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Viajando alrededor del mundo. Surfing the world

LA GRAN MURALLA CHINA (De cómo perderse la atracción insigne de un país)

Seguramente algún día escriba sobre las diferencias entre ser viajero y ser turista. Nosotros nos consideramos viajeros, tanto que, a veces incluso, huimos de lugares turísticos, especialmente en China, por lo de siempre, son tantos que cualquier lugar de interés estará «petao», atestado y desbordado de miles de ellos haciendo fotos a diestro, a siniestro y al que os escribe, porque allí, para bien o para mal, nosotros somos atracción turística.

La Gran Muralla China tiene como más de 21.000Km, o algo así, de modo que no nos parecía demasiado difícil encontrar un rinconcito más o menos «salvaje».

Teníamos tres opciones:

1.  Ir a un lugar recóndito, perdido de la mano de Dios.

2. Ir a donde va todo el mundo y dejarnos de gilipolleces viajeras.

3. Ir a donde sólo van unos pocos, algo así como un término medio.

Conociendo ya como conocíamos la China, optamos por la tercera opción. La primera, a buen seguro, sería un calvario por las dificultades propias de comunicación, y la segunda sería un calvario por tener que lidiar con las hordas de turistas chinos.

Perfectamente informados (bendito internet), nos fuimos a la estación de buses a coger el autobús exprés 916 que nos llevaría a Huairou, un pueblito a una hora de Beijing. Una vez allí, a 100 metros nos encontraríamos una parada donde tomar el 936, que nos llevaría hasta la misma Muralla. Fácil.

Llevábamos más o menos una hora en el autobús 916 cuando un señor vestido como los conductores y chapurreando inglés nos advirtió de que estábamos en nuestra parada, que era allí donde teníamos que bajarnos. Y nos bajamos. Y entonces nos señaló un coche.

-¿Subirnos al coche? … ¿400 yuanes?… ¡Suputamadre!.

Y nos pusimos a caminar, en medio de la nada, hasta que llegamos  a Huairou. Buscamos y encontramos la parada para el siguiente autobús. Allí decenas de buscavidas nos acosaban ofreciendo transporte a la Muralla, pero nosotros, inmutables, esperábamos  al 936. Y el 936 llegó, y cuando fuimos a entrar el conductor, con gesto muy desagradable, no nos dejó subir al autobús de los cojones, no sabíamos porqué, pero nos dejó tiraos en la parada. Los buscavidas se reían y nos enseñaban fotos de la Muralla. Nosotros, ya bastante cabreados, nos fuimos de allí, teníamos un plan B.

El plan B era tomar un autobús local sin número pero con el nombre del destino, Water Great Wall, en chino o preguntar por Huanghuachéng; empresa nada fácil, pero encontramos la parada de marras. Liamos a un señor del ICBC Bank que nos intentó ayudar, pero cuando llegó el autobús tampoco subimos,  el conductor decía que no iba a donde nosotros queríamos.

El calor empezaba a pasar factura, ya llevábamos varias horas lidiando para nada y pensábamos en desistir, pero el empleado de banca no estaba dispuesto a rendirse, se cambió de ropa y nos acompañó a otra parada, donde tomar el 212, que nos llevaría a otra parada donde pasaba el 211, que ése sí, seguro, más que seguro, nos llevaría a la puta Muralla de los cojones.

Pero donde nos dejó el 212, no pasaba el 211. Había, eso sí, buscavidas ofreciendo su  furgoneta bastante más barata que al princio de la mañana.

– ¿Qué hacemos, tío?

– Yo que sė. Up to you. Por mí, que le den por culo a tos estos cabrones.

– ¡Jodeeeerrrrr!, me puede el orgullo.

– A mí a estas alturas me suda la polla de la Muralla de los huevos. No somos turistas, somos viajeros.

– ¿ Y nos vamos a ir sin ver la Muralla?

– Me la suda la Muralla.

– A mí también.

– Pos al carajo. Ámonos.

– Pos vámonos.

