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SURFEANDO CHIAPAS (Segunda Ola)

Y nos fuímos al que para nosotros sería el último gran Pueblo Mágico que visitaríamos en México. Uno de los que más nos gustó, San Cristóbal de las Casas.

Jaime, nuestro nuevo couchsurfer nos recibió con un día de turisteo a lo grande, que dió para visitar museos, grutas e iglesias en ruinas.

Con esto bastaba para adivinar que en San Cristóbal  nos esperaban muchas emociones. Así que, decididos estábamos a alquilarnos un cuartito por unas semanas cuando Jaime nos dijo:

– Yo no les estoy corriendo, se pueden quedar el tiempo que quieran.

Y nos quedamos.

Además de la belleza arquitectónica de San Cristóbal, nos impresionaron bastante sus habitantes. Sus calles se llenan de color con los ropajes de las etnias de toda la comarca, predominantemente tzotziles (mayas); gran parte de ellos hablan su lengua materna. Es curioso cuando los escuchas hablar y de cuando en cuando se oye alguna palabra en español. Para experimetar esto no hay más que subirse en una combi abarrotada, el único que hablará español serás tú.

Una visita obligada estando en «Sancris» es a San Juan Chamula. Este pueblito es de lo más pintoresco y auténtico. Sus habitantes siguen siendo en su mayoría tzotziles. Lo más atractivo de Chamula es su iglesia, donde aún a día de hoy se mezcla la santería de sacrificio de animales con la religión católica, razón por la cual está prohibida la toma de fotos en el interior de la iglesia. Se intentó, pero Interior iglesia de Chamula.no se pudo. Aunque se puede rescatar alguna de San Google. Se conoce como la «Iglesia de los Santos Gordos«, porque cuando les ponen ropa nueva no les quitan la que llevan ya puesta, y así van engordando. Además de la iglesia, en Chamula hay que visitar su cementerio.

Si algo nos llamaba de Chiapas eran «los zapatistas», ese movimiento libertario constituido por agricultores e indígenas, que había conseguido dejar al gobierno, al mal gobierno, fuera de juego. Pero el movimiento en estas fechas está un poco aletargado, y aunque resuenan rumores de un nuevo levantamiento, a nosotros nos tocó en hibernación. No había marchas, ni asambleas, ni información, ni nada. Ahora estaban más preocupados peleando los unos con los otros por razones de religión que luchando juntos contra el gobierno vendido a la corrupción, los narcos y las grandes corporaciones. Además, resulta que entrar en terreno zapatista no es ni mucho menos fácil, es más, puede ser bastante peligroso, y es que no quieren a nadie en su territorio, ni gobierno, ni extranjeros, ni nada de nada. Para entrar en un pueblo zapatista hay que pedir permiso, esperar largo rato a ver qué deciden, y entonces, si es que te dejan entrar, te niegan la palabra. No les interesa explicar sus inquietudes políticas. No permiten hacer fotografías.

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Nosotros nos acercamos al pueblo zapatista de Mitzitón. La combi nos dejó en la carretera, y nos encontramos con un pueblo vallado a ambos lados de la misma, ya que los vecinos de uno y otro lado andan a la gresca. Nos limitamos a dar un paseo por el entorno y cuando nos cruzamos con una muchacha le preguntamos si podíamos pasear el pueblo, y ¿cuál fué su respuesta?:

– Si solo van a pasear, sí, siempre y cuando no ….

Siempe y cuando no ¿qué?. ¿Qué otra cosa íbamos a hacer? . Y es que estos zapatistas son bastante cerraos de mollera. No nos sentíamos cómodos y nos volvimos por donde habíamos llegado. Al final sientes lo mismo que cuando entras a USA, eres un puto indeseable en terreno hostil. Así que poco «zapatismo» experimentamos.

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Los llamados «usos y costumbres» están vigentes en los pueblos y comunidades indígenas de Chiapas. Ya los mencionamos en otra entrada. Este sistema está, incluso, por encima del Estado mexicano. Os contamos, a modo de ejemplo:

1 – Si atropellas una gallina te saldrá a precio de oro, ya que habrás de pagar por la gallina muerta lo que estime el granjero, dependiendo de lo buena que fuese la susodicha, pero además, habrás de pagar por toda su posible descendencia, ya sean huevos o pollos. Y si el atropellado es una persona, se han dado casos de linchamientos. Aquí no se andan con tonterías.

2 – Todos los miembros están obligados a ir a las marchas (concentraciones) que se convoquen y vestidos con el atuendo étnico de procedencia.

3 – Los niños y adolescentes tienen que cursar sus estudios en las escuelas de la comunidad. Se dió el caso de un chico que asistía a un colegio estatal y por orden del consejo de su comunidad tuvo que abandonarlo y cursar sus estudios en el colegio de la misma; no le quedó otra opción, pues para continuar en el colegio estatal, éste último debía pagar al consejo una suma considerable de pesos.

4 – El uso horario de estas comunidades no cambia ningún día del año, por lo que existe una diferencia horaria de una hora entre las grandes ciudades de Chiapas y sus pueblitos. Durante 6 meses, aquí son las cinco y a diez minutos son las seis. Ahora vas y lo cascas.

Jaime nos brindó la oportunidad de hacer varias escapadas interesantes y así nos fuímos a la Selva Lacandona. La carretera es de las más pesadas que pueden existir, si  no me equivoco cada 25 metros existía un tope (resalte), por supuesto, sin señalización…

Las primeradas paradas fueron para ver las Cascadas de Agua Azul y la de Misol-Ha. Y por primera vez en el viaje, por no decir en nuestras vidas, llegamos en temporada seca, por lo que los ríos y cascadas lucían un hermoso azul turquesa increíble.

La Selva Lacandoa está poblada por el pueblo maya Lacandón, de ahí su nombre. El día que llegamos al lugar estaba todo el pueblo de reunión. Tristemente. Y digo tristemente porque desde hace poco el gobierno de México ordenó que el pueblo Lacandón fuera evangelizado, y éste y no otro era el motivo de dicha reunión. Parece mentira que eso de la evangelización obligatoria llegue aún a nuestros días; gracias a dios dejaron atrás la espada, pero siempre haciendo uso de medidas cohercitivas. De hecho, hay tanta evangelización últimamente que hasta a los pueblos les están cambiando sus nombres, como es el caso de las actuales Belén y Betania, que no sabemos como se llamaban antes, pero seguro que así no.

