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TRANSIBERIANO MOSCÚ-IRKUTSK

“Aprovechad los viajes en tren por la noche, así se gana un día” es lo que se dice siempre, pero no es del todo verdad, porque llegas reventado y sin ganas de nada, sólo de ducha, de comer y de dormir, porque en el tren, lo que se dice dormir, se duerme poco y malamente, especialmente cuando apenas estás tomando contacto con el mismísimo Transiberiano y la excitación del momento te puede.

Así llegamos a Kazán, cansados, hambrientos y sin apenas dormir. De modo que nos fuimos a casa de nuestros anfitriones “to take a rest”. La hospitalidad con la que nos trataron Masha y Dmitry superó todas nuestras expectativas, si vamos a visitar a algún familiar, no nos podrá tratar mejor de lo que esta pareja lo hizo con nosotros. Mención especial a Dmitry, que sin hablar inglés conseguía comunicarse con nosotros de maravilla; es increíble, pero incluso consiguió que mi abstemia y casi vegetariana compañera bebiese licores y comiese carne de caballo. ¡Grandes de verdad!.

Kazán es la capital de la república de Tartariztán, hablan ruso y tártaro; y como ciudad no tiene mucho que ofrecer: su Kremlim, sus iglesias, su calle peatonal y algún parque, nada que no se pueda encontrar en cualquier ciudad rusa. Destacar la visita que hicimos a un edificio inacabado que construía un viejo “no tan loco” con la ayuda de toxicómanos y alcohólicos a los que ayudaba a rehabilitarse, un proyecto digno de anuncio de Aquarius; pero el viejo murió, la obra está parada y el proyecto muerto. Ojalá y álguien continúe este maravilloso sueño.

Pero la magia llegó cuando veinte minutos después, contra todo pronóstico y de la mano de nuestros anfitriones, vimos cumplido uno de nuestros sueños:

A Ekaterinburgo llegamos, al igual que a Kazán, cansados, hambrientos y con sueño, después de una noche de Transiberiano; y de esta guisa nos fuimos al que era nuestro único objetivo: pisar la frontera entre Europa y Asia. Tuvimos que recorrer media Rusia para que bebiera mis primeros vodkas, y es que ya no soy el que era… Nuestras conversaciones con Iván sirvieron para que escribiese un artículo para su periódico, el internacionalmente conocido METRO.

La noche de nuestra partida, de nuevo en tren, se convirtió en una auténtica pesadilla, después de haber revisado una y mil veces el ticket llegamos con dos horas de retraso a la estación,  ¡porque lo que miramos una y mil veces no era la hora de partida sino el día de llegada a Irkutsk!, ¡el 22 del 4! Perdimos el tren, FUCK!. No sé lo que hubiese pasado si Iván no nos hubiese acompañado, porque yo solo no hubiera podido controlar a Alma y al mismo tiempo desarrollar un lenguaje de signos en ruso. Volvimos a comprar otros billetes para el día siguiente. Cuando escribo estas líneas, ya nos han devuelto una buena parte del importe de los tickets del tren perdido, aunque el despiste nos ha costado 60 eurazos. Pero no hay mal que por bien no venga, y el día extra pudimos asistir a la “procesión” del Domingo de Resurrección.

El tercer golpe de Transiberiano ya era más serio, tres noches y dos días y pico dentro del vagón. Puede parecer bastante claustrofóbico, pero bien aprovisionados como estábamos de té, comida, libros y alguna peli, lo llevamos bastante bien.

Y llegamos a Irkutsk, esta vez, sobre todo, con ganas de ducha. Nos esperaba en la estación Irina. Nuestro paso por la ciudad fué un poco de locos:  arreglar la visa a Mongolia, mucho turismo culinario ya sea en casa o en el exterior, y paso por quirófano para extracción de uña.  Mi compañera traía una infección en una herida causada hace tiempo, y como aquello empezaba a oler malamente acudimos a urgencias. Por cierto, no nos ha costado ni una perra, bendita seguridad social universal y gratuita, me invaden recuerdos tristes de España…

Hicimos una visita al lago Baikal, el tiempo suficiente para degustar la gastronomía típica y darme un chapuzón en sus requetefriísimas aguas (no digo congeladas porque no lo estaban, aunque aún se podían ver bloques de hielo); la cosa es que el mal rato, según la tradición, me ha supuesto diez años más de vida.