Y nos fuimos sin ver la dichosa Muralla. Al día siguiente lo volvimos a intentar, pero no tuvimos tiempo suficiente porque nos aguardaba un tren hacia Taiyuán.

Sabed que hay autobuses falsos, en paradas falsas, que te llevan por un dineral a donde a ellos les sale de los huevos. Sabed que los autobuses públicos paran antes de su destino para que los «turistas» paguen un dineral en coches privados que finalmente los llevarán al mismo sitio . Pero nosotros no somos turistas, somos viajeros, no nos dejamos timar, pero nos fuimos de China sin ver la Gran Muralla.

 

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Turistas chinos esperando en parada falsa. El 919 y el 877 van a la Muralla, pero la parada oficial está 200m. más adelante.
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Parada oficial.

 

 

TUK-TUK EN LAOS (De cómo no perder malos hábitos)

El rollo Tuk-Tuk en Laos es casi como en cualquier parte del Sudeste Asiático. Pasas caminando por una esquina donde hay una decena de ellos parados dormitando a la sombra de sus vehículos, no los miras porque no quieres que te «acosen», aceleras el paso y clavas la vista en el suelo, pero, inevitablemente, uno de ellos te grita:

– «Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?… Where you go?»

-«No. Thank you very much», contestas sonriendo, por no decirle que vas a donde te sale de los huevos y que a él qué coño le importa.

Pero hay una decena de ellos aparcados, y los gritos del primero alertan a los demás que igualmente te gritan:

-«Tuk-Tuk!!?. Tuk-Tuk!!?…

– «No, thank you»

– «Tuk-Tuk!!? Tuk-Tuk!!?… Where you go?»

– «No!!!.»

A los últimos ya incluso los miras mal. Dan ganas de pararse a explicarles que ya sabes que son Tuk-Tuk, que no los necesitas, y que por más de ellos que haya, y más veces que te lo ofrezcan, sigues sin necesitarlos. Dan ganas de explicarles que cuando le has dicho al primero que no, se podían dar todos por aludidos, pero no lo haces, a veces, incluso, les dices a dónde vas o de dónde eres.

Pero en Laos tienen algo diferente, al caer la noche se transforman, y ademas de «Tuk-Tuk!!», (si camino yo sólo) puedo  escuchar cosas como:

– «Ladys, sir?, young beautiful ladys?»

– «No, thank you.»

– «Opio?,  Cocain?, Marihuana?…»

Y ahí es donde te tocan la fibra. ¿Marihuana?. ¿Ha dicho maihuana?. Alma la utiliza con fines terapéuticos, sigue con sus pequeños problemas. Quizá pueda darle una sorpresa.

Entonces paro, me giro y le hago un gesto internacionalmente conocido mostrando interés. Nos alejamos unos pasos hacia una esquina oscura y sin testigos, y empezamos la negociación. Consigo algo menos de la mitad del precio de salida (lo que en euros sería una ganga) y me guardo la bolsita con el santo remedio para darle una sorpresa a mi compañera.

Al llegar a la habitación, casi románticamente le cuento mi experiencia, le enseño el tesoro y ella contesta:

– ¡Pero que dices!. ¡¿Cuánto te has gastao?!. ¡Se te ha ido la olla!. ¡¿¿No ves que aquí no puedo elaborarlo??!.

– ¡Vaya por dios!. ¡Voy a tener que fumármela!… ¡Jo!…

 

 

 

 

 

 

 

LA VISA A CHINA GESTIONADA EN ULÁN BATOR

Para sacar el visado a China lo mejor es hacerlo desde España (o país de residencia) y ya está.

Así lo hicimos nosotros:

Llegamos a Ulán Bator un día improcedente, esto es porque la embajada de China abre sólo los lunes, miércoles y viernes, pero si además ese viernes es festivo (1 de mayo en nuestro caso) la cosa se pone fea, y si no tienes demasiado tiempo, feísima. Si todo va bien, cosa que es difícil, el primer día se entrega la documentación por la mañana (cuidadín con las colas), y el siguiente día se recoge por la tarde.

