gente es encantadora.

Tijuana en México y San Diego en USA comparten el mismo casco urbano, y por lo que pudimos ver, a buen seguro, éste es uno de los pasos más transitados en el mundo, abierto 24 horas todos los días del año y con unas 50 calles para vehículos. Es curioso, porque mucha es la gente que trabaja «en el otro lado» y cada día cruzan la frontera; algo así como Gibraltar, pero a lo bestia.

La zona fronteriza es conflictiva, son muchos los ilegales que no pueden cruzar, son también muchos los deportados o huídos de la justicia americana, y todos se agolpan cerquita del borde, viviendo bajo los puentes, ramblas o cualquier espacio que se les antoje habitable a la espera de que las cosas mejoren.

Esta frontera me impresionó bastante , no sé por qué razón esta valla en particular me hacía sentir tan mal. Quizá es por verla desde el lado pobre, el oprimido. Y es que es bien diferente observar un muro cuando sirve de «protección» a cuando sirve de «obstáculo». Me acuerdo de España, de las fronteras con África…  y me siento mal.

Llegamos a México con la firme intención de experimentar el chamanismo, el Peyote y todo aquello que se nos cruzase por el camino. Y se nos cruzó «la Abuela», una planta llamada Ayahuasca que sirve para sanar física y espiritualmente. Pero esta experiencia merece su entrada propia.

Tijuana quedará grabada en nuestros corazones por la experiencia con la Ayahuasca y por la convivencia con Ximena y Emilio. Nos apoyaron, nos ayudaron y nos abrieron sus corazones. Ellos siempre estarán en los nuestros. Sofía, la facilitadora de «la Abuela», también se hizo un huequito dentro de nosotros. Como siempre, los lugares que visitamos están marcados por las gentes que conocemos en ellos.

Rosarito es un pueblito cerquita de Tijuana. Tiene unas playas extraordinarias y unos estudios cinematográficos donde se rodó Titanic, pero ahora están cerrados y no se pueden visitar. Lo que sí se puede visitar es Popotle, una playita de pescadores petada de restaurantes y puestos donde degustar mariscos y pescados recién traídos por los pescadores. Algunos de los puestos cocinan el pescado que tú hayas comprado directamente al pescador. Muy, muy recomendable.

A Ensenada llegamos con un chico de un grupo de raiter, algo así como el Bla Bla Car europeo. Y allí nos quedamos en casa de Ceci. Y conocimos a su novio Jorge, y a Xuxa y a unos cuantos de sus amigos. Y salimos cada día con ellos; conocimos la ciudad, los mejores tacos, las mejores tabernas y cafés. Nos pasearon por cada rincón interesante y nos acompañaron a La Bufadora, el atractivo turístico por excelencia de Ensenada.  La Bufadora consiste en una cueva entre rocas a nivel del mar, de forma que el oleaje al entrar en la cueva y chocar contra la pared provoca que la presión saque el agua por un pequeño orificio aventándola unos cuantos metros hacia arriba y emitiendo un bufido característico que le da el nombre.

Uno de nuestros objetivos en la Baja California era avistar ballenas, y nos fuímos a Guerrero Negro. Y dado al elevado coste del transporte público en esta zona nos dimos el madrugón para poder hacer a dedo los 600 kms y llegar a una hora prudente. No habían pasado ni cinco minutos desde que nos colocamos para hacer autostop cuando nos paró una familia que nos llevó como medio camino. Nos regalaron bebidas, unos burritos y muchos buenos deseos. En media hora pasó Edgar, curiosamente dedicado al negocio de la aceituna, con sus rancheras y sus corridos a todo volumen; nos llevó en su coche sin matricular hasta el mismísimo Guerrero Negro. Es frecuente ver coches sin matrículas por aquí. Mexico mágico.

El paisaje en la Baja California es espectacular, la única carretera que hay la cruza de norte a sur a través de un enorme desierto; en ocasiones se divisa el océano Pacífico, en ocasiones formaciones rocosas y casi siempre bosques inmensos de cactus originarios de la zona. Es muy frecuente encontrarse con controles militares.

En Guerrero Negro nos esperaban Juan Pablo (Pablito) y su familia, y David el Vato, y el Pirri, y Waldo. Pasamos unos días de fábula, disfrutamos muchísimo de sus conversaciones, sus risas. Tuvimos oportunidad de disfrutar de alguna fiesta familiar y descubrimos un elemento nada turisteado: «El panteoncito de los niños». En los sesenta, no sabemos muy bien la razón, murieron en Guerrero Negro numerosos niños y todos fueron enterrados en un lugar no lejos del pueblo, en el desierto. Impresiona un montón.

En la inmensa laguna costera Ojo de Liebre se instalaron las salinas más grandes del mundo, y allí llegan cada año cerca de dos mil ballenas grises desde Alaska para aparearse y dar a luz a sus ballenatos. El comportamiento de estas enormes criaturas en la laguna es completamente amistoso e interactivo con los humanos, es un misterio el porqué, pero ver como los inmensos cetáceos se acercan a las diminutas barcas, y ver como la madre empuja al ballenato para que lo acariciemos es una experiencia que te deja sin palabras, son sensaciones que van más allá de cualquier adjetivo inventado por el hombre. Qué generosidad la de este animal. Sé que algún día volveré a Guerrero Negro.

Parecía que el autostop funcionaba de maravilla por aquellos lares, y decidimos continuar de aventón hasta Mulegé, pero nos salió nada más que regular y llegamos muy entrada la noche. Encontrar la casa de Petr se convertía en misión casi imposible. Después de más de una hora andando por la más absoluta oscuridad, estábamos golpeando en los cristales del único gringo despierto a aquellas horas; era nuestra única baza, o nos ponían en la pista de Petr o tocaba dormir a la interperie. ¡Encontramos a Petr!.