Por la noche hicimos una mini-fiesta en casa: bebimos cerveza artesana y nos acostamos tarde, de modo que al día siguiente descansamos, o dormimos la mona.

Nos esperaba un loco y largo viaje a Ulan Bator, pero eso será otra entrada.

En ésta sólo me queda dar las gracias a Irina, a Kirill y a Sacha por todo lo que nos dieron, con ellos se quedó un trocito de nuestro corazón.

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SURFEANDO MOSCÚ

Hablar de Moscú después de haber visitado San Petersburgo es como hablar de Telepizza después de haber cenado en el Bully…

Veníamos con sólo tres objetivos turísticos: el metro, la Plaza Roja y la catedral de San Basilio. Por lo demás, Moscú era sólo el punto de partida del Transiberiano.

El metro está muy bien, si lo comparamos con el de San Petersburgo empatan. Aunque en Moscú es bastante más confuso, más caro y, lo peor de todo, no hay una sola palabra en cristiano.

La Plaza Roja es muy bonita, como su propio nombre indica, porque lo de roja no son tintes comunistas, ni sangre derramada en ninguna batalla ni nada por el estilo, es un juego de palabras en ruso, de modo que su significado literal es Plaza Bonita.

La Catedral de San Basilio está allí, al fondo de la Plaza Roja, sólo es comparable con la Catedral del Salvador de la Sangre Derramada en San Petersburgo. Por fuera, pudieramos darle un empate, pero el entorno de San Basilio es mucho más bonito, aunque por dentro pierde. La catedral está conformada por nueve iglesias distintas, son como pequñas capillitas unidas por estrechos pasillos y recovecos. Muy recomendable, pero menos espectacular que la de la Sangre Derramada.

Lo más interesante de Moscú está en la Plaza Roja y sus alrededores: iglesias, catedrales, monumentos, teatros, museos, bibliotecas y, por supuesto, El Kremlim, que no es el Kremlim de Rusia, es el de Mocú, y es que “Kremlines” hay muchos a lo largo de las repúblicas que conforman Rusia.

Y así pasamos cuatro días paseando por Moscú; a veces solicos, a veces con Alexander, nuestro anfitrión, a veces por el día y a veces por la noche, por la parte antigua y por la postmoderna, a pié y en coche. Un día, incluso, nos subimos en una noria. Si alguna vez vais a Moscú, que merece la pena, hacedlo antes que a San Petersburgo, y no dejéis de probar los “Chebureki” en un bar al estilo soviet (no fotos).

Nos despedimos de la ciudad a bordo del Transiberiano, pero eso será otra entrada…

 

SURFEANDO SAN PETERSBURGO

¡Y llegamos a San Petersburgo!.

Esta ciudad es probablemente el primer destino soñado de nuestra aventura, donde poner en práctica el poquísimo ruso que fuí capaz de aprender antes de la partida. ¡Y menos mal que lo aprendí!. Leer cirílico lleva su tiempo, pero soy capaz de descifrar los nombres de las estaciones de metro, los precios de un café con leche o un capuchino, tengo capacidad para elegir entre un shawarma o una ensalada, puedo pedir los tickets de metro en la ventanilla, y lo más importante, puedo decir “No le entiendo, no hablo ruso” a todas horas; es bastante divertido.

Quisiera encontrar un calificativo para esta ciudad, llevo un rato delante del ordenador sin encontrar la palabra adecuada, y mira por donde, me viene una en ruso: “вкусный” (se dice Kusna), y viene a ser algo así como “delicioso”. ¡San Petersburgo es deliciosa!. Nos encanta.

Nos encantan los edificios del centro, son todos antiguos palacios de la aristocracia rusa. Hoy casi todos convertidos en museos o administraciones, según el caso.

Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Plaza del Palacio.
Plaza del Palacio.
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Ribera del río Neva.
Palacio de Petergoh.
Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de Peterhog.
Interior del Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de los principes Yusupov.
Interior del Palacio de los príncipes Yusupov.