Las ruinas arqueológicas de Palenque basta con mencionarlas, porque a pesar de ser unas de las más famosas y visitadas de todo México, a nosotros nos resultarón más, más…; no puedo definirlas. Pero quisiera que os hiciéseis una idea de lo que significan otras ruinas cuando llevas tantas y tantas en el cuerpo, ya dejan de impresionar, es como ir a una playa nudista, los dos primeros cuerpos chocan, impresionan, ponen o avergüenzan, después de poco rato, ya no ves ni a gente desnuda. Pués lo mismo.

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Nuestros últimos días en Chiapas los pasaríamos en Comitán de Domínguez, donde visitaríamos las expectaculares Lagunas de Montebello. Estas lagunas están tan cerca de Guatemala que la frontera cruza por una de ellas. Es divertido cuando las fronteras sólo son unas bollas en el agua, o unos monolitos en el suelo, sin policía de inmigración, cambio de monedas, duty free shops o barreras y vallas. Las lagunas forman parte de un ejido, es decir, son administradas de forma colectiva por los vecinos del lugar, que van rotando periódicamente en sus funciones. Otra forma peculiar de organización comunal que predomina en la zona.

Y el último día de despedida lo dedicamos a las casacadas de El Chiflón, la más famosa de ellas llamada Velo de Novia.

Y éste fué nuestro último spot en México. Sin lugar a dudas, un hermosísimo lugar para llevarse un hermosísimo recuerdo de un país extraordinario.

SURFEANDO CHIAPAS (Primera Ola)

Cuando tienes muchas expectativas sobre un lugar o una persona, o lo que sea, raras veces estas expectativas se ven satisfechas, muy raras veces. Chiapas se convirtió en una de esas raras veces. Para nosotros este estado era como lo más de lo más, lo muy de lo muy de México; tanto habíamos oído hablar de su belleza, de su cultura, de sus gentes, de su zapatismo, que ya llegando nos temíamos una decepción, un «bueno, está bien, pero no es para tanto». Pero no, definitivamente, Chiapas es la caña de España, la neta del planeta. Tiene tanto que ofrecer…

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«Chiapasiónate» reza el eslogan promocional del estado, y nosotros nos «chiapasionamos». Primero en Tuxtla Gutiérrez, su capital (Tuxtla significa coneja, y Gutiérrez viene de algún gobernador de por allá). No es que sea una bonita ciudad, y el calor es de lo más sofocante, pero sí es cierto que tiene algo especial. Lo más vendido allí es el Cañón del Sumidero en el río Grijalva, no en vano es la imagen del escudo de Chiapas. A nosotros no nos pareció tan impresionante como nos lo vendieron; nos tocó en temporada seca, por lo cual sin casacadas estaba bastante deslucido. Quizá por eso nos pareció un poco caro.

En cualquier caso, si visitas Tuxtla hay que dar el paseito en barco por allí.  La lancha en cuestión zarpa de Chiapa de Corzo, otro de los Pueblos Mágicos, muy cercano a la capital, en el que pudimos comer los mejores tamales de México, unos tamales de mole con pasas, cortesía de Ricardo, nuestro couchsurfer, que quitaban el hipo.

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Tan bueno estaba el tamal que pa cuando saqué la cámara ya sólo quedaba esto.

De Chiapa de Corzo es originario el traje o vestido de chiapaneca. Algunos afirman que es el más bello de México. También son famosos los Parachicos, danzantes tradicionales. Cuenta la historia que una mujer guatemalteca, o quizá española, una mujer «de maneras y pudientes» veía a su hijo enfermar más y más cada día. Visitó doctores, curanderos y brujos, pero el niño no mejoraba. Álguien le dijo que en Chiapa de Corzo podría encontrar por fin remedio. Y lo encontró. Y se puso recontenta, y lo celebró. Y los habitantes del pueblo celebraron con ella, se pusieron sus mejores vestidos, y máscaras blancas para no desentonar con la piel de la señora. Bailaban y cantaban a su alrededor. Cuando la señora entregaba los regalos a los bailarines en agradecimiento decía: “para el chico”. Hoy se sigue celebrando la festividad, pero sin señora.

La marimba, instrumento musical 100% chiapaneco, es motivo de orgullo, símbolo y referente del estado. Nosotros tuvimos la inmensa suerte de ser atrapados por sus ritmos en el Parque Jardín de la Marimba de Tuxla. Bailamos y gozamos de un excepcional ambiente festivo, de una verbena popular y populosa, donde todos, jóvenes y no tan jóvenes, locales y extranjeros, virtuosos y torpes se hermanan con las melodías cantadas por la marimba.

Y después, extenuados con tanto baile y tanto calor nos refrescamos con la mejor agua de horchata en «La Michoacana».  No es más que leche de arroz, pero ¡Dios, qué sabor!. Son muy populares en México las aguas frescas: de pepino, de sandía, de tamarindo, de limón, de jamaica… Estas aguas surgieron como contrapartida a la excesiva adicción de la gente por la Coca-Cola y similares. Pero si hay una bebida típica de Chiapas es el pozol, bebida refrescante a base de cacao y maíz, también lo hay blanco (sin cacao). Nosotros tomamos el de cacao y tiene regusto a maíz tostado. No nos apasionó mucho, la verdad.

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Agua de horchata con nieve de tuna (chumbo).

Al poco nos fuimos a San Cristóbal de las Casas. Nos esperaba el último de los Pueblos Mágicos que visitaríamos en México. Quizá el más mágico, es difícil evaluarlo, y las comparaciones son odiosas. Nos esperaba también Jaime, nuestro último couchsurfer mexicano.

SURFEANDO OAXACA

Llegamos a Oaxaca en una compañía de buses muy barata, tanto como la mitad del precio de los estándar. Son baratos porque los asaltan con frecuencia, y porque paran en una estación ubicada en la zona más peligrosa de la ciudad. Tanto es así, que Jacob, nuestro couchsurfer no quería que salieramos de la estación caminando, así que pospusimos el viaje un día porque no era aconsejable llegar de noche, y el quería ir a buscarnos, eso sí, de día. Con él y su mamá pasamos los primero días en Oaxaca.

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Si nunca estuvísteis en México, es posible que estéis leyendo Oaxaca malamente, se lee «Uajaca». No olvidéis la cantidad de lenguas, dialectos y etnias que hay por aquí. De hecho, llegar a Oaxaca es entrar en el México profundo, el de los nativos, las lenguas, los «usos y costumbres», el folklore y todas esas cosas que tanto nos gustan.