Mulegé es un oasis (recién castigado por un huracán). Sus playas son famosas en toda la Baja, no en vano se ha convertido en el destino favorito de casi todo el mundo. Pero… ¡hay que pagar 50 pesos!. Eso de pagar para estar en una playa no va con nosotros, máxime cuando están llenas de caravanas de gringos que vienen por el spring break. Visitamos la misión, paseamos a lo largo del oasis, disfrutamos de la compañía y nos fuímos a Cabo San Lucas, aprovechando la invitación que nos hizo Petr, y así disfrutamos del paisaje costero desde el coche.

Íbamos en el Jeep: Petr, Alma, Tom, Celina, Dayra y un servidor. El Cabo no nos gustó especialmente, pero lo pasamos pipa. Lo más destacable fué que alcanzamos la mismísima punta de la Península, allá donde se unen el Océano Pacífico y el Mar de Cortés. Y estuvimos en la únca playa que hemos visto con dos orillas opuestas.

A la vuelta nos dejaron en La paz, donde cruzamos al continente en ferry. Nos esperaban Tepic y Puerto Vallarta. Ya empezabamos a sufrir una seria impaciencia por encontrarnos con Nadx, Iyari y Pedro.

 

SURFEANDO HAWÁI, SAN FRANCISCO, L.A. Y LAS VEGAS

Aterrizamos en Honolulu a las seis de la mañana, y no salimos del aeropuerto hasta bien pasadas las diez. Nos retuvieron, nos interrogaron, nos registraron exhaustivamente por razones desconocidas. Nosotros suponemos que se asustaron porque anduvimos por Rusia, China y algún que otro país comunista o musulmán. Sospechoso, ¿verdad?.

Por lo que respecta a Hawái, tan solo conocimos Honolulu, con su Waikiki Beach y su Pearl Harbor. Nos resultó bastante insípido, la verdad. Las playas no son como las venden en las películas, el agua está muy fría y las olas son imposibles, a no ser que seas surfero, claro. Es todo carísimo y está demasiado turisteado, por lo que resulta imposible encontrar un remanso de paz donde «vivir hawaianamente la vida». Pearl Harbor, por su parte, no deja de ser un canal para difundir la más que consabida propaganda americanista, donde en lugar de mostrar los horrores de la guerra tratan de ensalzar a sus soldados como auténticos héroes que hicieron el más grande sacrificio por su país: soldados que murieron mientras dormían en un barco de guerra… Héroes, honor y patria… Bullshit.

En San Francisco estuvimos una semanita, la pasamos griposos, pero aún así disfrutamos bastante. Nos quedamos en casa de Rob y aprovechamos para hacernos con un nuevo equipo de fotos. ¡Guay!

La ciudad es chula, con sus cuestas, sus tranvías, su pier 39, sus leones marinos, su Golden Gate y su Alcatraz. Pero lo más divertido de San Francisco es su fauna humana: son abiertos, no demasiado patrióticos, liberales, con inquietudes culturales y un sentido de la moda bastante particular. En una ocasión nos topamos de lleno con un viejo en pelotas, bueno, casi en pelotas, porque el único atuendo que llevaba era una especie de taparrabos, mínimo, algo así como un condón de lana que le tapaba también sus huevos. Fué bastante como de susto. Hay cientos de músicos en la calle, y son muy buenos. Por supuesto, la «comunidad gay» está muy presente.

La visita a Alcatraz está rechula, hay audioguias en castellano y la narración es en primera persona por guardias y presos que estuvieron allí, eso lo hace muy especial. Lo único que me decepcionó de la prisión fué saber que «Birdman» nunca tuvo un pájaro en Alcatraz, y además era malo malísimo, de los peores psicópatas que pasaron por allí… con lo majo que se veía al Burt Lancaster… Una larga enfermedad lo tuvo confinado casi todo el tiempo en las celdas de la enfermería. No a Burt, a «Birdman«, of course.

Los Ángeles es feo, feo, feísimo. El centro se salva un poco, pero aún así no tiene nada especial, algún edificio interesante, pero nada del otro mundo.

Otro mundo es lo que pensábamos que encontraríamos en Hollywood, pero no. He visto más glamour en una boda gitana. Todo está caduco: indigentes, locos y borrachos, tiendas de lencería hortera y 3.000 estrellas en el suelo, estrellas que han de pagar los propios estrellados a razón de 30.000 dólares.  Se salva un poco la entrada del Teatro Chino por aquello de las huellas en el cemento. Eso mola.

Sunset Boulevard es requetelarga. Lo más interesante que encontramos, y por sorpresa, fué, sin duda alguna, el museo Psiquiatría: Industria de la muerte. Allí nos confirmaron los desatres de la psiquiatría en todo el mundo, especialmente en USA. Curiosamente en Hollywood muchas estrellas se han suicidado justo después de visitar a su psiquiatra, entre ellas Marylin Monroe, Ernest Hemingway o Judy Garland.

Hicimos un tour por Mulholland Drive, Beberly Hills y alrededores, donde pudimos ver, desde fuera y sin bajarnos de la furgonetita, las casas de muchos de los más famosos, aunque la mayor parte de ellas sólo se podían adivinar detrás de las inmensas vallas y enormes setos. También vimos las localizaciones de películas que están en la ruta;  esa parte está muy chula.

Beverly Hills es como un estado independiente dentro de Los Ángeles, las calles están diseñadas a conciencia, donde todo es perfecto: la alineación de los árboles, las bocas de incendios plateadas, hasta el aire corre en diferente sentido. En el trozo de Sunset Boulevard que atraviesa Beverly Hills están localizados los garitos y restaurantes propiedad de los famosos del séptimo arte, donde los precios son astronómicos. Nos hubiera gustado tomarnos algo en el bar de Johnny Depp, y pasar la noche en el hotel de Leonardo DiCaprio, después de una noche loca en el club de Cindy Crawford. Otra vez será. Y así llegamos a las tiendas de las marcas más exclusivas, donde cabe destacar al sastre del mismísimo Barak Obama, una cita en su apretada agenda cuesta nada menos que 1.200 dólares.