Nos encantan los barrios periféricos, con modernos edificios occidentales o antiguos de los “Soviet times”, según el caso.

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Nos encantan los ríos que la cruzan, los grandes como mares o los pequeños como canales, según el caso. También nos encantan los puentes que los cruzan.

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Nos encantan las iglesias, ortodoxas, luteranas o católicas, según el caso. Y por supuesto, las catedrales.

Catedral de la Virgen de Kazán.
Catedral de la Virgen de Kazán.
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la  Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los "soviet times" los comunistas tenían aquí montada una piscina)
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los “soviet times” los comunistas tenían aquí montada una piscina)
Catedral de Peterhof.
Preparando un pic-nic frente a la Catedral de Peterhof.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan los parques, grandes como bosques o pequeños como jardines, según el caso.

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Nos encantan los monumentos que hay salpicados por toda la ciudad, de los que sabemos el significado y a quién representan o de los que no tenemos ni idea, según el caso.

La columna de Alejandro.
La columna de Alejandro.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Pedro el Grande.
Pedro el Grande.
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).

Nos encanta la gente por la calle, jóvenes, viejitas o borrachos, según el caso.

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Rusos al sol en el embarcadero del Fuerte de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan las estaciones de metro, las de la línea 1 o las de otras líneas, según el caso.

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Y por supuesto, y como siempre, lo que más nos ha encantado ha sido las personas con las que hemos convivido, sean familias completas con modernos apartamentos o solteros compartiendo pisos antiguos, según el caso.

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Tatyana haciendo pancakes para desayunar.

 

Surfeando el sofá de Serge y familia.
Surfeando el sofá de Serge y familia.

 

No nos gustan los escupitajos en la calle, en ningún caso.

SURFEANDO LETONIA Y ESTONIA

En Riga, Letonia, paramos en casa de Edmunds, tanto es así, que casi no salimos. Un poco porque estábamos resfriados, otro poco porque estábamos realmente agusto, y otro poco, por qué no decirlo, porque somos bastante perros, y nos encanta perrear.

Edmunds es artista, en toda la extensión de la palabra, aunque lo que más hace es pintar. Desciende de familia de titiriteros, fabrica sus propios títeres y viaja ganandose la vida con performances callejeros. Hablando con él sobre nuestro proyecto de viaje, nos sugirió hacer pompas gigantes de jabón, a él no le salió del todo mal en su época de Berlín, y estuvimos practicando. Cool!

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Haciendo pompas de jabón en la oscuridad.
Vive en una antigua casa verde de madera del siglo XIX, la misma en la que vivieron su madre y su abuela,  pero como no le gusta estar solo tiene alquiladas las habitaciones, así que vive con Maija, Andris y Roberts. Los cuatro son como una familia, se llevan de maravilla, hacen vida común en la cocina (el salón lo teníamos nosotros ocupado), y estando con ellos no sentimos en ningún momento la necesidad de salir a conocer la ciudad, a fin de cuentas, lo que más nos gusta de los lugares que surfeamos son sus gentes, y estos cuatro personajes tenían tanto que aportar…

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Edmunds.
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Andris.
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Roberts.
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Maija. (desenfocada por respeto a su “please don’t take me photos”)
A pesar de las pocas ganas, del cansancio, el frío y las calenturas, el domingo salimos a dar una vueltecita por la Old Town. Lo hicimos con Edmunds y Adris, un lujo. Es mucho más interesante cuando te cuentan curiosidades, anécdotas e historias que cuando sólo ves edificios más o menos bonitos.

