LA GRAN MURALLA CHINA (De cómo perderse la atracción insigne de un país)

Seguramente algún día escriba sobre las diferencias entre ser viajero y ser turista. Nosotros nos consideramos viajeros, tanto que, a veces incluso, huimos de lugares turísticos, especialmente en China, por lo de siempre, son tantos que cualquier lugar de interés estará “petao”, atestado y desbordado de miles de ellos haciendo fotos a diestro, a siniestro y al que os escribe, porque allí, para bien o para mal, nosotros somos atracción turística.

La Gran Muralla China tiene como más de 21.000Km, o algo así, de modo que no nos parecía demasiado difícil encontrar un rinconcito más o menos “salvaje”.

Teníamos tres opciones:

1.  Ir a un lugar recóndito, perdido de la mano de Dios.

2. Ir a donde va todo el mundo y dejarnos de gilipolleces viajeras.

3. Ir a donde sólo van unos pocos, algo así como un término medio.

Conociendo ya como conocíamos la China, optamos por la tercera opción. La primera, a buen seguro, sería un calvario por las dificultades propias de comunicación, y la segunda sería un calvario por tener que lidiar con las hordas de turistas chinos.

Perfectamente informados (bendito internet), nos fuimos a la estación de buses a coger el autobús exprés 916 que nos llevaría a Huairou, un pueblito a una hora de Beijing. Una vez allí, a 100 metros nos encontraríamos una parada donde tomar el 936, que nos llevaría hasta la misma Muralla. Fácil.

Llevábamos más o menos una hora en el autobús 916 cuando un señor vestido como los conductores y chapurreando inglés nos advirtió de que estábamos en nuestra parada, que era allí donde teníamos que bajarnos. Y nos bajamos. Y entonces nos señaló un coche.

-¿Subirnos al coche? … ¿400 yuanes?… ¡Suputamadre!.

Y nos pusimos a caminar, en medio de la nada, hasta que llegamos  a Huairou. Buscamos y encontramos la parada para el siguiente autobús. Allí decenas de buscavidas nos acosaban ofreciendo transporte a la Muralla, pero nosotros, inmutables, esperábamos  al 936. Y el 936 llegó, y cuando fuimos a entrar el conductor, con gesto muy desagradable, no nos dejó subir al autobús de los cojones, no sabíamos porqué, pero nos dejó tiraos en la parada. Los buscavidas se reían y nos enseñaban fotos de la Muralla. Nosotros, ya bastante cabreados, nos fuimos de allí, teníamos un plan B.

El plan B era tomar un autobús local sin número pero con el nombre del destino, Water Great Wall, en chino o preguntar por Huanghuachéng; empresa nada fácil, pero encontramos la parada de marras. Liamos a un señor del ICBC Bank que nos intentó ayudar, pero cuando llegó el autobús tampoco subimos,  el conductor decía que no iba a donde nosotros queríamos.

El calor empezaba a pasar factura, ya llevábamos varias horas lidiando para nada y pensábamos en desistir, pero el empleado de banca no estaba dispuesto a rendirse, se cambió de ropa y nos acompañó a otra parada, donde tomar el 212, que nos llevaría a otra parada donde pasaba el 211, que ése sí, seguro, más que seguro, nos llevaría a la puta Muralla de los cojones.

Pero donde nos dejó el 212, no pasaba el 211. Había, eso sí, buscavidas ofreciendo su  furgoneta bastante más barata que al princio de la mañana.

– ¿Qué hacemos, tío?

– Yo que sė. Up to you. Por mí, que le den por culo a tos estos cabrones.

– ¡Jodeeeerrrrr!, me puede el orgullo.

– A mí a estas alturas me suda la polla de la Muralla de los huevos. No somos turistas, somos viajeros.

– ¿ Y nos vamos a ir sin ver la Muralla?

– Me la suda la Muralla.

– A mí también.

– Pos al carajo. Ámonos.

– Pos vámonos.