Conocer unos estudios de cine era algo así como obligado, así que nos decidimos a pagar los 53$ que costaba la visita a la «Paramount«. Mala decisión. Quizá es porque fuimos en finde y estaba todo bastante vacío, pero resultó aburridote. No es que sea un fake, pero no vale su precio, desde nuestro punto de vista. Está simpático el decorado de New York, y es interesante tomarse una foto en la tienda donde Audrey Hepburn roba en Desayuno con diamantes, pero la visita no dá mucho más de sí. No deja de ser un gran complejo de grandes naves. Y el tour te lleva a estudios donde se graban algunas comedias americanas que a nosotros ni nos van ni nos vienen. Tienen unas pocas estatuillas de los Oscars ganados, pero están en una vitrina y no se pueden tocar, así que te muestran una réplica para que compruebes su peso, pero no es lo mismo.

¿Hubiera sido mejor elección la visita a otros estudios? No íbamos a caer otra vez en la tentación, así que nos fuimos a Las Vegas.

Un único propósito nos llevó a la ciudad de los casinos: jugar al póker, jugar hasta ganar 15.000$. Viajar entonces por el Cañón del Colorado en helicóptero, alquilar un Masserati, ir al Cirque du Soleil, comer en un restaurante caro y continuar con nuestro viaje de mochileros miserables. Empezamos ganando, y luego ganamos otra vez, y otra, y otra… y luego perdimos, y perdimos y seguimos perdiendo… Nos fuimos como llegamos, pero muy orgullosos de haber sido capaces de financiarnos una semanita completa de juegos, comidas y hoteles.

Hay que reconocer que un poquito desilusionadetes sí que nos subimos en el autobús que nos llevaría a Tijuana, pero felices de regresar a países económicos y de volver a hablar español. Pero eso será otra entrada.

SURFEAR TEMPLOS HARE KRISHNA (De cómo comer gratis)

Un Tip para viajeros de poco presupuesto pero con inquietudes espirituales. Llévese a cabo si se desea, pero háganlo con el mayor respeto que puedan hacerlo.

En casi todos los países y grandes ciudades hay un templo Hare Krishna. En estos teplos se ofrece comida dos veces al día, normalmente a las 9:30h y las 16:30h. Es gratuita, pero nosotros ofrecemos una meditación. Podéis encontrarlos aquí.

La comida es vegetariana, frutas, verduras y poco más. Nosotros lo hemos hecho, y nos ha ido bien.

Reflexiones «Antipodinas»

– Qué lejos queda ya Australia, ¿eh?.

– Jo, de verdad.

Estábamos en San Diego, esperando nuestro autobús para cruzar la frontera USA-México. Dejábamos atrás otro país y aún no habíamos asimilado el anterior. Y es que en este viaje estamos experimentando una sensación hasta ahora desconocida: recordar partes del trayecto (en general países) como si se tratase de otro viaje que hubiéramos hecho años ha. Pero no, apenas hacía unas semanas que dejamos Australia atrás, y en aquella estación hicimos nuestro particular listado de las 15 cosas que más no llamaron la atención:

  1. A los australianos les gusta muchísimo España, y  saben de nuestra pasión por los tomates, pero creen que nuestra gastronomía y nuestra cultura es igualita a la de México.
  2. Tienen muy arraigada la cultura del camping, cada 30 Km. encuentras zonas de acampada muy bien equipadas: baños y duchas limpias, planchas para cocinar (ellos las llaman barbacoas) con el gas listo para prender, y espacios para las tiendas de campaña o las caravanas, todo completamente gratis. Por supuesto, también existen campings de pago.
  3. El transporte público es bastante deficiente, la escasa demografía lo hace poco rentable para las empresas, pero es muy fácil comprar y vender coches, por lo que muchos viajeros optan por esta opción: llegas, te compras un coche (se pueden conseguir con todo lo necesario para acampar incluido), le das la vuelta al país y al final lo vendes por lo mismo que lo compraste (poco más o menos). Esta no fué nuestra opción.
  4. Sea cual sea tu estilo de viaje, en Australia tienes que preparar la billetera porque todo es muy caro, carísimo. Un aguacate no baja de 2,5$, igual que un mango, o una manzana…; es casi imposible encontrar un café por menos de 5$, el bus urbano anda por los 4$ y un paquete de tabaco no baja de 16$, la habitación más cutre y sucia no baja de 80$, sin baño por supuesto.  Claro, que cualquier trabajador de McDonald’s gana 25$ la hora.
  5. Los productos ecológicos están muy extendidos y se pueden encontrar por todas partes, otra cosa es que puedas pagarlos.
  6. Quizá porque son muy orgánicos, tienen las medicinas alternativas bastante presente en sus vidas.
  7. Hemos disfrutado bastante del amor (o al menos respeto) que sienten por los animales. Los incluyen dentro su «conciencia social», pero, aún así, es inevitable ver las cunetas de las carreteras llenas de canguros atropellados. Nosotros atropellamos una serpiente, fué sin querer.
  8. La diversidad de su fauna es alucinante, hay miles de animales salvajes. Es fácil ver conejos corriendo aquí y allá, como a canguros y a wallabies. Y las «hormigas toro» están también muy presentes, fáciles de identificar por el picotazo que te arrean, son 10 minutos de dolor insoportable, parecido a un martillazo, pero son tan solo 10 minutos. Lo que sí que no verás es a un koala, los han llevado prácticamente al exterminio. Con mucha suerte encontrarás una langosta de tierra, igualitas que las del mar, pero en medio del bosque. Nosotros vimos una.
  9. El ganado viven casi en libertad: vacas, caballos, ovejas…, en grandes prados, y es que las propiedades son enormes. Es un país más grande que toda Europa y cuenta con tan solo 20 millones de habitantes.
  10. Las WIFIs son muy deficientes, sólo en las grandes ciudades puedes navegar medianamente en condiciones. En el medio rural no sale rentable, la escasa demografía.
  11. Son bastante sociables, les gusta compartir sus vidas con la comunidad y mantienen encuentros, principalmente en el medio rural, ya que el vecino más cercano puede que esté a 1 km. Cuando van de visita a casa de alguien o van a una fiesta se llevan sus propias cervezas, vino y comida; lo que sobra se lo llevan de vuelta a casa.
  12. No les da vergüenza reconocer que acabaron con los aborígenes. «We killed them». Los que perviven en ciudades han quedado reducidos a la marginalidad, la confunsión los lleva a las drogas y al alcohol.
  13. Hay muchísimos asiáticos. Esto unido al hecho de la descendencia británica, holandesa, irlandesa, etc de los colonizadores europeos ha creado una interesante mezcolanza, que en la cocina siempre resulta familiar y exótica al mismo tiempo.
  14. Se enfrentan a «problemas» de inmigración, tienen sus propias pateras. Miles de asiáticos, afganos o indios tratan de llegar al país por el norte desde Indonesia. Muchos quedan también en el camino.
  15. No sé si se puede considerar una similutud con España, pero nos llamó la atención los trabajadores en la calle: en España encontramos a uno trabajando y a 5 mirando, eso en Australia no pasa, hay 6 mirando.

