TUK-TUK EN LAOS (De cómo no perder malos hábitos)

El rollo Tuk-Tuk en Laos es casi como en cualquier parte del Sudeste Asiático. Pasas caminando por una esquina donde hay una decena de ellos parados dormitando a la sombra de sus vehículos, no los miras porque no quieres que te “acosen”, aceleras el paso y clavas la vista en el suelo, pero, inevitablemente, uno de ellos te grita:

– “Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?… Where you go?”

-“No. Thank you very much”, contestas sonriendo, por no decirle que vas a donde te sale de los huevos y que a él qué coño le importa.

Pero hay una decena de ellos aparcados, y los gritos del primero alertan a los demás que igualmente te gritan:

-“Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?…

– “No, thank you”

– “Tuk-Tuk!!? Tuk-Tuk!!?… Where you go?”

– “No!!!.”

A los últimos ya incluso los miras mal. Dan ganas de pararse a explicarles que ya sabes que son Tuk-Tuk, que no los necesitas, y que por más de ellos que haya, y más veces que te lo ofrezcan, sigues sin necesitarlos. Dan ganas de explicarles que cuando le has dicho al primero que no, se podían dar todos por aludidos, pero no lo haces, a veces, incluso, les dices a dónde vas o de dónde eres.

Pero en Laos tienen algo diferente, al caer la noche se transforman, y ademas de “Tuk-Tuk!!”, (si camino yo sólo) puedo  escuchar cosas como:

– “Ladys, sir?, young beautiful ladys?”

– “No, thank you.”

– “Opio?,  Cocain?, Marihuana?…”

Y ahí es donde te tocan la fibra. ¿Marihuana?. ¿Ha dicho maihuana?. Alma la utiliza con fines terapéuticos, sigue con sus pequeños problemas. Quizá pueda darle una sorpresa.

Entonces paro, me giro y le hago un gesto internacionalmente conocido mostrando interés. Nos alejamos unos pasos hacia una esquina oscura y sin testigos, y empezamos la negociación. Consigo algo menos de la mitad del precio de salida (lo que en euros sería una ganga) y me guardo la bolsita con el santo remedio para darle una sorpresa a mi compañera.

Al llegar a la habitación, casi románticamente le cuento mi experiencia, le enseño el tesoro y ella contesta:

– ¡Pero que dices!. ¡¿Cuánto te has gastao?!. ¡Se te ha ido la olla!. ¡¿¿No ves que aquí no puedo elaborarlo??!.

– ¡Vaya por dios!. ¡Voy a tener que fumármela!… ¡Jo!…