Para que os hagáis una idea. Estuvimos parando en casa de Marco, un chico que aprendió el castellano a los trece años. Él proviene de las montañas, de un pueblito mixe, y estudia Empresariales en la Universidad con el único objetivo de ayudar a su pueblo, porque allí hacen cerveza, y muy buena, y vestidos, y un montón de buenas cosas que álguien debe poner en el mercado de forma adecuada, álguien que no venga a su pueblo a joderles la vida, a cambiar su filosofía de vida, sus usos y sus costumbres.

De las 500 poblaciones que tiene este estado, cuatrocientas y pico funcionan con lo que ellos llaman «usos y costumbres». Ésta es una de las primeras cosas que nos entusiasmaron en Oxaca. No hay partidos políticos que se presenten a las elecciones, no hay políticos profesionales, ni tan siquiera la policía es profesional. Todo funciona gestionado por los propios vecinos, ellos se turnan para ejercer los diferentes trabajos comunitarios, ellos deciden quién, cuándo y cómo. Llega el punto en el que el pueblo hace las veces, incluso, de jueces y verdugos, llegado el caso. No es extraño que si algún narco o delincuente habitual se deja caer por uno de estos pueblos para hacer de las suyas, acabe decapitado, castrado, desollado o apaleado, según la fechoría.

Está claro que este sistema no es perfecto, tiene sus luces y sus sombras. La justicia funciona a base de escarmientos, pero si el que ostenta la representación política roba se le hace devolver todo lo robado y el escarnio público llega a extremos que ríome yo de los escraches españoles.

Por otra parte, la inversión extranjera no es bienvenida, muestra de ello es este cartel. Temen principalmente a los chinos, y su principal argumento es que en un litigio frente a un extranjero siempre saldrá ganando éste. Nos quedamos con las ganas de comprarnos un terrenito.

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Es aquí, en Oaxaca, donde nos encontramos por primera vez con los «taxis comunitarios», a precio de autobús. Una idea que deberíamos importar a España, y que nos acompañarán en los próximos países. Consejo: nunca te sientes en el asiento del copiloto porque puedes acabar sentado sobre la caja de cambios, ya que en la próxima parada se te sentará al lado María con su caja de verduras.

Por aquí, como por todo México, son muy bebedores de cerveza; desde por la mañana, manejando, en la plaza, en el bar o paseando por la calle, no importa.  Y es que son muy, muy fiesteros. Todo lo celebran, todo es motivo de emborrachamiento, incluso los funerales. Pero es cuando las chicas cumplen sus 15 años una  de las fiestas más celebradas en México, y en toda América Latina; y resulta curioso que si no tienen recursos para contratar un local, simplemente cortan la calle y lo celebran a lo grande. Los vecinos no protestan por eso.

En México la situación política está bastante caliente, y cuando estuvimos en Oxaca, los maestros estaban acampados en el Zócalo. Una reciente reforma educativa, agrabada con la ejecución de 43 estudiantes, los tenía bastante alterados. Aprovechando las protestas, una importante horda de vendedores ambulantes tenían tomada la plaza y alrededores, desluciendo bastante la belleza de esta parte de la ciudad. Además, por si fuese poco, el gremio de taxis también estaba en efervescencia, cortando avenidas, volcando y quemando coches, y esas cosas que hacemos los humanos llevados por la desesperación. Al jefe de uno de los sindicatos se lo llevaron en una furgoneta, cosa que ni siquiera la familia que estaba presente pudo evitar, y no sabemos cómo ni cuándo aparecerá. Por desgracia, estas cosas son muy comunes por acá.

Con tanta protesta y corte de tráfico, no fué nada fácil hacer un par de excursiones que teníamos en mente. Se convirtió en una odisea, pero finalmente pudimos visitar dos de las más significativas atracciones de Oaxaca: El Árbol del Tule y las cascadas petrificadas de Hierbe el Agua.

Se supone que el Árbol del Tule es el más grande del mundo por su diámetro, que no por su altura. Pero tampoco es que nos pareciera nada del otro mundo. En un principio eran varios árboles que acabaron siendo uno solo. Se encuentra localizado en el atrio de la iglesia de Santa María de la Asunción.

Hierbe el Agua sí nos pareció algo de otro mundo. Es alucinante. Una vez más nos encontramos con un hermoso regalo de la naturaleza, de esos que no te dejan indiferente. Las cascadas se petrificaron como consecuencia de la cantidad de sedimentos que transporta el agua. Y también este agua ha dado lugar a la creación de piscinas naturales. Espectaculares. Sin lugar a dudas, un lugar imprescindible en Oaxaca.

Quedamos impresionados por las gentes, las costumbres y la naturaleza de este estado. Llegamos a pensar que este sería el punto álgido de México. No sabíamos lo que nos esperaba en Chiapas…

SURFEANDO PUEBLA

Puebla está ubicada entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz,  esto hizo que creciese como la espuma; llegó a ser la segunda ciudad en importancia de la Nueva España (así se llamaba México antes de la independencia) .

Nosotros la pasamos sin pena ni gloria. No fué más que una ciudad de tránsito, una parada entre la capital y Oaxaca. Es cierto que es una bonita ciudad, siempre y cuando hablemos del centro histórico, pero ya veníamos un pelín resabiados de arquitectura colonial, de mole poblano y de esas cosas que, por muy de allí que sean, las encuentras por todo México. Para marcar un poco la diferencia cabe decir que sus edificios coloniales destacan por sus fachadas de azulejos y que es fácil encontrar una iglesia justo en frente de otra.

Muy cerquita de Puebla está San Pedro Cholula, otro de los pueblos Mágicos de México. Aquí le bastaron solo seis días al bueno de Hernán Cortés  para aniquilar a la población civil, dignatarios y oficiales. Al parecer, cuenta Cholula con 365 iglesias coincidiendo con los días del año. Nosotros no las visitamos todas. Ni las contamos, de modo que no podemos confirmar el número exacto. Si damos fé de que hay muchas, muchas.

El mayor atractivo de este pueblito es su gran pirámide, especial por la superficie de su base, una de las más grandes que se conocen. Durante mucho tiempo permaneció en el olvido, creyéndose que era una montaña, sobre la cual fué construida la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. Cuentan que eran los propios nativos quienes cubrían las pirámides para evitar su destrucción por parte de los nuevos colonizadores, ya que una vez que eran descubiertas las destruían y con sus piedras se edificaban los nuevos edificios coloniales, y las iglesias católicas, por supuesto. Éste fué el caso del Templo de Quetzalcóatl (la serpiente emplumada), que se situaba junto a la Gran Pirámide.