Nos presentamos con nuestros pasaportes, nuestras fotos, y todo lo que habíamos «bicheado» en internet, y la respuesta de la funcionaria fué la siguiente:

– Lee lo que necesitas y cuando lo tengas todo vuelves.

Por supuesto, nos denegaron el visado, y es que no llevábamos la mitad de las cosas que hacen falta. A saber:

-Pasaporte original y fotocopia de las páginas de datos y visado de Mongolia.

No llevábamos fotocopias, es un problema menor porque relativamente cerca hay un sitio donde las hacen, «un canon» que dicen ellos.

– Booking de hoteles donde vas a hospedarte.

No lo llevábamos. Si tienes previstos hoteles y los tienes reservados, perfecto, en caso contrario, te metes en hostelbookers.com, ctrip.com o similares, reservas habitaciones en las ciudades que vas a visitar, y cuando te den la visa las cancelas. Te tocará perder un porcentaje del precio, por lo que recomiendo busques lo más barato. No olvides imprimir la confirmación de reserva de cada hotel. Cuantos más días reserves mejor.

– Fotocopia de cuenta bancaria.

Así cómo suena. Nosotros adjuntamos una en la que teníamos 700€ y fué suficiente.

– Carta de invitación con itinerario detallado del viaje.

Asunto delicado, sólo hay una compañía acreditada en Ulán Bator,  Solid Ways, cuesta 50$ por persona y hay que estar muy encima de ellos porque son bastante ineficaces. No olvidéis crear un buen itinerario que coincida con las reservas de hotel, por supuesto, porque de eso dependerá el tiempo que os den de visa. Beijing tres o cuatro días, Shanghái otros tres o cuatro y Xi’an otros tantos dan para 20 días, si quieres estar un mes te dan por culo, pero aún así pagarás lo mismo.

– Billete de entrada y salida de China (por tierra, mar o aire).

Tampoco lo llevábamos, nos tuvimos que ir a la estación de trenes de Ulán Bator a comprar un billete a Zamiin Uud, justo en la frontera con China, y otro de Zamiin Uud a Ulán Bator para cuando se suponía que estaríamos de regreso. Nos pusieron problemas porque Zamiin Uud sigue siendo Mongolia y querían un billete a una ciudad China, por suerte, no se pueden comprar así tan fácil billetes de trenes chinos on-line y coló, pero tuvimos que llorar un poquito.

– Dos fotografías.

Las teníamos por docenas, pero utilizamos exactamente las mismas que en los pasaportes, por si las moscas.

Esta burocracia se nos comió casi 10 días entre fiestas, findes, denegaciones, idas y venidas y el copón. Siempre nos trataron con caras largas y ninguna amabilidad. Pagamos por una visa de doble entrada de treinta días y treinta días, y nos dieron 20 y 20.

Así lo hicimos nosotros, y nos equivocamos de lleno. Buscad la embajada en vuestro país, por lo menos hablaréis en cristiano.

SURFEANDO LAOS

Pensábamos que cualquier cosa sería mejor que China, pero a Laos llegamos con un poquito de miedo por aquello de poder encontrarnos más de lo mismo. Pero no, en absoluto. Laos es un país auténtico. Hemos encontrado bastante turismo, pero de ése que no chirría los dientes, en su mayoría mochileros, respetuosos con las costumbres, las gentes y la naturaleza del país. No es el mejor destino si lo que buscas es desparrame, fiesta y locura. Aquí se viene a mezclar uno con las gentes de los pueblos, con la jungla, los animales… La vida nocturna es casi inexistente, teniendo en cuenta que vida nocturna se puede considerar de siete de la tarde a doce de la noche. A partir de las diez ya es difícil encontrar nada abierto, pero a las cinco de la mañana empieza la vida.