SURFEANDO AUSTRALIA

LLegamos al Aeropuerto de Melburne bastante cansados, algo confundidos por el jet lag, y … ya sabéis lo que pasó: perdimos el equipo de fotos. No quiero volver a contar la historia, ni revivirla, ni menear más la mierda, pero es que la tragedia condicionó muy mucho nuestras primeras semanas en Australia. Parecía que todo salía mal o peor. No teníamos respuesta de HelpX, las guesthouses carísimas, perdiendo torneos de póker, experiencias couchsurfing desastrosas… y tristes, llenos de ira, de nostalgia y de esperanza, recorrimos las calles de Melburne intentando no pensar ni hablar de lo mal que nos iban las cosas. Se sintió y se supo que Melburne es una ciudad especial, pero no se disfrutó  en absoluto.

Entonces obtuvimos nuestra primera experiencia HelpX, y luego otra y otra. Y así pasamos casi todo el tiempo en Australia, exceptuando unos días de viaje que compartimos con Sebastian y Carolina en su autocaravana, y unos días que gastamos en Sidney, donde nos encontramos con Stef, que estuviera en casa años atrás.

Warren y Sheryl nos abrieron su casa y sus corazones, y nos dieron una primera experiencia HelpX alucinante. Con ellos nos dimos cuenta de que la vida continúa, de que el viaje continúa, y nos quedaban experiencias maravillosas y no tan maravillosas por venir. Poco trabajo tuvimos que hacer en su casa: weeding, un poquito de pintura, un poquito de esto y otro poquito de aquello. Luego a disfrutar de la compañía, de las conversaciones llevadas por el vino, de las clases de póker a Harry, de las siestas… ¡Beautiful!

Y surfeamos Tess y Grahan’s place. Esta pareja vive en mitad de la nada, en una especie de resort. Es un sitio muy chulo, con clientes estupendos y trabajos gratos. El desayuno, el tea time de por la mañana, el almuerzo, el tea time de por la tarde y las cenas, además de para degustar las comidas más exquisitas, eran una excusa para divagar en conversaciones filosóficas, metafóricas, y muy muy divertidas. Apenas recién llegados el primo hermano de Cocodrilo Dundee ya nos decía:
No restrictions. There is no restriction here, you can go wherever you want, you can take whatever you want. No restrictions.
Una semana después, ellos se tenían que marchar a una reunión  familiar en Melbourne. Nos ofrecieron quedarnos en Payne’s Hut. La idea nos tentó, estábamos realmente bien allí, pero nos dió miedo quedarnos a cargo de lo que era el sueño de aquella beautiful pareja.

Tomamos la decisión de irnos a Buchan, a la backpacker de Dick. Y como fué una decisión tomada a partir del miedo, el resultado fué nada más que regular. Nos tocó limpiar lo que no se había limpiado en años. Dormíamos en literas, en habitaciones de 20 literas, aunque siempre solos, la clientela brillaba por su ausencia. Nos vimos obligados a comer la misma pasta con la misma salsa cinco días seguidos para almorzar y cenar. Deseábamos irnos, pero como era un pueblucho de tan solo 150 habitantes no había autobuses en una semana, así que nos preparábamos para hacer dedo. Gracias al facebook contactamos con Sebastian & family (nuestros couchsurfers en Varsovia) y vinieron a rescatarnos. Pero no todo fué malo allí, entre otras cosas, tuvimos nuestro primer contacto de cerca con canguros. ¡Beautiful!

Cuando llegamos a casa de Wiky no sabíamos que íbamos a surfear todo el valle de Webbscreek y todo el valle de McDonald, y es que por aquí nos han utilizado a su antojo, llevándonos de aquí para allá, de casa de uno a casa de otro.  Ha sido casi un mes y medio en el que hemos profundizado en el bush australiano, conociendo gentes alucinantes, bebiendo agua de lluvia, cagando en báteres de compost, recogiendo sobre la marcha las verduras que íbamos a comer, montando a caballo, conviviendo con arañas, serpientes, lagartos, possums, wallabies, antechinus y todo tipo de fauna salvaje. Hemos talado árboles, arreglado tejados y caminos, reparado jaulas de pollos y toda clase de curros que os podáis imaginar. Hemos reído muchísimo, hemos conversado sobre los temas más profundos y sobre los más banales, hemos ido a fiestas y nos han echado, hemos conducido por la izquierda, fumado marihuna… y todo eso nos ha hecho muy muy felices. Pero…

…Pero el fantasma de la cámara continuaba levitando por nuestras mentes.

¿Por qué la perdimos? … y ¿para qué ?.