Y nos fuimos sin ver la dichosa Muralla. Al día siguiente lo volvimos a intentar, pero no tuvimos tiempo suficiente porque nos aguardaba un tren hacia Taiyuán.

Sabed que hay autobuses falsos, en paradas falsas, que te llevan por un dineral a donde a ellos les sale de los huevos. Sabed que los autobuses públicos paran antes de su destino para que los “turistas” paguen un dineral en coches privados que finalmente los llevarán al mismo sitio . Pero nosotros no somos turistas, somos viajeros, no nos dejamos timar, pero nos fuimos de China sin ver la Gran Muralla.

 

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Turistas chinos esperando en parada falsa. El 919 y el 877 van a la Muralla, pero la parada oficial está 200m. más adelante.
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Parada oficial.

 

 

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TUK-TUK EN LAOS (De cómo no perder malos hábitos)

El rollo Tuk-Tuk en Laos es casi como en cualquier parte del Sudeste Asiático. Pasas caminando por una esquina donde hay una decena de ellos parados dormitando a la sombra de sus vehículos, no los miras porque no quieres que te “acosen”, aceleras el paso y clavas la vista en el suelo, pero, inevitablemente, uno de ellos te grita:

– “Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?… Where you go?”

-“No. Thank you very much”, contestas sonriendo, por no decirle que vas a donde te sale de los huevos y que a él qué coño le importa.

Pero hay una decena de ellos aparcados, y los gritos del primero alertan a los demás que igualmente te gritan:

-“Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?…

– “No, thank you”

– “Tuk-Tuk!!? Tuk-Tuk!!?… Where you go?”

– “No!!!.”

A los últimos ya incluso los miras mal. Dan ganas de pararse a explicarles que ya sabes que son Tuk-Tuk, que no los necesitas, y que por más de ellos que haya, y más veces que te lo ofrezcan, sigues sin necesitarlos. Dan ganas de explicarles que cuando le has dicho al primero que no, se podían dar todos por aludidos, pero no lo haces, a veces, incluso, les dices a dónde vas o de dónde eres.

Pero en Laos tienen algo diferente, al caer la noche se transforman, y ademas de “Tuk-Tuk!!”, (si camino yo sólo) puedo  escuchar cosas como:

– “Ladys, sir?, young beautiful ladys?”

– “No, thank you.”

– “Opio?,  Cocain?, Marihuana?…”

Y ahí es donde te tocan la fibra. ¿Marihuana?. ¿Ha dicho maihuana?. Alma la utiliza con fines terapéuticos, sigue con sus pequeños problemas. Quizá pueda darle una sorpresa.

Entonces paro, me giro y le hago un gesto internacionalmente conocido mostrando interés. Nos alejamos unos pasos hacia una esquina oscura y sin testigos, y empezamos la negociación. Consigo algo menos de la mitad del precio de salida (lo que en euros sería una ganga) y me guardo la bolsita con el santo remedio para darle una sorpresa a mi compañera.

Al llegar a la habitación, casi románticamente le cuento mi experiencia, le enseño el tesoro y ella contesta:

– ¡Pero que dices!. ¡¿Cuánto te has gastao?!. ¡Se te ha ido la olla!. ¡¿¿No ves que aquí no puedo elaborarlo??!.

– ¡Vaya por dios!. ¡Voy a tener que fumármela!… ¡Jo!…

 

 

 

 

 

 

 

LA VISA A CHINA GESTIONADA EN ULÁN BATOR

Para sacar el visado a China lo mejor es hacerlo desde España (o país de residencia) y ya está.

Así lo hicimos nosotros:

Llegamos a Ulán Bator un día improcedente, esto es porque la embajada de China abre sólo los lunes, miércoles y viernes, pero si además ese viernes es festivo (1 de mayo en nuestro caso) la cosa se pone fea, y si no tienes demasiado tiempo, feísima. Si todo va bien, cosa que es difícil, el primer día se entrega la documentación por la mañana (cuidadín con las colas), y el siguiente día se recoge por la tarde.