Lo má divertido para nosotros fué el poder recorrer el interior de la Pirámide a través de sus corredores.

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Pero el verdadero motivo que nos trajo hasta aquí no fueron sus ruinas, sino la impresionante vista del volcán Popocatépetl tras la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios que te venden por doquier. Íbamos a ver esto

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Y nos encontramos con esto.

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Internet es maravilloso, es casi, casi, el mejor compañero de viajes, pero a veces… a veces, no es del todo sincero. Y acabamos el paseo, desilusionaetes, con la visita al Container City, barrio construido a base de contenedores.

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Nos fuímos a Oaxaca.

SURFEANDO MÉXICO DF

Al principio el DF no estaba en nuestros planes, pero la ola nos lanzó hasta allí. Y nos alegramos, y mucho, el Distrito no es una ciudad cualquiera, tiene mucho que ofrecer, muchísimo. De entre las grandes ciudades que hemos visitado hasta ahora, ésta es decididamente de las mejores.

Llegamos por la tarde a casa de Yoshi. Nuestro primer encuentro con un «chilango» (natural del DF) y resulta que es japonés. Cuando menos curioso, ¿verdad?.  Pasamos pues unos días turisteando el DF y aprendiendo cosas del Japón. Lo diré cien millones de veces: el couchsurfing es maravilloso. A los pocos días, quedando aún mucho por ver, nos mudamos con Enrique y Adria, bueno y Alex, que siempre andaba por allí.

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El centro histórico de México DF lo conocimos en un free tour. La verdad es que hay que agradecer a Trip Advisor esta labor. Los free tour son una delicia, especialmente cuando no hay nadie más en el grupo, como fué nuestro caso, y además ¡era el primero en español!. Durante este paseo conversamos, bromeamos y aprendimos un montón de cosas.

Por ejemplo, que la palabra México significa «Ombligo de la Luna» en Náhuatl. Y es que los Aztecas fundaron su capital, la gran ciudad de Mexico-Tenochtitlán, en una isla ubicada en el centro (ombligo) del lago Texcoco (lago de la luna). Aunque hay otras versiones, nosotros nos quedamos con ésta, que fué la que nos contaron.

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Y como resultado de construir sobre lagos y zonas acuíferas es fácil ver suelos desnivelados o incluso «ondulados», y edificios inclinados. El terremoto del 85 hizo mella en el DF. Muy pocos edificios superan los tres pisos.

También aprendimos que el archiconocido Zócalo, en el mismo centro, es llamado así por una estatua inconclusa de la que sólo se llegaría a construir el zócalo, aunque el zócalo en sí ya no existe. Este nombre se ha generalizado en México para designar el centro de las ciudades.

A finales del siglo XIX y principios del XX México tuvo un presidente por más de treinta años: Porfirio Díaz (el que construyó el susodicho Zócalo). Quizá parezca que esto es un pelín antiguo ya, pero os aseguro que no lo es. Esta figura política aún está en boca de todos los mexicanos, partidarios o detractores. Este hombre hizo muchas cosas por y para México, era un enamorado de Francia y quiso emular a «la ciudad de las luces», motivo por el cual invirtió mucho esfuerzo, tiempo y dinero en modernizar el país, en especial el DF. Así trajo el teléfono, la red eléctrica y cosas de ese tipo que gustaron mucho. También construyó todo lo construible, siempre con un estilo muy rococó, muy parisino. Pero en su afán de modernismo olvidó a un pueblo castigado por el hambre, dejó a los indígenas sin tierras… y sucedió una enorme crisis económica, social, cultural y política. ¿Os suena? .

Bueno o malo, este presidente fué derrocado mediante un conflicto armado en 1910. Ésta es la revolución que tan famosos hizo a Emiliano Zapata o a Pancho Villa. Con ellos empezó lo que es México hoy en día.

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Pero para conocer la historia de México hay que visitar el Museo Nacional de Antropología. Es alucinante la riqueza etnográfica de este país, actualmente hay como 60 etnias diferentes, con sus respectivos idiomas: Nahuas, Mixtecos, Zapotecos, Mixes, Tzotziles, Tzeltales, Mayos, Mayas…; todos ellos, además de sus lenguas, mantienen costumbres, gastronomía, vestimenta y tradiciones. Un total de 12 millones de indígenas, que ya os podeis imaginar la riqueza que aportan al país. Aunque no lo creáis, hay enormes dosis de racismo por aquí, no todo el mundo quiere a los «indios», que es como los llaman peyorativamente. Ellos, en cambio, desean que los llamen «nativos». Y, evidentemente, las instituciones no facilitan la convivencia.

Los Nahuas son descendientes directos de los Aztecas, pero antes estuvieron los Toltecas, y antes los Mayas, y antes los  Teotihuacanos, y antes los Zapotecas, y antes los Olmecas y antes… bueno, algún siberiano despistado cruzó el puente de Beringia (estrecho de Bering). Todas estas culturas se asentaron en diferentes partes de lo que hoy es México, algunas coexistieron, algunas ya estaban extintas y otras en ciernes cuando Cristóbal Colón partía de Huelva. Los Aztecas estaban pegando fuerte, muy fuerte. Era un pueblo guerrero, nada místico. Pero vino el bueno de Hernán y les «pinchó la pelota». Algún día hablaremos de lo bonito que lo hicieron los españoles cuando se dejaron caer por aquí.

Teotihuacán es la ciudad precolombina de mayor tamaño descubierta hasta la fecha porque, aunque parezca mentira, queda mucho por descubrir, pero el Gobierno no está por la labor de financiar tales trabajos. Teotihuacán es famosa por las piramides del Sol y la Luna, las más altas que se conocen, excluyendo las egipcias. Y cada solsticio de verano cientos de miles de personas vienen a ver el espectáculo de los rayos del sol descendiendo sobre las pirámides y a cargar sus obsidianas para todo el año.

Las gentes cargan las  obsidianas en Teotihuacán y las pilas en el Bosque de Chapultepec, que, para que nos entendamos, es como el Central Park de México. Tiene su laguito, sus museos, sus restaurantes, miles de puestos de comida y bebida, su zoológico, sus fuentes, sus monumentos e, incluso, su castillo. Sí, un castillo que, por lo visto, es el único de América Latina, convertido en Museo Nacional de Historia. Y es que después de independizarse de España, México fué un imperio con su emperador, un imperio muy efímero, apenas de unos pocos años. Maximiliano I de México fué ejecutado en Querétaro  tres años depués de llegar a estas tierras desde Austria. Empezaría entonces la era de otro de los grandes presidentes: Benito Juárez.