El porqué está clarísimo: aquí, mi compañera y yo tuvimos exactamente el mismo despiste, exactamente en el mismo instante, el que bastó para «perderlo todo».

Y…¿para qué?

Estuvimos más de dos meses viviendo sin vivir en nosotros porque no éramos capaces de encontrar la respuesta. En cada lugar al que llegábamos, a cada persona que conocíamos le contábamos la misma película, un poco para desahogarnos, y otro poco con la esperanza de encontrar a alguien que nos diese una razón que justificara el desastre.

Llegábamos al final de nuestro paso por Australia y nos marchamos a casa de René. Él estaba interesado en la realización de un vídeo y nosotros nos interesamos mucho por su trabajo como terapeuta. El trato era que él mediría las energías de nuestros cuerpos y yo le daría algunos tips para la producción de un vídeo. Al final le hice el vídeo al estilo compradre. Nunca jamás, en catorce años de profesión, he visto a nadie tan contento por un trabajo. Lo podeis ver aquí.

Pero, sin avisar y de improviso, nuestra última noche en Australia resultó mágica. Conocimos a Sylviane. ¡Qué mujer más increíble!. Ella fué capaz de darnos la respuesta que tanto habíamos buscado, pero ésa nos la reservamos para nosotros. Nos abrió los ojos, y ahora lo veíamos todo desde una nueva perspectiva. Ahora estábamos preparados para aceptar el ofrecimiento que nos habían hecho anteriormente para comprar la cámara y habíamos rechazado. A veces resulta increíble como pueden cambiar las cosas en un sólo instante: lo ves todo envuelto en tinieblas, parpadeas y… ¡plaf!. Todo es ahora luz.

Amigos, nos vemos en las Américas.

SURFEANDO MALASIA Y SINGAPUR

Hablar de nuestro paso por Malasia y Singapur, sabiendo que no tenemos fotos para ilustrarlo, se me hace muy, pero que muy cuesta arriba. Pero no podemos abandonar este proyecto, no podemos dejar de contar nuestro viaje ahora, de modo que trataremos de describir aquellas fotografías que guardamos en nuestra retina, y que allí estarán para siempre.

Entramos a Malasia caminando. Nadie cruzaba la frontera en esos momentos, de modo que todo resultó muy rápido y sencillo. En apenas unos metros, pasamos de un país budista a uno musulmán; otra vez cambiabamos el idioma, la moneda, la cultura. Después de más de dos meses en nuestra amada Tailandia recuperamos el espíritu viajero, la emoción por descubrir nuevas cosas, nuevas comidas,  nuevas gentes.

La primera parada era Kota Barhu. No es una ciudad especialmente interesante, pero nos enamoramos de sus mercados. Apenas te aproximas te invaden mil y un olores: frutas, verduras, carnes, especias, comidas…; todos se mezclan en un intenso cóctel que cambia de matiz a cada momento. En el centro, el mercado se abre en una hermosa plaza interior de forma octogonal y las paredes están pintadas de intensos colores desde la planta baja hasta el cuarto piso. Los puestos están perfectamente organizados en hileras, son tarimas de un metro de alto donde exponen verduras, especias, carnes, pescados, dulces… Las mujeres, con sus pañuelos en la cabeza, se sientan en medio del género, ordenando o preparando constantemente bolsitas y frascos que previamente alguien les ha encargado.

Como en casi todos los mercados del Sudeste Asiático, en éste también se puede comer, en el primer piso se encuentran todos los restaurantes. Normalmente, la comida está ya preparada y la exponen en bandejas para que tu elijas entre lo que mejor pinta tenga. El laksa (sopa de pescado picante) es uno de los más famosos platos de por allí, y siempre hay bandejas con pollo y pescado cocinado de diferentes formas, y con diferentes salsas, que se sirven con un buen puñado de arroz blanco. Si pides más pagas más, si pides menos pagas menos.

También pasamos por Kuala Terengganu. Es una ciudad ya más grande, con más cositas. Lo más es la Mezquita de Cristal; es una construcción moderna, las paredes son de cristales o espejos y los techos son negros. Está edificada casi sobre el agua en una pequeña isla en la bahía, y aunque no es especialmente grande, resulta espectacular y de una belleza bastante intensa. En la misma isla está el “Taman Tamandu Islam”; es un parque en el que se encuentran reproducidos a escala, los veintitantos edificios más importantes del Islam en el mundo, como la Mezquita de la Roca, el Taj Mahal o la Alhambra. Entramos por eso, por ver la reproducción de la Alhambra, y porque todo el mundo lo pone como imprescindible. A nosotros, la verdad, nos gustó poco o nada; y la Alhambra… bueno… sí… se parecía un poco, pero lo más llamativo era el Palacio de Carlos V,  que no es precisamente musulmán.

Pasear por el barrio chino de Terengganu está muy bien; es básicamente una calle principal llena de comercios y restaurantes, atravesada por numerosos callejones de metro y medio de ancho. Todos ellos son especiales por algo: uno por estar pintado de graffitis, otro por tener un “techo” de paraguas de colores, otro por tener una valla con candados y mensajes de amor en las paredes (nosotros dejamos el nuestro), otro dedicado a las tortugas, con baldosines formando cuentos… Por las noches, en el paseo de la desembocadura del río se montan miles de puestos de todo lo imaginable, desde comida a ropa de segunda mano, los árboles lucen con diferentes colores y es bastante mágico.

No fuimos a las playas de Terengganu por dos razones: una es que estaban esperando el monzón y, por lo tanto, todo estaba cerrado, la otra es que veníamos de pasar unos días en las Perhentians.