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Entramos al museo de la guerra, y aunque el tema viene siendo un poco repetitivo, no dejamos escapar la oportunidad.  Cuenta la historia de Letonia a través de todas las conquistas y liberaciones vividas a lo largo de los tiempos, y no son pocas. Son cinco pisos de armas, uniformes, manuscritos, mapas…,  todo transmite miedo, violencia, venganza, pobreza, tristeza, destrucción…, excepto una foto, la única que transmitía amor, esperanza, libertad…

DGM_9591 [Resolucion de Escritorio]Durante nuestra estancia en la casa verde, nos hablaron en varias ocasiones de que en la casa de los vecinos, “la blanca”, había unas palabras en español (creían) y querían saber que ponía. La noche antes de partir me acerqué con Edmunds para traducirles lo que yo esperaba sería un mensaje del tipo: “David y Belén estuvieron aquí en mil novecientos y pico”; imaginaros mi sorpresa cuando me encontré con esto:

DGM_9639 [Resolucion de Escritorio] DGM_9640 [Resolucion de Escritorio]Por la mañana temprano nos marchamos con Roberts a Tartu, Estonia. Este chico se gana la vida desarrollando una app: “WomanLog”, mientras estudia, por gusto, en la universidad. Nos ofreció, además del transporte, su sofá. Tartu es realmente pequeña y en un día da tiempo de sobra para pasearla. Esta vez fuí yo el que entró en el museo de las celdas de la KGB. Bastante más pequeño que el de Vilna,  pero aún así resulta muy sobrecogedor.

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A las 2:30 de la madrugada tomamos el bus a San Petersburgo. Rusia nos espera.

 

 

 

 

SURFEANDO LITUANIA

Dejamos Varsovia a las 23:00h con destino a Vilna, Lituania. El autobús estaba petado de españoles, creo que Erasmus, pero no entablamos conversación con ninguno de ellos, es demasiado pronto para añorar el idioma o la cultura que nos une, de modo que tratamos de dormir… sin éxito.

Salimos del autobús a la carrera, porque Robertas y Sigita salían de casa a las nueve de la mañana y a nosotros no nos apetecía nada quedarnos en la calle hasta las siete de la tarde que volvieran. Necesitábamos descansar, dormir unas horas en condiciones antes de surfear la ciudad. No fué fácil, pero lo conseguimos. El piso tenía unas vistas sensacionales y estábamos a dos pasos del centro histórico.

Disfrutando en la plaza DGM_9424 [Resolucion de Escritorio] DGM_9358 [Resolucion de Escritorio] DGM_9362 [Resolucion de Escritorio]

Vilna tiene un saborcito muy chulo, es pequeñita, tranquila y acogedora. El centro tiene más iglesias que Jerusalén, ¡es increíble!. A pesar de disfrutar de un tiempo primaveral, en su interior hace un frío que pela, y no sabemos porqué razón algunas de ellas están dejadas de la mano de Dios; en otras, por supuesto, hay vírgenes milagrosas…

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Hay un castillito coronando una loma que resulta bastante coqueto, y aunque como castillo dice bastante poco, es muy agradable pasear alrededor y las vistas son espectaculares.

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Pasear la Calle de la Literatura fué fascinante, ¡es tan hermoso disfrutar de la cultura en la calle!… ¡y es tan triste acordarse de algún ministro de nombre impronuciable en este blog!… Nos dejamos caer en el barrio de Uzupi, ¡qué maravilla!. El barrio está tomado por artistas que  exponen en las calles, se consideran una república independiente e incluso proclamaron su propia constitución. Es de esos sitios en los que no te importaría quedarte para siempre.

Calle de la Literatura.
Al fondo, calle de la Literatura.
Calle de la Literatura
Calle de la Literatura.

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Sabía que quería mi tattoo de rigor de cada país visitado, pero en esta ocasión buscaba algún nexo de unión que simbolizase el concepto del viaje. Esta vez no me conformaba con el nombre de mi eterna y amada compañera en el idioma de turno. Tampoco me apetecía demasiado parchearme de simbolismo de todas las clases, formas y colores. Entonces lo ví claro: este es un viaje “espiritual”, la búsqueda de mi propia alma, y continuamente resuena en mi cabeza una afirmación de Yogananda: “Nada temo, soy espíritu”. And that’s it… ésa es la “frase tattoo”, y en Drakono Zenklas hicieron un bonito trabajo. Ahora puedo decirlo (sin miedo) en varios idiomas.