Pero lo más significativo del Castillo de Chapultepec es la historia de los «Niños Héroes», hoy ya deformada y convertida en mito, símbolo patrio de honor y valentía. No en vano en cada pueblo de México hay una calle «Niños Héroes». Resumiendo bastante: durante la invasión norteamericana a México el castillo era una academia militar y fué tomada por el ejército de Estados Unidos. Durante la batalla cayeron cinco cadetes, uno de ellos, Juan Escutia, se cuenta, que para impedir que el enemigo obtuviera la bandera mexicana se la enrolló en el cuerpo y se lanzó al vació. Parece que la historia no fué así, pero así la cuentan…

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Mural a la entrada del Castillo de Chapultepec, sobre la escalera, justo sobre el techo, en la que se representa a Juan Escutia envuelto en la bandera mexicana el 13 de septiembre de 1847.

También hay en DF un lugar ideal para descargar tensiones y estreses, un lugar ideal para celebrar y, como no, para ponerse pedos: Xochimilco, que significa «el lugar del terreno fértil de flores». Xochimilco tiene particular importancia por la existencia de las chinampas, testimonio de una antigua técnica agrícola; entre ellas dejaban canales de agua para transportar los alimentos en canoas.  Hoy son populares los paseos en trajineras, y lo más llamativo en el lugar es la Isla de las Muñecas, pero por razones del destino no pudimos ir, solo dió para ver una pequeña réplica.

LLegamos al DF con cierto recelo por la inseguridad que venden, pero no es para tanto; es cierto que apenas entramos en las zonas «densas» o «pesadas», como las llaman ellos. Cuando estábamos con Enrique y Adria, la parada del metro más cercana era un punto caliente y ellos preferían dar un rodeo para ir por zona segura, pero a nosotros nos valía madre. Nunca tuvimos un problema.

Así como también nos preparábamos para lo peor en cuanto al metro. Se supone que, al menos en hora punta, el metro es impracticable. Qué queréis que os diga, después de Beijing y Shanghai, a nosotros nos pareció de lo más normalito.  Lo que sí resulta muy particular y divertido son los vendedores, vendimias de todo: comida, bebida, helados, alargaderas, medicinas, libros, raseras…, todos con la misma cantinela:

– Traigo paletas de naranja y limón. Cinco pesos le vale, cinco pesos le cuesta.

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Pero ésta es la tónica general en cualquier transporte público, en cualquier calle, en cualquier semáforo… Eso nos gusta, por lo menos la «raza» se puede buscar la vida. En España, ya se sabe, necesitas permisos, licencias, carnet de manipulador de alimentos, pagar autónomos…; no hay dios que pueda salir adelante con tanta normativa estúpida e inservible.

Nos quedaban muchas cosas por ver en el DF, pero decidimos no perpetuarnos allá. Imperaba continuar con la ruta, seguir surfeando este maravilloso mundo. Y cogimos una ola que nos llevó a Puebla.

SURFEANDO QUERÉTARO

En Querétaro paramos con Marina y Carlos. Esta preciosa pareja  nos recibió como a sus hijos, y con ellos tuvimos el placer de conocer Santiago de Querétaro y alrededores.

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Santiago de Querétaro es una ciudad pequeña, aunque creciendo a un ritmo vertiginoso; mucha industria se está estableciendo por allá,  diez nuevas familias se mudan cada día a esta bonita ciudad.

Aquí se gestó la Guerra por la Independencia de México que puso fin al dominio español allá por 1810, y os aseguro que no es cosa de pasar por alto,  el pueblo mexicano se siente verdaderamente orgulloso de aquella guerra gestada en la clandestinidad de Querétaro. Cada 16 de septiembre se conmemora el día de la Independencia con «El grito»: en cada ayuntamiento de cada ciudad, alguien se encarga de gritar, supuestamente, las mismas palabras que gritara Miguel Hidalgo aquel mismo día en 1810.

Estábamos en Semana Santa y algunas iglesias nos sorprendieron en su interior, las imágenes se encontraban cubiertas. Además las flores habían cedido su lugar a las hierbas y ramajes.

En México, no sé si como reclamo turístico o qué, han declarado varios pueblos como «mágicos»: por su belleza, por sus costumbres, sus gentes o sus gastronomías. San Miguel de Allende es uno de esos pueblos. Para nosotros era una de las paradas obligadas en este país. Y sin lugar a dudas, este pueblo es mágico.

Y, de nuevo, volvimos a tener una cita en la radio donde nos entrevistaron y ganamos, con suerte, algún nuevo adepto.

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Y nos reencontramos con viejos amigos. Hacía años que no los veíamos, y nos encantó ver como sus hijos, Itzel y Ameyali, junto con Iyari, mostraban una responsabilidad, una creatividad, un respeto y unas formas increíbles. No sabría explicar lo que sentimos al ver a esos niños, siendo niños, sin aditivos, sin electrónicas, ni caprichos, ni impertinencias. Parece que la pedagogía Wardolf funciona.

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También estuvimos en

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Mineral de Pozos, también Pueblo Mágico, es unos de los muchísimos pueblos mineros que había por la zona. Muy prósperos a finales del XIX y principios del XX, pero venidos abajo a finales del siglo pasado. Hoy tratan de renacer con el turismo, pero algunos de ellos están condenados a la extinción, no en vano dicen de él que es un pueblo fantasma. Rodeado de un paisaje semidesértico donde las reinas son las cactáceas de todo tipo. Cabe mencionar que muchos de sus actuales habitantes se han dedicado a la fabricación de instrumentos prehispánicos.

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Por supuesto, haciendo honor a su nombre, nos centramos en la visita a las minas. Visitamos una mina de oro, que aún conserva oro en sus entrañas pero no es nada rentable su extracción. Y la más destacada de todas, la Mina de Santa Brígida, la primera mina excavada en Guanajuato. Y junto a ella la que fuera hace un siglo la Hacienda de Beneficio de Santa Brígida. Fué aquí donde se inició la historia de Pozos, primero como fuerte y luego como hacienda minera. Cuenta con amplios patios, pozos de hasta 250 metros de caída libre y paisajes con arcos de ruinas abandonadas sin restaurar.

Llegó el fin de la Semana Santa y Nadx e Iyari volvieron a Vallarta. Nos despedimos de Carlos y Marina y, otra vez solicos, pusimos rumbo al DF. Tristes por dejar atrás magníficos amigos, felices porque la aventura continuaba.