Estuvimos en «Kecil», o lo que es igual, la pequeña, la de los mochileros, la barata, porque la grande está llena de resorts. Perhentian Kecil es brutalmente hermosa, las aguas son cálidas y cristalinas, absolutamente transparentes y llenas de pececillos, las arenas blancas y finas, el interior es salvaje, selva donde, como diría mi suegro, no cabe más verde. No llega la red eléctrica, de modo que los sitios tienen sus propios generadores; en las guesthouses no hay luz durante el día, sólo por la noche, y eso está bien, es mágico, y le suma puntos a la isla en su carácter paradisíaco, porque la verdad es que aquello es un auténtico paraíso. El problema es que llegamos fuera de tiempo, apenas quedaba nada abierto. Nosotros queríamos hacer un poquito de buceo porque es baratísimo, pero nos tuvimos que contentar con hacer snorkeling. ¿Contentar?… ¡Qué pasada!… ¡Qué experiencia!. Buceamos junto a tortugas, mil peces de mil colores, tiburones… y además, de eso sí tenemos fotos.

Nos fuímos de Terengganu a toda prisa para llegar a tiempo a la fiesta de cumpleaños de Patrick en Singapur. Una fuerte insolación me llevó todo el viaje con fiebre, y al mismo tiempo asustado, por si no me dejaban entrar al país pensando que fuese un infectado de Ébola.

Muy cansados, fiebrosos y con diarrea nos encontramos con problemas en la frontera. Primero, nos llevaron a las oficinas de inmigración porque es la segunda vez que visitábamos Singapur y en el pasaporte, al ser nuevo, no constaba el sello de entrada o salida, de modo que ‘pa dentro’, ‘pa la oficina’ a ser interrogados.

«¿Por qué habéis venido?. ¿Cuánto tiempo vais a estar aquí?. ¿ A qué te dedicas?. ¿Teneis problemas con el dinero?….»

Pasado el trance, llegamos al control de equipaje, donde me descubrieron el montón de tabaco que había comprado en Tailandia. Otra vez ‘pa dentro’: registro en profundidad de mochilas, charla del policía de turno explicando que para entrar con MI tabaco tenía que pagar unas tasas de mas de 100$. La fiebre no me dejaba pensar, el cansancio me tenía muerto, con todo fuí capaz de decir que tiraran el tabaco delante de mí a la papelera porque no se lo iba a fumar nadie a mi costa. No me dieron ni el paquete que llevaba abierto.

Llegamos a casa de Pat a tiempo para la fiesta, pero la fiebre no bajaba, me la pasé durmiendo en el sofá, mientras, a ratos, oía como se lo pasaban pipa.

Durante nuestra estancia en Singapur salíamos de la casa sólo para comer. No nos gusta Singapur.

Decidimos irnos para Australia en avión, lo de los barcos es demasiado difícil y requiere demasiado tiempo: o gastar el dinero en comer y dormir durante días (o semanas) para viajar gratis, o gastar el dinero en un billete de avión y llegar yá.

Nos fuimos a Melbourne.

SURFEANDO TAILANDIA (Primera ola)

No sé si he venido a este país tres veces porque me gusta mucho, o si me gusta mucho porque he venido tres veces, la cuestión es que soy un enamorado de Tailandia.

En esta ocasión tocó entrar por el noreste, cruzando la frontera con Laos. El destino era Kanchanaburi, pero disponíamos de tiempo suficiente para explorar un poquito la Tailandia menos turisteada y disfrutar unos diítas en alguna de sus increíbles playas antes de recluirnos en el Templo del Tigre.

Hemos parado en Ubon Ratchatani, Buriram, Phi Mai, Bangkok y Hua Hin antes de llegar a nuestro destino. Hemos conocido funcionarios, granjeros, masajistas, prostitutas y empresarios, que nos han ayudado a conocer mucho más profundamente la cultura de este país que, por cierto, ahora está tomado por los militares. Las diferencias entre la derecha y la izquierda políticas son brutales, los altercados se venían sucediendo cada vez con más frecuencia en una incansable lucha por el poder. La corrupción es de proporciones magnas y el ejército tomó el poder, por un periodo no superior a un año, dicen ellos, pero nadie les cree. Nadie habla del asunto, ahora nadie quiere tomar partido en política, pero todos quieren que vuelva la democracia.

Pero no os creáis que esto está muy cambiado, apenas se nota, no se ven militares por la calle, ni la presencia policial es «sospechosa», aunque, para mi desgracia, sí han puesto límites a los horarios nocturnos, los bares cierran antes y el ajetreo que antes había de madrugada ya no existe. De hecho, he tenido que salir corriendo en un par de ocasiones para no tener problemas con la policía, nada grave, pero impensable antes del golpe de estado.

A pesar de todo, las gentes de este país son extraordinarias, quizá es por su condición de budistas, o simplemente por su cultura milenaria, porque nunca han sido colonizados, y eso se nota. Siempre tratan de ayudarnos cuando nos ven perdidos, siempre se interesan por nosotros y tratan de hacernos sentir bien. Hay gilipollas, como en todas partes, pero os aseguro que por aquí están menos generalizados que en España. Nadie se mete en la vida de nadie, no les importa demasiado a qué te dediques, o con quién folles, les da igual que adores a un dios o a otro, o a ninguno, si tienes más o menos dinero les es indiferente, y mucho más en qué te lo gastes. Cuando miran a una persona ven a una persona, y todo lo que acabo de decir es secundario para ellos, por eso nos gustan. Ojo, muchos son pobres, muy pobres, y nosotros, los occidentales, somos su única esperanza de obtener algunas pelas para comer, es fácil entender que eleven los precios para («timar» ) a los turistas tanto como puedan.

En Ubon no hicimos nada interesante, no es una ciudad muy atractiva, y aprovechamos casi todo el tiempo para buscar couchsurfers en el camino a nuestro destino, playas interesantes que no se desviasen demasiado del trayecto, aprender cuatro palabrejas de Thai, y buscarnos la vida para viajar barato. Hay trenes gratis para los locales y con precios casi simbólicos para los turistas (a veces unos cuantos céntimos); son viejos, lentos, paran en cada estación y no tienen aire acondicionado, sin embargo para nosotros tienen un saborcito muy especial. Apenas encuentras extranjeros y los locales que viajan en ellos son gente humilde y muy auténtica: los niños se acercan a jugar con nosotros, y un vecino de asiento nos sorprende cuando compra galletas de piña y nos las regala, nos avisan cuando hay algo interesante al otro lado de las ventanas (monos por ejemplo), nos cuentan a dónde van y nos preguntan a dónde vamos.

