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SURFEANDO HONG KONG Y MACAO

Lo primero que llama la atención de Hong Kong, al menos al llegar por tierra, es lo fácil que resulta: te subes en un metro en China y en apenas cinco minutos te bajas en HK.  Hay que cruzar una frontera, sí, pero resulta increíblemente sencillo, rellenas el papelito de marras, enseñas el pasaporte y listo, tres meses de permiso sin pagar ni un duro.

Lo segundo que llama la atención es que con el inglés te manejas de maravilla, casi todo el mundo lo habla, aunque sea con poco nivel y acento chino cantonés; después de pasarlas putas en China os garantizo que es gloria bendita.

Íbamos en metro dirección al barrio de Wan Chai a buscar un hostel baratito, pero en las estaciones hay wifi gratis, y esto es lo tercero que nos llamó la atención, además la calidad de la wifi es más que aceptable, así que checkeamos el mail en busca de la respuesta tardía de algún couchsurfer, pero no había, de modo que nos pusimos a buscar una guesthouse online. Descubrimos que en HK todas están en el mismo lugar, un edificio de 29 plantas con cinco bloques, la Chungking Mansions. En cada planta de cada bloque puedes encontrar como seis hostels, casi todos  ellos regentados por indios o turcos que ya te acosan a la entrada ofreciendo camas. Al principio choca un poco, casi diría que dan mal rollo, pero enseguida te acostumbras a ellos. En mi caso ellos también se acostumbraron a mí, el segundo día ya era conocido como el español o pokerman. El tercero ya no me ofrecían ni cama, ni hachís, ni marihuana, ni chicas, ni coaina; me ofrecían cigarros y nos reíamos juntos en la puerta. Y es que la Chungking Mansions es lo cuarto que nos llamó la atención, hay que visitarla si vas a HK, los bajos están llenos de tiendas de todo tipo y restaurantes indios y turcos, con precios muy razonables y en algunos casos exquisitos paladares.

Nos fuimos a la playa a pasar el día, aunque nos fuimos ya bastante entrado el medio día y, entre pitos y flautas, llegamos a última hora de la tarde a una playa bastante fea, pequeña y, sobre todo, atestada. Me río de Benidorm en agosto. En el autobús encontré un iPhone, nos las averiguamos para contactar con el dueño y devolvérselo al día siguiente. Nos querían dar un dinerillo como recompensa. Os podréis imaginar que no lo aceptamos, ¡sólo estamos devolviendo un móvil que no es nuestro, coño!.  Durante la charla y los agradecimientos nos interesamos por saber como se ganaba la vida por aquellos lares una Americana, y en un abrir y cerrar de ojos Alma tenía una entrevista de trabajo para dentro de dos días. ¿Os lo podéis creer?, nos salió, le salió a Alma trabajo en HK. Se desestimó por ser para un año como mínimo.

Visitamos al proctólogo en una clínica privada. No os daré detalles porque supongo, espero y deseo que si pasais por HK no lo visitéis nunca. Muy amablemente el hombre nos explicó el problema y la solución: nos animó a operarnos, pero endemientras nos mandó algunos medicamentos y pomadas. La consulta ascendió a 100€ y la operación rondaba los 3.000€, cosa que nos anima a continuar con los remedios caseros.

Cuando llegamos a HK nos embriagamos de ella, pero al poco resulta aburrida. Por muy suntuosos, lujosos, hiper-megagrandes, y postmodernos que sean sus edificios y centros comerciales (los hay por decenas), nos aburren; aunque hay que decir que lo quinto que nos llamó la atención es que puedes cruzar varias cuadras sin pisar la calle, y es que entre centro comercial y centro comercial hay pasadizos, a veces subterráneos y a veces volados, y casi siempre con aire acondicionado. Es cierto que las vistas de la bahía son espectaculares, especialmente por la noche, es lo sexto que nos llamó la atención; aunque el espectáculo de luz y sonido que ofrecen cada noche a las ocho en punto es bastante pobre, cosa que me llamó extraordinariamente la atención, esperaba mucho más. Poco más de esta ciudad: pelín aburrida, demasiado calurosa y sensiblemente cara para lo que estamos acostumbrados. Así que nos fuímos a Macao.

En la antigua colonia portuguesa lo primero que llama la atención son los indicadores y letreros, están en chino y en portugués, o lo que es igual, ¡en cristiano!.

La ciudad no da para mucho más de un par de días. Un día para pasear por el casco antiguo, visitar los barrios coloniales y las ruinas de San Pablo, de las que, por cierto, sólo queda el frontal de la fachada. La verdad, siendo españoles como somos y teniendo lo que tenemos en España, no resulta demasiado espectacular, aunque lo chinos lo flipan, y se puede entender.

Y otro día para visitar alguno de los muchísimos casinos que hay. Super hoteles rodeados del más hortera de los lujos y mega casinos llenos de chinos jugando al Baccará como locos. Nosotros visitamos los que tenian poker room y el famoso “Venetian” (el edificio más grande de Asia y tercero más grande del mundo). Me inscribí en un torneo en el casino del complejo “The city of Dreams” en el PokerStars Live, y aunque una mala jugada me sacó del torneo en la burbuja (esto es justo antes de conseguir premios), fué muy enriquecedor jugar con chinos y americanos. Y me llena de orgullo los elogios a mi juego por parte de los que consideré muy buenos jugadores de poker. Otra vez será.

 

Nos volvemos a China, con los problemas hemorroidales al menos “dormidos” de momento, y con muchas ganas de disfrutar un poquito del país.

 

 

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