 

 

SURFEANDO TEQUILA Y GUADALAJARA

En Semana Santa, mientras Pedro asistía a un congreso en Cancún, nos fuimos de viajecito con Nadx e Iyari a Querétaro, donde nos esperaban los papás de Nadx; no sin antes hacer algunas paraditas en el camino.

México es muy grande, es enorme. Y las carreteras son malas, incluso las buenas son, a lo sumo, regulares. La gasolina no es especialmente barata y la tiene monopolizada el estado. Pero como el dinero del petróleo y los impuestos no son suficientes, ponen casetas (que son peajes de tó la vida de Dios). ¡Y Carísimas!. Pero bueno, ya sabíamos que en México te asaltan en las carreteras, así que, ni modo.

El primer alto fué Tequila. Llegamos después de parar por vomiteras, berrinches y toda clase de diversiones propias de viajar con un bebé a bordo. Pero llegamos.

Un tour en el «barrilete» nos llevaría de visita a las bodegas «Casa Maestri».

Nos esperaba una degustación de tequilas que nos puso a todos contentos. Y por cosas de la vida la tomamos dos veces, así pués, nos pusimos recontentos.

Aprendimos sobre el agave, su piña al natural está muy dulce, tanto que  se hace miel. Pero el rey de los productos elaborados con esta cactácea es, sin duda, el tequila. Aprendimos que esta planta tarda en ser productiva como de ocho a quice AÑOS. Algunas bodegas de por aquí fabrican millones de litros, por eso los más puristas dicen que ya no hay buen tequila, sólo les queda el mezcal. Probablemente ya sean agaves transgénicos, preparados para madurar en meses. Probablemente tienen no sé que químicos. Quién sabe. La cuestión es que bueno, o no bueno, estabamos en Tequila y, por supuesto, cayó una

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Y con «la cruda», que así es como llaman por aquí a la resaca (qué bonito suena, ¿verdad?), nos fuimos a Guadalajara.

El centro histórico es bonito. Guadalajara es la segunda ciudad más grande de México. Tuvimos el placer de hospedarnos en el «Hotel Francés». Realmente bonito, fué el primer hotel que hubo en Guadalajara. Pero lo mejor de lo mejor es que en él se rodó Justicia Salvaje, con Charles Bronson, allá por 1983. ¡Wow!.

Gastronómicamente Guadalajara destaca por sus típicas tortas ahogadas, resumido a lo bestia: un bocata de carne sumergido, literalmente, en salsa. Sépase que por aquí, los bocadillos son tortas, y las tortas pan (a veces pan dulce).

Aparte de los paseos, las charlas y colaboraciones con grupos de «hip-hop», para nosotros lo más interesante resultó ser uno de los tantos miles de charlatanes que hay por aquí. Primero nos enganchó un poco el espectáculo. Luego nos enganchó dándonos una carta de la baraja. Cuando el espectáculo perdió totalmente el interés no podíamos irnos con la carta, ni queríamos interrumpirlo. Pero cuando tocaba participar, mi compañera y yo no ibamos al compás del hombre, y eso no le gustó. Y nos arrebató las cartas. Y nos auguró algún mal presagio. Y nos echó del círculo mágico.

Y a la mañana siguiente nos fuimos a Querétaro. Nos perdimos. Nos encontramos. Y justo a la hora de comer, llegamos a Querétaro. Y como era la hora de comer, nos recibieron así de bien.

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Exquisito mole de México.

SURFEANDO NAYARIT

Después de toda la noche en este

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Llegamos muy cerquita de Tepic con estos dos chicos de

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Allí estuvimos en casa de

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A través de ellos dimos nuestra primera charla-conferencia. Fuímos para hablar de

El Silencio de Afrodita
Puedes ver la peli aquí.

Película en la que participé activamente, pero terminamos hablando de nuestro viaje.  Alma deslumbró con sus dotes de oradora.

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Y me detuvo la policía.

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Estuvimos en la feria y, la verdad, es que ahora me arrepiento de no haber entrado a ver a Nancy, la niña más pequeña del mundo y a Lizeth, la mujer serpiente…¡y viva!.

Tepic, no es una ciudad especialmente bonita, tampoco tiene ruinas fabulosas o monumentos especialmente interesantes, pero estaba en el camino, una ola nos llevó allí porque teníamos una cita BioNeuroEmocional.  Aunque eso no es exactamente parte del viaje, lo ibamos a hacer sí o sí, porque en México es más económico. De este tema hablaremos cuando abramos un blog sobre terapias alternativas, salud y emoción, o algo así.

Y nos fuímos a Puerto Vallarta, Jalisco.

SURFEANDO LA BAJA CALIFORNIA (MÉXICO)

– Buenas tardes, ¿Me permiten sus pasaportes, por favor?

En la frontera de México el interrogatorio fué mas o menos el mismo que en todas las demás fronteras.

«¿Donde se alojarán?. ¿Cuál es su itinerario?. ¿Por qué motivo visitan el país?, ¿por cuánto tiempo?…».

Lo de siempre pero con una enorme diferencia, ¡nos hablaban en español!, y eso, después de un año, nos hizo sentir requetebién.

Le contamos al agente nuestra aventura.

– ¡Ay qué viaje, está padrísimo!. Tienen 180 días para moverse libremente por el país, pásenla bien y bienvenidos a México.

Y así entramos a estas tierras, rodeados de amabilidad y buenas maneras, y es que estos pinches weyes son bién chingones.

Tenemos que reconocer que cuando llegamos a la estación de Tijuana, estábamos un pelín preocupados por las inseguridades, las balaceras, los secuestros y todas esas cosas que todos sabemos que pasan en México. Al poco ese tema nos la traía al pairo. No se siente, no se palpa en el ambiente. No hay miedo en las calles, ni cabezas en las cunetas, ni balaceras en las esquinas. Hemos pasado por casas de gentes muy, muy humildes, hemos vivido en barrios pobres y en otros super nice. En todos ellos la gente es encantadora.

Tijuana en México y San Diego en USA comparten el mismo casco urbano, y por lo que pudimos ver, a buen seguro, éste es uno de los pasos más transitados en el mundo, abierto 24 horas todos los días del año y con unas 50 calles para vehículos. Es curioso, porque mucha es la gente que trabaja «en el otro lado» y cada día cruzan la frontera; algo así como Gibraltar, pero a lo bestia.

La zona fronteriza es conflictiva, son muchos los ilegales que no pueden cruzar, son también muchos los deportados o huídos de la justicia americana, y todos se agolpan cerquita del borde, viviendo bajo los puentes, ramblas o cualquier espacio que se les antoje habitable a la espera de que las cosas mejoren.