En el tren
En el tren.
¡Que peste!...
¡Qué peste!…

En Buriram estuvimos unos días con Mary y su madre. Fuímos a clase de yoga, al funeral de un pariente (toda una experiencia), a comer a los mejores sitios, al nuevo mercado y al de toda la vida, paseamos por la ciudad y visitamos las ruinas de Phanom Rung National Park.

A casa de Supaporn llegamos después de un tren, dos autobuses y la pickup de un granjero; y es que esta mujer de 70 años nos dió alojamiento en mitad de ninguna parte. Con ella cocinamos, charlamos largo y tendido, y fuímos de compras a la ciudad, lo que implicaba ocho kilómetros en bici hasta la parada del autobús, para ello hicimos acopio de bicis entre sus familiares. Y allí estaban las bicis a la vuelta, sin un sólo candado, y es que en Tailandia no parece que el personal sea amigo de lo ajeno.

Y en tren llegamos a Bangkok. Una extraña sensación nos invadió cuando llegamos a una estación de tren conocida y llena de recuerdos felices. Además nos alojamos en la misma guesthouse de Khao San en la que estuviéramos dos años atrás.
Había llegado el momento de deshacerse, ¡por fin!, de la ropa de invierno que cargamos desde los inicios del viaje. Dejamos algo en las mochilas, por si las moscas, pero enviamos un paquete de ocho kilos a España. ¡Ocho kilos!.
En Bangkok asistiríamos a nuestra primera fiesta de couchsurfers, convocada por un polaco, en la super terraza de un hotel de lujo, donde no pudimos beber ni agua porque los precios eran también de lujo. Nos acompañaron nuestros amigos de Cap Pressa, una parejita de Barna que andan viajando por Asia en bici. Allí conocimos a Bay, un tailandés con quien pasaríamos la velada y cuyas recomendaciones nos llevaron a nuestro siguiente destino: Hua Hin.

Hua Hin es una ciudad costera, no masificada por turistas, pequeña, barata y con una playa bastante aceptable. Nos esperaban unos días de completo relax, comiendo, durmiendo y… comiendo y durmiendo. La guesthouse estaba casi a pie de playa, en el centro del meollo, por lo que al caer la noche yo podía ir caminando a tomar una cerveza sin miedo a perderme. Tuve la suerte de conocer a Tian, una masajista thai con la que forjé una estrecha amistad en muy poco tiempo. No penséis mal, entre nosotros no hubo sexo, ni dinero, sólo unas cuantas partidas de billar, unos cuantos bailes, y unas cuantas horas de conversación que han servido para que vea a las «chicas» de Tailandia desde un prisma mucho más cercano a la realidad.

Ahora estamos en Kanchanaburi, a pocas horas de enclaustrarnos en el Templo del Tigre, a pocas horas de pasar un mes completo sin fumar, sin berber, sin follar y sin cenar. Y es que me he propuesto pasar este mes como un auténtico monje budista, a fin de cuentas es sólo un mes, y no hay mejor manera de entender algo que experimentándolo de lleno.

TRANSIBERIANO MOSCÚ-IRKUTSK

«Aprovechad los viajes en tren por la noche, así se gana un día» es lo que se dice siempre, pero no es del todo verdad, porque llegas reventado y sin ganas de nada, sólo de ducha, de comer y de dormir, porque en el tren, lo que se dice dormir, se duerme poco y malamente, especialmente cuando apenas estás tomando contacto con el mismísimo Transiberiano y la excitación del momento te puede.

Así llegamos a Kazán, cansados, hambrientos y sin apenas dormir. De modo que nos fuimos a casa de nuestros anfitriones “to take a rest”. La hospitalidad con la que nos trataron Masha y Dmitry superó todas nuestras expectativas, si vamos a visitar a algún familiar, no nos podrá tratar mejor de lo que esta pareja lo hizo con nosotros. Mención especial a Dmitry, que sin hablar inglés conseguía comunicarse con nosotros de maravilla; es increíble, pero incluso consiguió que mi abstemia y casi vegetariana compañera bebiese licores y comiese carne de caballo. ¡Grandes de verdad!.

Kazán es la capital de la república de Tartariztán, hablan ruso y tártaro, y como ciudad no tiene mucho que ofrecer: su Kremlim, sus iglesias, su calle peatonal y algún parque, nada que no se pueda encontrar en cualquier ciudad rusa. Destacar la visita que hicimos a un edificio inacabado que construía un viejo “no tan loco” con la ayuda de toxicómanos y alcohólicos a los que ayudaba a rehabilitarse, un proyecto digno de anuncio de Aquarius; pero el viejo murió, la obra está parada y el proyecto muerto. Ojalá y álguien continúe este maravilloso sueño.

Pero la magia llegó cuando veinte minutos después, contra todo pronóstico y de la mano de nuestros anfitriones, vimos cumplido uno de nuestros sueños:

A Ekaterinburgo llegamos, al igual que a Kazán, cansados, hambrientos y con sueño, después de una noche de Transiberiano; y de esta guisa nos fuimos al que era nuestro único objetivo: pisar la frontera entre Europa y Asia.

Tuvimos que recorrer media Rusia para que bebiera mis primeros vodkas, y es que ya no soy el que era… Nuestras conversaciones con Iván sirvieron para que escribiese un artículo para su periódico, el internacionalmente conocido METRO.