Nos presentamos con nuestros pasaportes, nuestras fotos, y todo lo que habíamos “bicheado” en internet, y la respuesta de la funcionaria fué la siguiente:

– Lee lo que necesitas y cuando lo tengas todo vuelves.

Por supuesto, nos denegaron el visado, y es que no llevábamos la mitad de las cosas que hacen falta. A saber:

-Pasaporte original y fotocopia de las páginas de datos y visado de Mongolia.

No llevábamos fotocopias, es un problema menor porque relativamente cerca hay un sitio donde las hacen, “un canon” que dicen ellos.

– Booking de hoteles donde vas a hospedarte.

No lo llevábamos. Si tienes previstos hoteles y los tienes reservados, perfecto, en caso contrario, te metes en hostelbookers.com, ctrip.com o similares, reservas habitaciones en las ciudades que vas a visitar, y cuando te den la visa las cancelas. Te tocará perder un porcentaje del precio, por lo que recomiendo busques lo más barato. No olvides imprimir la confirmación de reserva de cada hotel. Cuantos más días reserves mejor.

– Fotocopia de cuenta bancaria.

Así cómo suena. Nosotros adjuntamos una en la que teníamos 700€ y fué suficiente.

– Carta de invitación con itinerario detallado del viaje.

Asunto delicado, sólo hay una compañía acreditada en Ulán Bator,  Solid Ways, cuesta 50$ por persona y hay que estar muy encima de ellos porque son bastante ineficaces. No olvidéis crear un buen itinerario que coincida con las reservas de hotel, por supuesto, porque de eso dependerá el tiempo que os den de visa. Beijing tres o cuatro días, Shanghái otros tres o cuatro y Xi’an otros tantos dan para 20 días, si quieres estar un mes te dan por culo, pero aún así pagarás lo mismo.

– Billete de entrada y salida de China (por tierra, mar o aire).

Tampoco lo llevábamos, nos tuvimos que ir a la estación de trenes de Ulán Bator a comprar un billete a Zamiin Uud, justo en la frontera con China, y otro de Zamiin Uud a Ulán Bator para cuando se suponía que estaríamos de regreso. Nos pusieron problemas porque Zamiin Uud sigue siendo Mongolia y querían un billete a una ciudad China, por suerte, no se pueden comprar así tan fácil billetes de trenes chinos on-line y coló, pero tuvimos que llorar un poquito.

– Dos fotografías.

Las teníamos por docenas, pero utilizamos exactamente las mismas que en los pasaportes, por si las moscas.

Esta burocracia se nos comió casi 10 días entre fiestas, findes, denegaciones, idas y venidas y el copón. Siempre nos trataron con caras largas y ninguna amabilidad. Pagamos por una visa de doble entrada de treinta días y treinta días, y nos dieron 20 y 20.

Así lo hicimos nosotros, y nos equivocamos de lleno. Buscad la embajada en vuestro país, por lo menos hablaréis en cristiano.

SURFEANDO LAOS

Pensábamos que cualquier cosa sería mejor que China, pero a Laos llegamos con un poquito de miedo por aquello de poder encontrarnos más de lo mismo. Pero no, en absoluto. Laos es un país auténtico. Hemos encontrado bastante turismo, pero de ése que no chirría los dientes, en su mayoría mochileros, respetuosos con las costumbres, las gentes y la naturaleza del país. No es el mejor destino si lo que buscas es desparrame, fiesta y locura. Aquí se viene a mezclar uno con las gentes de los pueblos, con la jungla, los animales… La vida nocturna es casi inexistente, teniendo en cuenta que vida nocturna se puede considerar de siete de la tarde a doce de la noche. A partir de las diez ya es difícil encontrar nada abierto, pero a las cinco de la mañana empieza la vida.

Hemos visitado Luang Namtha, Oudomxay, Luang Prabhang, Vang Vieng , Vientiane, Champasak y Pakse. Las dos primeras semanas nos acompañaron las lluvias monzónicas, no es que nos importe demasiado que nos llueva, más bien nada, a estas alturas, pero hay que reconocer que se desluce un poquito el viaje. Por otro lado, cuando no llueve hace un calor del copón, y al final no sabe uno si prefiere acabar empapado en agua o empapado en sudor.