Hemos visitado Luang Namtha, Oudomxay, Luang Prabhang, Vang Vieng , Vientiane, Champasak y Pakse. Las dos primeras semanas nos acompañaron las lluvias monzónicas, no es que nos importe demasiado que nos llueva, más bien nada, a estas alturas, pero hay que reconocer que se desluce un poquito el viaje. Por otro lado, cuando no llueve hace un calor del copón, y al final no sabe uno si prefiere acabar empapado en agua o empapado en sudor.

Lo ideal por estos lares es hacer trekking, pero a Alma, eso de caminar durante horas por la jungla como que no. Así que lo que hicimos fué explorar pequeñas aldeas, a las que llegábamos por caminos intransitables, comer, o tratar de comer, en lugares inhóspitos donde seguramente ningún guiri había ido a parar jamás.

El couchsurfing en Laos apenas funciona, y los pocos que hay están en la capital, de modo que decidimos intentar nuestra primera experiencia en Helpx, y en Luan Prabhang nos contestaron. Buscamos «La pistoche», una piscina con bar regentada por Nathalie. Pero para nuestra desgracia no tenía nada interesante que ofrecernos, bueno, algo sí que tenía, el contacto de un tipo canadiense que tenía un resort a media hora de la ciudad.
– ¿Os interesa?
– Síííííí
Dos días después estábamos en Zen Namkhan Boutique Resort, fantástico lugar en mitad de la jungla, para reparar la instalación eléctrica del complejo, traducir su web al castellano, inventariar la lencería del hotel y  hacer todo aquello de lo que fuésemos capaces, eso sí, a ritmo de Laos, tranquilamente, sin prisa pero sin pausa. Era nuestra primera experiencia en Helpx, y también para Luc y para Moon, por lo que al final casi resultó una experiencia de amistad más que de intercambio de «intereses». Yo, concretamente, encontré en Luc a uno de los míos, y cada tarde nos juntábamos en la mejor cabaña para charlar, «fumar» y beber gintonics. Podíamos haber estado un mes, o un año, o dos…, pero el propósito de este viaje es darle la vuelta al mundo, y cada país tiene su tiempo limitado (por las visas). A la semana nos fuimos. No echaremos de menos a los mosquitos, las hormigas carnívoras, las  superarañas y todo tipo de insectos king size con los que convivimos y compartimos dormitorio. Nunca olvidaremos a San, a Meng, a Monk y todo el staff con el que compartimos momentos deliciosos.

Por el camino, hemos visitado cascadas, templos, junglas, ruinas milenarias, mercados nocturnos y diurnos, y, por supuesto, el rey de Laos, el río Mekong, que lo atraviesa de norte a sur y  resulta impresionante en cada rincón que lo descubres. Hemos pasado un montón de horas en autobuses locales, aunque no hayamos hecho demasiados kilómetros. Hemos dormido en habitaciones de ensueño y en otras frías y tristes, pero en ninguna parte nos hemos encontrado un Meliá, Hilton, Mcdonalds, Starbucks, KFC, Zara, Louis Vuitton o cualquier tipo de corporación transnacional chupasangres. No los tienen y no los necesitan, quizá los conozcan,  incluso álguien los pueda desear, pero he podido ver como consumen sus propios alimentos, manufacturan sus vestidos y son la mar de felices. De la Cocacola no nos libramos.

Y como siempre, hemos conocido gentes alucinantes. Unos pocos españoles se nos han cruzado en el camino y, la verdad, es que todos han sido de lujo. Quizá es porque ya llevamos seis meses viajando, y han sido tantos los «hola y adiós», que hemos aprendido a vivir intensamente los encuentros, máxime cuando nos une el idioma.

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Me voy de Laos enamorado de Vientiane, la capital, no porque tenga mucho que ver, porque la verdad es que ofrece muy poco en lo que se refiere a interés monumental, museístico, arquitectónico y esas cosas que hacen de las ciudades destinos ineludibles. Me enamoré de su calma, del tráfico lento, de la amabilidad de la gente y de sus noches mágicas. (No tiré ni una sola foto)

Es momento de que os vengais pa Laos, no porque nosotros nos vayamos, sino porque sobre toda su pureza planea la sombra de un imperio capitalista llamado China, porque ya se pueden adivinar vestigios de una industria turística que , ojalá me equivoque, convertirán este bello país en otro prostíbulo del Sudeste Asiático.