Momento Tattoo
(Pretendo conocerme a mí mismo, y espero poder comprender la verdad de quién soy y para qué he venido a este mundo. Cada vez que reflexiono sobre este asunto, más convencido estoy de que “yo” soy mucho más que el cuerpo en el que habito, y siempre, siempre, resuena en mi cabeza esta afirmación)

Mientras yo me tatuaba, mi eterna y amada compañera disfrutó, si se puede calificar así, del Museo del Genocidio; un edificio utilizado por los Nazis primero y por la KGB después, para torturar y aniquilar “al enemigo”. No hay fotos.

Decidimos coger un bus a Trakai, un pueblito a treinta y pico kilometros de la capital. Un acierto, es una pasada, las casitas de madera, los lagos que la rodean, el castillo… resulta muy tentador y apetece quedarse unos días por allí, pero aún es pronto para dejarse llevar por el romanticismo, estamos solo de paso.

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Vivimos en casa del jefe de prensa del Parlamento Europeo en Lituania, cosa que carece de importancia, pero quiero que quede constancia de que en Couchsurfing hay gente increíble, y este cargo me pareció bastante anecdótico. Además, resulta ser un autoestopista “de pro”, forma parte de un club de autostop en el que hacen competiciones, y nos ayudaría muchísimo en nuestro viaje a Riga.

Surfeando el sofé de Robertas
Surfeando el sofé de Robertas.

Y a Riga nos fuimos en autostop. Allí nos esperaba Edmunds, nuestro anfitrión, un personaje del que hablaremos cuando os contemos como surfeamos Letonia…

SURFEANDO VARSOVIA

Es difícil hablar sobre Varsovia, especialmente cuando se escribe desde la distanca y el tiempo (ha pasado una semana y estamos en Letonia).

La primera impresión fué bastante grata, es una ciudad tranquila, limpia y muy bien cuidada. Cuando la paseamos, nos dimos cuenta de que hay como tres Varsovias:

La moderna: con rascacielos de cristal, bussines centres, buenos hoteles y cosas así…

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La comunista: fría y gris, con edificios cuadrados y ventanucos, sin ornamento, diseño o cualquier atisbo de alegría.

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La Old Town: Hermosa y sosegada, como sacada de un cuento de los hermanos Grimm.

Old Town.
Old Town.
Plaza de
Plaza de Zamkowy.
Aquí se conserva el corazón de Bach.
Aquí se conserva el corazón de Chopin.
Tumba del soldado desconocido.
Tumba del soldado desconocido.
Monumeto al soldado
Monumeto al Pequeño Insurgente.

Resulta un poco decepcionante saber que toda la ciudad fué reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial; no es que le reste belleza, pero es como visitar una réplica de lo que una vez fué una bonita ciudad.

Viejo dando de comer a las palomas.
Viejo dando de comer a las palomas.
Paseando la Old Town.
Paseando la Old Town.

Todavía existen restos de lo que fué el gueto de los judios en la guerra, se pueden encontrar salpicados por la ciudad y resultan bastante impactantes.

Puerta original del Gueto.
Puerta original del Gueto.
Cementerio judío.
Cementerio judío.
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Edificio del Gueto.
Monumento a los judíos asesinados en la guerra.
Monumento a las víctimas de la invasión soviética.

El Palacio sobre al Agua merece bastante la pena; no fué destruido en la guerra y se conserva tal y como fué construido, incluso el mobiliario de su interior es original. El Palacio está rodeado de un inmenso parque y se pueden encontrar un teatro real, el Palacio del príncipe, la casa de invitados… y, lo más importante e impactante de todo: ¡ardillas!, las hay por decenas, y se acercaban a nosotros con una naturalidad pasmosa… y es que los bichos nos ponen…

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Poco más que contaros de Varsovia, salvo, por supuesto, que nos alojó una encantadora familia de viajeros.

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SURFEANDO ALEMANIA. Berlín.

Berlín está bastante bien. Aunque no la hemos “estrujado” mucho podemos recomendarla, no tanto por el paisaje urbano o la arquitectura, para eso nos quedamos con Leipzig, pero sí es cierto que es una ciudad llena de vida y posibilidades.

Paseando barrios. Boca de incendios.
Paseando barrios. Boca de incendios.
Vista desde el puente de Oberbaum.
Vista desde el puente de Oberbaum.
Estación de tren.
Estación de tren.