Lo ideal por estos lares es hacer trekking, pero a Alma, eso de caminar durante horas por la jungla como que no. Así que lo que hicimos fué explorar pequeñas aldeas, a las que llegábamos por caminos intransitables, comer, o tratar de comer, en lugares inhóspitos donde seguramente ningún guiri había ido a parar jamás.

El couchsurfing en Laos apenas funciona, y los pocos que hay están en la capital, de modo que decidimos intentar nuestra primera experiencia en Helpx, y en Luan Prabhang nos contestaron. Buscamos “La pistoche”, una piscina con bar regentada por Nathalie. Pero para nuestra desgracia no tenía nada interesante que ofrecernos, bueno, algo sí que tenía, el contacto de un tipo canadiense que tenía un resort a media hora de la ciudad.
– ¿Os interesa?
– Síííííí
Dos días después estábamos en Zen Namkhan Boutique Resort, fantástico lugar en mitad de la jungla, para reparar la instalación eléctrica del complejo, traducir su web al castellano, inventariar la lencería del hotel y  hacer todo aquello de lo que fuésemos capaces, eso sí, a ritmo de Laos, tranquilamente, sin prisa pero sin pausa. Era nuestra primera experiencia en Helpx, y también para Luc y para Moon, por lo que al final casi resultó una experiencia de amistad más que de intercambio de “intereses”. Yo, concretamente, encontré en Luc a uno de los míos, y cada tarde nos juntábamos en la mejor cabaña para charlar, “fumar” y beber gintonics. Podíamos haber estado un mes, o un año, o dos…, pero el propósito de este viaje es darle la vuelta al mundo, y cada país tiene su tiempo limitado (por las visas). A la semana nos fuimos. No echaremos de menos a los mosquitos, las hormigas carnívoras, las  superarañas y todo tipo de insectos king size con los que convivimos y compartimos dormitorio. Nunca olvidaremos a San, a Meng, a Monk y todo el staff con el que compartimos momentos deliciosos.

Por el camino, hemos visitado cascadas, templos, junglas, ruinas milenarias, mercados nocturnos y diurnos, y, por supuesto, el rey de Laos, el río Mekong, que lo atraviesa de norte a sur y  resulta impresionante en cada rincón que lo descubres. Hemos pasado un montón de horas en autobuses locales, aunque no hayamos hecho demasiados kilómetros. Hemos dormido en habitaciones de ensueño y en otras frías y tristes, pero en ninguna parte nos hemos encontrado un Meliá, Hilton, Mcdonalds, Starbucks, KFC, Zara, Louis Vuitton o cualquier tipo de corporación transnacional chupasangres. No los tienen y no los necesitan, quizá los conozcan,  incluso álguien los pueda desear, pero he podido ver como consumen sus propios alimentos, manufacturan sus vestidos y son la mar de felices. De la Cocacola no nos libramos.

Y como siempre, hemos conocido gentes alucinantes. Unos pocos españoles se nos han cruzado en el camino y, la verdad, es que todos han sido de lujo. Quizá es porque ya llevamos seis meses viajando, y han sido tantos los “hola y adiós”, que hemos aprendido a vivir intensamente los encuentros, máxime cuando nos une el idioma.

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Me voy de Laos enamorado de Vientiane, la capital, no porque tenga mucho que ver, porque la verdad es que ofrece muy poco en lo que se refiere a interés monumental, museístico, arquitectónico y esas cosas que hacen de las ciudades destinos ineludibles. Me enamoré de su calma, del tráfico lento, de la amabilidad de la gente y de sus noches mágicas. (No tiré ni una sola foto)

Es momento de que os vengais pa Laos, no porque nosotros nos vayamos, sino porque sobre toda su pureza planea la sombra de un imperio capitalista llamado China, porque ya se pueden adivinar vestigios de una industria turística que , ojalá me equivoque, convertirán este bello país en otro prostíbulo del Sudeste Asiático.