SURFEANDO CHINA (Segunda ola)

Uno de mis refranes favoritos, ese que siempre he cumplido a rajatabla, es aquél de Allá donde fueres, haz lo que vieres. Y así lo he venido haciendo en mis cuarenta y dos años de vida, hasta que llegué a China. Aquí tocan las excepciones, y es que este país es culturalmente, ¿cómo lo diría sin ofender?… ummmm……., no sé, digamos que están dormidos. El régimen los tiene catatónicos desde hace varias generaciones, no a todos, por supuesto, pero la mayoría de ellos parece que se cayeron ayer de un guindo. No quiero que me entendáis mal, los chinos , de hecho, son lo mejor de China, siempre y cuando no estés en la cola de un transporte público, entrada a lugar de interés turístico o cualquier cosa por el estilo en la que haya que guardar turno, porque entonces se mutan, se convierten en Mr. China (Ola2)-289Hyde: empujan, chillan, se cuelan con descaro, pierden las formas, el respeto y la vida, si hace falta, por entrar primero o por pillar un asiento. Una vez superado el trance vuelven a su estado normal, donde son amables, cariñosos, simpáticos y risueños.China (Ola2)-287 ¡Pero no bajéis la guardia!, antes o después habrá que salir, entonces volverán a transformarse, a empujar, a chillar y lo que haga falta por salir primero. METRO-1Mención especial al metro de Beijing, donde todas las horas son horas punta, donde literalmente he visto a los de adentro empujar a los de afuera, a los de afuera empujar a los de adentro y al metro irse con las mismas personas con las que llegó. He podido ver ancianas cojas subir escalones de tres en tres y niñas pijas, que bloqueando el acceso al vagón, son pisoteadas por la marabunta mientras esperan para entrar las primeras en el próximo tren.

Hablando de trenes. En China el tren es más barato que el autobús, y eso que los autobuses suelen ser utilizados para una segunda actividad como es el transporte de mangos, cabras muertas, coliflores, sandías… China (Ola2)-286Hay varias clases de trenes: alta velocidad, asientos blandos, asientos duros, camas blandas y camas duras, también puedes ir de pie en caso de que se acaben los asientos. Es MUY, MUY, REQUETEMUY DIFÍCIL encontrar billete en cualquiera de las modalidades en largas distancias, que, por otro lado, es lo más normal en un país tan enorme como éste, aunque si pierdes alguna vez el tren no hay problema, te dan billete para el siguiente con el mismo destino sin coste adicional.

Resulta EXTREMADAMENTE DIFÍCIL comunicarse con el personal que vende los tickets, por lo que viajar en tren por China por tu cuenta es misión cuasi imposible, antes o después pierdes los nervios, la paciencia, las formas y cualquier atisbo de educación y simpatía. Hemos llegado a ver a una de las nenas de marras, totalmente bloqueada, esconderse detrás de la mesa para que no la viéramos; resultaría casi simpático de no ser por los 4.000 chinos convertidos en Mr. Hyde que tienes empujándote detrás, cosa que aguantarías con agrado si no fuera la tercera ventanilla en la que guardas cuarenta minutos de cola con un calor insoportable y un olor indescriptible; quizá todo ello, incluso, sería llevadero si no tuvieses que estar ahí por segunda vez, porque por la mañana viviste la misma película, donde la tipa que te tocó te vendió los billetes que no eran (los que a ella le salió del jigo).