Nos ha sorprendido un poco la actitud de los berlineses, no son tan cabezas cuadradas como nos dicen en España, cosas como: las pirulas con los coches, las calles llenas de caquitas de perro y botellas de cerveza vacías o rotas, el coladero en el metro… son cosas que no hubiésemos creído posibles por aquí; quizá es porque se ha convertido en una ciudad tan cosmopolita que resulta dificil definir el carácter de sus gentes, quizá es porque lo que nos cuentan de los alemanes tiene tanto de cierto como lo que les cuentan a ellos de los españoles…

Turismo, propiamente dicho, hemos hecho un par de días. Primero hicimos un “Free Berlin Tours” en el que conocimos lo imprescindible. Hay que tener en cuenta que prácticamente todo el reclamo turístico gira en torno a las guerras mundiales, y los diferentes tours se especializan en estos periodos históricos. Nosotros nos quedamos con el más “general”.

Puente de Oberbaum.
Puente de Oberbaum.
Check Point Charlie.
Check Point Charlie.
Catedral.
Catedral.
Plaza Gendermenmarkt.  Estatua de Friedrich Schiller y Konzerthaus.
Plaza Gendermenmarkt. Estatua de Friedrich Schiller y Konzerthaus.
Bundestag.
Bundestag.
Monumento al Holocausto.
Monumento al Holocausto.
Altes Museum.
Altes Museum.
Barnderburg Tor.
Barnderburg Tor.

El segundo día “Vive Berlín” nos llevó a una visita guiada al campo de concentración de Sachsenhausen que, aunque es muy recomendable, nos decepcionó un poquito, porque del campo, propiamente dicho, queda muy poco, y lo que han hecho es convertirlo en museo; finalmente es un mix que, aunque no nos dejó indiferentes, tampoco nos sobrecogió como esperábamos de un campo de concentración.

El trabajo os hace libres.
El trabajo os hace libres.
Los baños del barracón.
Los baños del barracón.
Entrada al crematorio.
Entrada al crematorio.
Crematorio.
Crematorio.
Sin escapatoria.
Sin escapatoria.

No entramos en ningún museo, por aquello de ahorrarnos los cuartos, pero paseamos algunos barrios y visitamos una de las famosas casas okupas de Berlín, la Yaam concretamente. Está bastante bien el ambiente y la filosofía que las mueve.

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La Yaam. Kasa Okupa.
Del muro hemos visto un par de trozos, incluyendo el East Side Gallery, 1300m. decorados con el trabajo de 118 artistas provenientes de 21 países.

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Una ola nos llevó a pasar la primera noche en Berlín en casa de “Dr Guzmán”. El muchacho no tenía sofá que ofrecernos, de modo que estaba dispuesto a cedernos su cama y domir él en el suelo, naturalmente no lo permitimos, y así pasamos la noche en uno de los mejores suelos de Berlín.

Surfeando el sofá de Gustavo.
Surfeando el sofá de Gustavo.

En pocos minutos de conversación quedamos embriagados por el acento simpático, el equilibrio emocional, la racionalidad de sus argumentos y, por supuesto, su generosidad…

Dr Guzman
Dr Guzmán

Con él y con su amiga Victoria, también chapina, también fenomenal. Nos tomamos unas chelas en una de las muchísimas tiendas turcas que hay por Berlín. Pasamos un rato de lo mejor. Pintaba ser una velada mágica, pero esta vez no agarramos la ola, no nos dejamos confundir por la noche y volvimos relativamente temprano a casa.      ¡Mil gracias Gusito!

Chelas...
Chelas…

Surfeamos el sofá de Katharina y Paul. Enseguida nos enamoramos de ellos y de su piso. Conectamos de maravilla y compartimos un par de deliciosas cenas. ¡Lástima no haber tenido algo más de tiempo para disfrutar de su compañía!.

Surfeando el sofá de Katharina y Paul.

Nos vamos de Berlín. Tal vez otro par de días hubiesen estado bien, pero, a fin de cuentas, lo que estamos haciendo es surfear el mundo; y vino una ola que nos llevó a Varsovia…