La noche de nuestra partida, de nuevo en tren, se convirtió en una auténtica pesadilla, después de haber revisado una y mil veces el ticket llegamos con dos horas de retraso a la estación,  ¡porque lo que miramos una y mil veces no era la hora de partida sino el día de llegada a Irkutsk!, ¡el 22 del 4! Perdimos el tren, FUCK!. No sé lo que hubiese pasado si Iván no nos hubiese acompañado, porque yo solo no hubiera podido controlar a Alma y al mismo tiempo desarrollar un lenguaje de signos en ruso. Volvimos a comprar otros billetes para el día siguiente. Cuando escribo estas líneas, ya nos han devuelto una buena parte del importe de los tickets del tren perdido, aunque el despiste nos ha costado 60 eurazos. Pero no hay mal que por bien no venga, y el día extra pudimos asistir a la «procesión» del Domingo de Resurrección.

El tercer golpe de Transiberiano ya era más serio, tres noches y dos días y pico dentro del vagón. Puede parecer bastante claustrofóbico, pero bien aprovisionados como estábamos de té, comida, libros y alguna peli, lo llevamos bastante bien.

Y llegamos a Irkutsk, esta vez, sobre todo, con ganas de ducha. Nos esperaba en la estación Irina.

Nuestro paso por la ciudad fue un poco de locos:  arreglar la visa a Mongolia, mucho turismo culinario, ya sea en casa o en el exterior, y paso por quirófano para extracción de uña.  Mi compañera traía una infección en una herida causada hace tiempo, y como aquello empezaba a oler malamente acudimos a urgencias. Por cierto, no nos ha costado ni una perra, bendita seguridad social universal y gratuita, me invaden recuerdos tristes de España…

Hicimos una visita al lago Baikal, el tiempo suficiente para degustar la gastronomía típica y darme un chapuzón en sus requetefriísimas aguas (no digo congeladas porque no lo estaban, aunque aún se podían ver bloques de hielo); la cosa es que el mal rato, según la tradición, me ha supuesto diez años más de vida.

Por la noche hicimos una mini-fiesta en casa: bebimos cerveza artesana y nos acostamos tarde, de modo que al día siguiente descansamos, o dormimos la mona.

Nos esperaba un loco y largo viaje a Ulan Bator, pero eso será otra entrada.

En ésta sólo me queda dar las gracias a Irina, a Kirill y a Sacha por todo lo que nos dieron, con ellos se quedó un trocito de nuestro corazón.

SURFEANDO SAN PETERSBURGO

¡Y llegamos a San Petersburgo!.

Esta ciudad es probablemente el primer destino soñado de nuestra aventura, donde poner en práctica el poquísimo ruso que fui capaz de aprender antes de la partida. ¡Y menos mal que lo aprendí!. Leer cirílico lleva su tiempo, pero soy capaz de descifrar los nombres de las estaciones de metro, los precios de un café con leche o un capuchino; tengo capacidad para elegir entre un shawarma o una ensalada, puedo pedir los tickets de metro en la ventanilla, y lo más importante, puedo decir «No le entiendo, no hablo ruso» a todas horas; es bastante divertido.

Quisiera encontrar un calificativo para esta ciudad, llevo un rato delante del ordenador sin encontrar la palabra adecuada, y mira por donde, me viene una en ruso: «вкусный» (se dice Kusna), y viene a ser algo así como «delicioso». ¡San Petersburgo es deliciosa!. Nos encanta.

Nos encantan los edificios del centro. Son todos antiguos palacios de la aristocracia rusa, hoy, casi todos, convertidos en museos o administraciones, según el caso.

Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Plaza del Palacio.
Plaza del Palacio.
San Petersburgo-32
Ribera del río Neva.
Palacio de Petergoh.
Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de Peterhog.
Interior del Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de los principes Yusupov.
Interior del Palacio de los príncipes Yusupov.

Nos encantan los barrios periféricos, con modernos edificios occidentales o antiguos de los «Soviet times», según el caso.

San Petersburgo-85 San Petersburgo-155 San Petersburgo-153

Nos encantan los ríos que la cruzan, los grandes como mares o los pequeños como canales, según el caso. También nos encantan los puentes que los cruzan.

San Petersburgo-27 San Petersburgo-37 San Petersburgo-138 San Petersburgo-147

Nos encantan las iglesias, ortodoxas, luteranas o católicas, según el caso. Y por supuesto, las catedrales.

Catedral de la Virgen de Kazán.
Catedral de la Virgen de Kazán.
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la  Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los "soviet times" los comunistas tenían aquí montada una piscina)
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los «soviet times» los comunistas tenían aquí montada una piscina)
Catedral de Peterhof.
Preparando un pícnic frente a la Catedral de Peterhof.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan los parques, grandes como bosques o pequeños como jardines, según el caso.

San Petersburgo-39 San Petersburgo-75 San Petersburgo-82

Nos encantan los monumentos que hay salpicados por toda la ciudad, de los que sabemos el significado y a quién representan o de los que no tenemos ni idea, según el caso.

La columna de Alejandro.
La columna de Alejandro.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Pedro el Grande.
Pedro el Grande.
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).

Nos encanta la gente por la calle, jóvenes, viejitas o borrachos, según el caso.

San Petersburgo-74 San Petersburgo-78 San Petersburgo-80 San Petersburgo-149

Rusos al sol en el embarcadero del Fuerte de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan las estaciones de metro, las de la línea 1 o las de otras líneas, según el caso.

San Petersburgo-12 San Petersburgo-61 San Petersburgo-66 San Petersburgo-67 San Petersburgo-60 San Petersburgo-151

Y por supuesto, y como siempre, lo que más nos ha encantado ha sido las personas con las que hemos convivido, sean familias completas con modernos apartamentos o solteros compartiendo pisos antiguos, según el caso.

San Petersburgo-1 San Petersburgo-6 San Petersburgo-108 San Petersburgo-111

Tatyana haciendo pancakes para desayunar.
Surfeando el sofá de Serge y familia.
Surfeando el sofá de Serge y familia.

No nos gustan los escupitajos en la calle, en ningún caso.