Una vez dentro del tren, y especialmente en trenes de asientos duros, te encuentras con más chinos de los que caben,China (Ola2)-282 todos gritando, comiendo pipas y guarreando el vagón más allá de lo imaginable; las sinfonías de carraspeos y escupitajos son dignas de la filarmónica de Berlín, y que se saquen los mocos, se tiren pedos, se corten las uñas de los pies o se saquen las cerillas de las orejas mientras sorben té o fideos delante de tus narices son algunos de tantos detalles escatológicos que te puedes encontrar. Ahí lo dejo amigos, pasamos más o menos la mitad del viaje en éstas y me estoy empezando a calentar. Estoy esperando a subirme a un tren y más vale llevar los chacras relajados porque sino me como a alguno.

Hablando de comer, por aquí se come de maravilla, por supuesto que no tiene nada que ver con los restaurantes chinos que encuentras en España. Hay sitios cutres por 0’80 € y sitios chic por 40 €, pero en ninguno de ellos te pondrán servilletas en la mesa. Normalmente son especializados: están los de arroz, los de mie (tallarines), los de dumplings…, y es frecuente que no vendan bebidas. Los de carne dibujan el animalito que venden en los carteles: vacas, pollos, perros, serpientes…, si no hay dibujo es porque cocinan cerdo. Tienen una gastronomía bastante variada y llena de matices que da para escribir, no una entrada, sino un blog entero. Es frecuente compartir mesa con ellos. Al principio resulta desagradable, pero pronto te acostumbras a los sorbidos, carraspeos y ruidos en general.

Hablando de ruidos, son ruidosos de cojones (no encuentro mejor calificativo). En cualquier parte, EN CUALQUIER PARTE, carraspean y escupen pollos que ya quisieran los de Payán. China (Ola2)-47Ven sus películas a todo trapo en el móvil, o juegan, o escuchan música, todos a la vez, todos a todo volumen. Cada tienda tiene su altavoz en la calle anunciando a grito pelao sus ofertas, cada dependiente su micrófono con su altavoz portátil; en esta tesitura es fácil entender que entre ellos hablen a gritos. China (Ola2)-271Las motos y algunos coches y Tuc-Tuc circulan por la acera como si llevaran el claxon cogío con cinta aislante para que no deje de sonar. ¿Sabes, cuando estás en la feria entre dos casetas y tres columpios?, pues lo mismo en cada esquina de cada ciudad.

Hablando de ciudades. Son todas modernas, no existe esa China milenaria que te venden en los folletos; bueno, existe el 20% que Mao dejó sin quemar cuando se le acabaron las cerillas, pero ojo, ¡ese 20% está rehabilitado!, modernizado, y te cobran un riñón para poder verlo. Así que, no os engañéis, si venís a China encontraréis ciudades grandes con veinte millones de habitantes o pequeñitas con cinco, pero todas remodernas y en constante crecimiento. Ciudades ruidosas, como os contaba, donde los pasos de peatones sólo sirven para saber donde te vas a jugar la vida al cruzar una calle, donde para ir de una punta a la otra nadie te quita las tres horas, donde los autobuses urbanos o metros llevan el triple de su aforo, donde los taxistas no te llevan si no les sale de los güevos. Ciudades donde la ropa está tendida en las calles, donde hay servicios públicos en todas las esquinas, casi siempre con alguno cagando con las puertas abiertas, si es que hay puertas, donde estás permanentemente vigilado por cámaras de seguridad, donde los comercios son temáticos por calles: la calle de las tiendas de deportes, la de las tiendas de muebles, la de las ferreterías… en las que sueles encontrar a los dependientes durmiendo. Ciudades donde sólo encuentras wifis de milagro, y cuando la encuentras descubres que internet está censurado, y lo que no censuran lo retardan para que desesperes y desistas; ciudades donde se te quedan mirando por ser occidental, o se acercan para ver lo que haces en tu iPad, donde te hacen fotos sin que te des cuenta y donde te piden que poses con ellos para la foto; ciudades donde los niños no usan pañales, llevan pantaloncitos abiertos y mean y cagan allá donde les cogen las ganas; ciudades donde ves a pocas mujeres fumar en público, vistiendo  pantalones diminutos, tacones enormes y cuidándose obsesivamente por que no les dé el sol, donde hay pocos calvos y pocos gordos; ciudades, ciudades, ciudades…