Esta frontera me impresionó bastante , no sé por qué razón esta valla en particular me hacía sentir tan mal. Quizá es por verla desde el lado pobre, el oprimido. Y es que es bien diferente observar un muro cuando sirve de «protección» a cuando sirve de «obstáculo». Me acuerdo de España, de las fronteras con África…  y me siento mal.

Llegamos a México con la firme intención de experimentar el chamanismo, el Peyote y todo aquello que se nos cruzase por el camino. Y se nos cruzó «la Abuela», una planta llamada Ayahuasca que sirve para sanar física y espiritualmente. Pero esta experiencia merece su entrada propia.

Tijuana quedará grabada en nuestros corazones por la experiencia con la Ayahuasca y por la convivencia con Ximena y Emilio. Nos apoyaron, nos ayudaron y nos abrieron sus corazones. Ellos siempre estarán en los nuestros. Sofía, la facilitadora de «la Abuela», también se hizo un huequito dentro de nosotros. Como siempre, los lugares que visitamos están marcados por las gentes que conocemos en ellos.

Rosarito es un pueblito cerquita de Tijuana. Tiene unas playas extraordinarias y unos estudios cinematográficos donde se rodó Titanic, pero ahora están cerrados y no se pueden visitar. Lo que sí se puede visitar es Popotle, una playita de pescadores petada de restaurantes y puestos donde degustar mariscos y pescados recién traídos por los pescadores. Algunos de los puestos cocinan el pescado que tú hayas comprado directamente al pescador. Muy, muy recomendable.

A Ensenada llegamos con un chico de un grupo de raiter, algo así como el Bla Bla Car europeo. Y allí nos quedamos en casa de Ceci. Y conocimos a su novio Jorge, y a Xuxa y a unos cuantos de sus amigos. Y salimos cada día con ellos; conocimos la ciudad, los mejores tacos, las mejores tabernas y cafés. Nos pasearon por cada rincón interesante y nos acompañaron a La Bufadora, el atractivo turístico por excelencia de Ensenada.  La Bufadora consiste en una cueva entre rocas a nivel del mar, de forma que el oleaje al entrar en la cueva y chocar contra la pared provoca que la presión saque el agua por un pequeño orificio aventándola unos cuantos metros hacia arriba y emitiendo un bufido característico que le da el nombre.

Uno de nuestros objetivos en la Baja California era avistar ballenas, y nos fuímos a Guerrero Negro. Y dado al elevado coste del transporte público en esta zona nos dimos el madrugón para poder hacer a dedo los 600 kms y llegar a una hora prudente. No habían pasado ni cinco minutos desde que nos colocamos para hacer autostop cuando nos paró una familia que nos llevó como medio camino. Nos regalaron bebidas, unos burritos y muchos buenos deseos. En media hora pasó Edgar, curiosamente dedicado al negocio de la aceituna, con sus rancheras y sus corridos a todo volumen; nos llevó en su coche sin matricular hasta el mismísimo Guerrero Negro. Es frecuente ver coches sin matrículas por aquí. Mexico mágico.

El paisaje en la Baja California es espectacular, la única carretera que hay la cruza de norte a sur a través de un enorme desierto; en ocasiones se divisa el océano Pacífico, en ocasiones formaciones rocosas y casi siempre bosques inmensos de cactus originarios de la zona. Es muy frecuente encontrarse con controles militares.

En Guerrero Negro nos esperaban Juan Pablo (Pablito) y su familia, y David el Vato, y el Pirri, y Waldo. Pasamos unos días de fábula, disfrutamos muchísimo de sus conversaciones, sus risas. Tuvimos oportunidad de disfrutar de alguna fiesta familiar y descubrimos un elemento nada turisteado: «El panteoncito de los niños». En los sesenta, no sabemos muy bien la razón, murieron en Guerrero Negro numerosos niños y todos fueron enterrados en un lugar no lejos del pueblo, en el desierto. Impresiona un montón.

En la inmensa laguna costera Ojo de Liebre se instalaron las salinas más grandes del mundo, y allí llegan cada año cerca de dos mil ballenas grises desde Alaska para aparearse y dar a luz a sus ballenatos. El comportamiento de estas enormes criaturas en la laguna es completamente amistoso e interactivo con los humanos, es un misterio el porqué, pero ver como los inmensos cetáceos se acercan a las diminutas barcas, y ver como la madre empuja al ballenato para que lo acariciemos es una experiencia que te deja sin palabras, son sensaciones que van más allá de cualquier adjetivo inventado por el hombre. Qué generosidad la de este animal. Sé que algún día volveré a Guerrero Negro.

Parecía que el autostop funcionaba de maravilla por aquellos lares, y decidimos continuar de aventón hasta Mulegé, pero nos salió nada más que regular y llegamos muy entrada la noche. Encontrar la casa de Petr se convertía en misión casi imposible. Después de más de una hora andando por la más absoluta oscuridad, estábamos golpeando en los cristales del único gringo despierto a aquellas horas; era nuestra única baza, o nos ponían en la pista de Petr o tocaba dormir a la interperie. ¡Encontramos a Petr!.

Mulegé es un oasis (recién castigado por un huracán). Sus playas son famosas en toda la Baja, no en vano se ha convertido en el destino favorito de casi todo el mundo. Pero… ¡hay que pagar 50 pesos!. Eso de pagar para estar en una playa no va con nosotros, máxime cuando están llenas de caravanas de gringos que vienen por el spring break. Visitamos la misión, paseamos a lo largo del oasis, disfrutamos de la compañía y nos fuímos a Cabo San Lucas, aprovechando la invitación que nos hizo Petr, y así disfrutamos del paisaje costero desde el coche.

Íbamos en el Jeep: Petr, Alma, Tom, Celina, Dayra y un servidor. El Cabo no nos gustó especialmente, pero lo pasamos pipa. Lo más destacable fué que alcanzamos la mismísima punta de la Península, allá donde se unen el Océano Pacífico y el Mar de Cortés. Y estuvimos en la únca playa que hemos visto con dos orillas opuestas.

A la vuelta nos dejaron en La paz, donde cruzamos al continente en ferry. Nos esperaban Tepic y Puerto Vallarta. Ya empezabamos a sufrir una seria impaciencia por encontrarnos con Nadx, Iyari y Pedro.

