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SURFEANDO COSTA RICA

Nuestro paso por Costa Rica estuvo marcado por el “fuera de temporada” y la lluvia, así que fué un visto y no visto.

Llegábamos al país más caro de toda Centroamérica, y la diferencia era visible en el estilo de vida: los coches son últimos modelos, ya no hay lunas rotas en el parabrisas, las calles presentan una limpieza más decente, las tiendas lucen escaparates, un elemento que ya casi ni recordábamos, el transporte público es eficiente, el sistema educativo es bastante aceptable, el ejército inexistente y la policía insobornable. Allá por el año  1948, el presidente de Costa Rica abolió el ejército, ante el temor de un golpe de estado. Esto ha permitido que dicha inversión sea destinada a gastos en educación y los estudiantes de toda Costa Rica reciben mensulamente 60 dólares, lo que marca la diferencia con el resto de países de la zona. Pero, para nuestra sorpresa, la “fecundación in vitro” sigue siendo ilegal a día de hoy.

Allí todos son “mae“, y “pura vida” es la frase. Y todos desayunan “gallo pinto”.

Apenas llevábamos un par de horas en San José cuando me fuí con Gérrard, nuestro couchsurfer, a tomar un algo, uno de esos algos resultó ser el tan apreciado  chiliguaro. El mae se las averigüó para que otros maes nos invitasen a un “garito barra libre”. Imagínense. “Pura vida”, sin lugar a dudas. Los detalles de la farra no importan. Lo importante es lo bién que lo pasamos toda la noche. Y lo mal que me tocó pasar el final de la fiesta.

Volvíamos a casa de amanecida, cuando en una esquina cualquiera nos paró la policía.

-¿Dónde está el puro?, ¿eh?. ¿A eso vienes a Costa Rica, a fumar marihuana?. ¿Dónde la escondiste?, ¿la botaste?…

-¿Qué puro?… ¿Qué marihuana?,- contestaba yo.

Llovía bastante; la inmensa borrachera no me dajaba pensar con claridad; no tenía el pasaporte encima y eso no ayudó en absoluto. Mientras la situación se ponía más y más tensa, yo me acordaba de mi compañera, durmiendo apaciblemente. ¡Joder con las experiencias viajeras!.

Yo negaba y ellos afirmaban que habían visto la maría. Y yo que no, y ellos que sí. Decidí entonces sacar mi mejor oratoria:

Que si soy super buena persona. Que si viajo con mi mujer por el mundo. Que si reconozco que bebí mucho. Que si no hago daño a nadie…  Que pa’rriba, que pa’bajo. Y cuando creía que ya los tenía en el bolsillo, porque me escuchaban en silencio, uno de ellos dijo:

-¡Ya!. ¡Cállate!.

Me callé. Y pasé no sé cuantas eternidades desorientado, en silencio bajo la lluvia, sin saber qué coño estaba pasando. Entonces me subieron a un furgón blindado y fuímos directos a comisaría. Allí me ví, tratado como delincuente, pero sin pruebas. No fueron amables, pero no me sentí especialmente agredido. Pasé el rato sentado en un banco  con lo mejorcito de San José. Y volvieron a registrarme; esta vez pantalones y calzoncillos a los tobillos y bailecito para que caiga lo que sea, pero nada cayó. Estaban enfadadísimos, no encontraban el dichoso porro que decían haber visto.

– ¿Te lo comiste?. ¿Te lo comiste?.

Para ese entonces yo ya me reía. Mi preocupación era Alma; seguro que Gérrard había vuelto a casa y le había contado…¡Uf!, ¡eso sí que da miedo!.

Finalmente todo quedó en un interrogatorio y unas cuantas fotos de frente y de perfil y de cada uno de mis tatuajes. Me sacaron a empujones de la comisaría, sin dejarme siquiera hacer una llamada. No sé las horas que pasaron, pero fueron, sin lugar a dudas, de las más intensas que he vivido en estos casi dos años de viaje.

Al salir de la comisaría estaba totalmente desubicado, sin teléfono, sin dirección, sin nadie conocido, ni ná de ná; tan solo acerté a parar un taxi y pedirle que, por favor, me llevara a la taquería Fátima, la única referencia que tenía para llegar a casa, pero no quiso. Varios taxis después uno de ellos accedió.

Cuando llegué Alma no estaba en casa, estaba en San José con Gérrard, intentanto averiguar dóde me habían llevado para presentarse con mi pasaporte. Por supuesto, cuando regresó ya se estaba separando de mí, comprando el billete de vuelta a España y hasta aquí hemos llegado. Pero mi oratoria sí funcionó con ella.

Costa Rica-46 [LOW]
Con Carlos y Gérrard.

Después de un rápido paseo por San José, que realmente no ofrece mucho como ciudad, nos fuimos a Turrialba, famoso por su rafting en el río Pacuare, pero la lluvia no nos permitió hacerlo. Ni rafting, ni senderismo, ni volcanes, ni tortugas, ni ná de ná. Sólo pudimos, eso sí, disfrutar de la compañía de una preciosa pareja, Keiner y Nikole, nuestros couchsurfers.

Y así nos marchamos a Panamá, antes de lo esperado, y esperando respuesta de un helpX en la isla de Boca Brava, al otro lado de la frontera.

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