Esta segunda ola nos ha llevado a unas cuantas de ellas: Guangzhou, Chaozhou, Xiamen, Hangzhou, Shanghái, Beijing, Taiyuan, Pingyao y Xi’an. En este periplo hemos conocido gente absolutamente maravillosa y algún que otro imbécil; hemos dormido en hoteles, guesthouses, casas de familias, MacDonalds y en la puta calle; hemos comido marranadas en la calle, delicatessen en restaurantes de lujo y comidas caseras; hemos bebido cerveza fresquita y agua caliente; hemos paseado bajo lluvia torrencial y bajo el sol de justicia con paraguas y sin paraguas; hemos aprendido un poquito de chino (mandarín); nos han engañado, nos hemos dejado engañar y nos hemos peleado para que no nos engañen; hemos ido a donde nos han recomendado y a donde nos ha salido de los güevos; hemos reído y hemos llorado; nos hemos relajado y desesperado, amado y odiado, y eso en sólo dos meses de viaje.

Ahora estamos locos por irnos, por dejar de hablar de China, por terminar esta entrada y sus fotos para dejar este episodio atrás. Es posible que en Laos nos espere más de lo mismo, seguramente sí, pero si decidimos viajar como lo estamos haciendo es precisamente para vivir lo que estamos viviendo, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que el mundo se nos acabe.

SURFEANDO HONG KONG Y MACAO

Lo primero que llama la atención de Hong Kong, al menos al llegar por tierra, es lo fácil que resulta: te subes en un metro en China y en apenas cinco minutos te bajas en HK.  Hay que cruzar una frontera, sí, pero resulta increíblemente sencillo, rellenas el papelito de marras, enseñas el pasaporte y listo, tres meses de permiso sin pagar ni un duro.

Lo segundo que llama la atención es que con el inglés te manejas de maravilla, casi todo el mundo lo habla, aunque sea con poco nivel y acento chino cantonés; después de pasarlas putas en China os garantizo que es gloria bendita.

Íbamos en metro dirección al barrio de Wan Chai a buscar un hostel baratito, pero en las estaciones hay wifi gratis, y esto es lo tercero que nos llamó la atención, además la calidad de la wifi es más que aceptable, así que checkeamos el mail en busca de la respuesta tardía de algún couchsurfer, pero no había, de modo que nos pusimos a buscar una guesthouse online. Descubrimos que en HK todas están en el mismo lugar, un edificio de 29 plantas con cinco bloques, la Chungking Mansions. En cada planta de cada bloque puedes encontrar como seis hostels, casi todos  ellos regentados por indios o turcos que ya te acosan a la entrada ofreciendo camas. Al principio choca un poco, casi diría que dan mal rollo, pero enseguida te acostumbras a ellos. En mi caso ellos también se acostumbraron a mí, el segundo día ya era conocido como el español o pokerman. El tercero ya no me ofrecían ni cama, ni hachís, ni marihuana, ni chicas, ni cocaina; me ofrecían cigarros y nos reíamos juntos en la puerta. Y es que la Chungking Mansions es lo cuarto que nos llamó la atención, hay que visitarla si vas a HK, los bajos están llenos de tiendas de todo tipo y restaurantes indios y turcos, con precios muy razonables y, en algunos casos, exquisitos paladares.

Nos fuimos a la playa a pasar el día, aunque nos fuimos ya bastante entrado el medio día y, entre pitos y flautas, llegamos a última hora de la tarde a una playa bastante fea, pequeña y, sobre todo, atestada. Me río de Benidorm en agosto. En el autobús encontré un iPhone, nos las averiguamos para contactar con el dueño y devolvérselo al día siguiente. Nos querían dar un dinerillo como recompensa. Os podréis imaginar que no lo aceptamos, ¡sólo estamos devolviendo un móvil que no es nuestro, coño!.  Durante la charla y los agradecimientos nos interesamos por saber como se ganaba la vida por aquellos lares una americana, y en un abrir y cerrar de ojos Alma tenía una entrevista de trabajo para dentro de dos días. ¿Os lo podéis creer?, nos salió, le salió a Alma trabajo en HK. Se desestimó por ser para un año como mínimo.