 

SURFEANDO HAWÁI, SAN FRANCISCO, L.A. Y LAS VEGAS

Aterrizamos en Honolulu a las seis de la mañana, y no salimos del aeropuerto hasta bien pasadas las diez. Nos retuvieron, nos interrogaron, nos registraron exhaustivamente por razones desconocidas. Nosotros suponemos que se asustaron porque anduvimos por Rusia, China y algún que otro país comunista o musulmán. Sospechoso, ¿verdad?.

Por lo que respecta a Hawái, tan solo conocimos Honolulu, con su Waikiki Beach y su Pearl Harbor. Nos resultó bastante insípido, la verdad. Las playas no son como las venden en las películas, el agua está muy fría y las olas son imposibles, a no ser que seas surfero, claro. Es todo carísimo y está demasiado turisteado, por lo que resulta imposible encontrar un remanso de paz donde «vivir hawaianamente la vida». Pearl Harbor, por su parte, no deja de ser un canal para difundir la más que consabida propaganda americanista, donde en lugar de mostrar los horrores de la guerra tratan de ensalzar a sus soldados como auténticos héroes que hicieron el más grande sacrificio por su país: soldados que murieron mientras dormían en un barco de guerra… Héroes, honor y patria… Bullshit.

En San Francisco estuvimos una semanita, la pasamos griposos, pero aún así disfrutamos bastante. Nos quedamos en casa de Rob y aprovechamos para hacernos con un nuevo equipo de fotos. ¡Guay!

La ciudad es chula, con sus cuestas, sus tranvías, su pier 39, sus leones marinos, su Golden Gate y su Alcatraz. Pero lo más divertido de San Francisco es su fauna humana: son abiertos, no demasiado patrióticos, liberales, con inquietudes culturales y un sentido de la moda bastante particular. En una ocasión nos topamos de lleno con un viejo en pelotas, bueno, casi en pelotas, porque el único atuendo que llevaba era una especie de taparrabos, mínimo, algo así como un condón de lana que le tapaba también sus huevos. Fué bastante como de susto. Hay cientos de músicos en la calle, y son muy buenos. Por supuesto, la «comunidad gay» está muy presente.

La visita a Alcatraz está rechula, hay audioguias en castellano y la narración es en primera persona por guardias y presos que estuvieron allí, eso lo hace muy especial. Lo único que me decepcionó de la prisión fué saber que «Birdman» nunca tuvo un pájaro en Alcatraz, y además era malo malísimo, de los peores psicópatas que pasaron por allí… con lo majo que se veía al Burt Lancaster… Una larga enfermedad lo tuvo confinado casi todo el tiempo en las celdas de la enfermería. No a Burt, a «Birdman«, of course.

Los Ángeles es feo, feo, feísimo. El centro se salva un poco, pero aún así no tiene nada especial, algún edificio interesante, pero nada del otro mundo.

Otro mundo es lo que pensábamos que encontraríamos en Hollywood, pero no. He visto más glamour en una boda gitana. Todo está caduco: indigentes, locos y borrachos, tiendas de lencería hortera y 3.000 estrellas en el suelo, estrellas que han de pagar los propios estrellados a razón de 30.000 dólares.  Se salva un poco la entrada del Teatro Chino por aquello de las huellas en el cemento. Eso mola.

Sunset Boulevard es requetelarga. Lo más interesante que encontramos, y por sorpresa, fué, sin duda alguna, el museo Psiquiatría: Industria de la muerte. Allí nos confirmaron los desatres de la psiquiatría en todo el mundo, especialmente en USA. Curiosamente en Hollywood muchas estrellas se han suicidado justo después de visitar a su psiquiatra, entre ellas Marylin Monroe, Ernest Hemingway o Judy Garland.

Hicimos un tour por Mulholland Drive, Beberly Hills y alrededores, donde pudimos ver, desde fuera y sin bajarnos de la furgonetita, las casas de muchos de los más famosos, aunque la mayor parte de ellas sólo se podían adivinar detrás de las inmensas vallas y enormes setos. También vimos las localizaciones de películas que están en la ruta;  esa parte está muy chula.

Beverly Hills es como un estado independiente dentro de Los Ángeles, las calles están diseñadas a conciencia, donde todo es perfecto: la alineación de los árboles, las bocas de incendios plateadas, hasta el aire corre en diferente sentido. En el trozo de Sunset Boulevard que atraviesa Beverly Hills están localizados los garitos y restaurantes propiedad de los famosos del séptimo arte, donde los precios son astronómicos. Nos hubiera gustado tomarnos algo en el bar de Johnny Depp, y pasar la noche en el hotel de Leonardo DiCaprio, después de una noche loca en el club de Cindy Crawford. Otra vez será. Y así llegamos a las tiendas de las marcas más exclusivas, donde cabe destacar al sastre del mismísimo Barak Obama, una cita en su apretada agenda cuesta nada menos que 1.200 dólares.

Conocer unos estudios de cine era algo así como obligado, así que nos decidimos a pagar los 53$ que costaba la visita a la «Paramount«. Mala decisión. Quizá es porque fuimos en finde y estaba todo bastante vacío, pero resultó aburridote. No es que sea un fake, pero no vale su precio, desde nuestro punto de vista. Está simpático el decorado de New York, y es interesante tomarse una foto en la tienda donde Audrey Hepburn roba en Desayuno con diamantes, pero la visita no dá mucho más de sí. No deja de ser un gran complejo de grandes naves. Y el tour te lleva a estudios donde se graban algunas comedias americanas que a nosotros ni nos van ni nos vienen. Tienen unas pocas estatuillas de los Oscars ganados, pero están en una vitrina y no se pueden tocar, así que te muestran una réplica para que compruebes su peso, pero no es lo mismo.

¿Hubiera sido mejor elección la visita a otros estudios? No íbamos a caer otra vez en la tentación, así que nos fuimos a Las Vegas.

Un único propósito nos llevó a la ciudad de los casinos: jugar al póker, jugar hasta ganar 15.000$. Viajar entonces por el Cañón del Colorado en helicóptero, alquilar un Masserati, ir al Cirque du Soleil, comer en un restaurante caro y continuar con nuestro viaje de mochileros miserables. Empezamos ganando, y luego ganamos otra vez, y otra, y otra… y luego perdimos, y perdimos y seguimos perdiendo… Nos fuimos como llegamos, pero muy orgullosos de haber sido capaces de financiarnos una semanita completa de juegos, comidas y hoteles.

Hay que reconocer que un poquito desilusionadetes sí que nos subimos en el autobús que nos llevaría a Tijuana, pero felices de regresar a países económicos y de volver a hablar español. Pero eso será otra entrada.