Visitamos al proctólogo en una clínica privada. No os daré detalles porque supongo, espero y deseo que si pasáis por HK no lo visitéis nunca. Muy amablemente el hombre nos explicó el problema y la solución: nos animó a operarnos, pero endemientras nos mandó algunos medicamentos y pomadas. La consulta ascendió a 100€ y la operación rondaba los 3.000€, cosa que nos anima a continuar con los remedios caseros.

Cuando llegamos a HK nos embriagamos de ella, pero al poco resulta aburrida. Por muy suntuosos, lujosos, hiper-megagrandes y postmodernos que sean sus edificios y centros comerciales (los hay por decenas), nos aburren; aunque hay que decir que lo quinto que nos llamó la atención es que puedes cruzar varias cuadras sin pisar la calle, y es que entre centro comercial y centro comercial hay pasadizos, a veces subterráneos y a veces volados, y casi siempre con aire acondicionado. Es cierto que las vistas de la bahía son espectaculares, especialmente por la noche, es lo sexto que nos llamó la atención; aunque el espectáculo de luz y sonido que ofrecen cada noche a las ocho en punto es bastante pobre, cosa que me llamó extraordinariamente la atención, esperaba mucho más. Poco más de esta ciudad, pelín aburrida, demasiado calurosa y sensiblemente cara para lo que estamos acostumbrados. Así que nos fuímos a Macao.

En la antigua colonia portuguesa lo primero que llama la atención son los indicadores y letreros, están en chino y en portugués, o lo que es igual, ¡en cristiano!.

La ciudad no da para mucho más de un par de días. Un día para pasear por el casco antiguo, visitar los barrios coloniales y las ruinas de San Pablo, de las que, por cierto, sólo queda el frontal de la fachada. La verdad, siendo españoles como somos y teniendo lo que tenemos en España, no resulta demasiado espectacular, aunque los chinos lo flipan, y se puede entender.

Y otro día para visitar alguno de los muchísimos casinos que hay. Super hoteles rodeados del más hortera de los lujos y mega casinos llenos de chinos jugando al Baccará como locos. Nosotros visitamos los que tenían poker room y el famoso «Venetian» (el edificio más grande de Asia y tercero más grande del mundo). Me inscribí en un torneo del PokerStars Live, en el casino del complejo «The city of Dreams», y aunque una mala jugada me sacó del torneo en la burbuja (esto es justo antes de conseguir premios), fue muy enriquecedor jugar con chinos y americanos. Y me llenan de orgullo los elogios a mi juego por parte de los que consideré muy buenos jugadores de póker. Otra vez será.

Nos volvemos a China, con los problemas hemorroidales al menos «dormidos» de momento, y con muchas ganas de disfrutar un poquito del país.

¿Nominado para The Versatile Blogger Award?

– Fíjate tú que nos han nominado el blog para unos premios.

– ¿Qué premios?

-Los Versatile Blogger Award.

– Qué bién, ¿no?.

– Psssiii, yo que sé. No creo que merezcamos ningún premio por 20 míseras entradas que llevamos. Además, no somos bloggers, sólo contamos el viaje.

– ¿Y quién nos ha nominado?

El ojo del rincón.

-¿Y ahora?

– Ahora hay que seguir unas reglas, poner la foto del premio, publicar la entrada agradeciendo a quien nos nominó, nominar a 15 blogs y poner el enlace y contar siete cosas sobre nosotros.

– ¿Qué vas a hacer?

– Paso.

– Por lo menos, deberías agradecer la nominación.

– Si, eso sí. Muy agradecido El ojo del rincón. Es muy ilusionante que consideres este blog digno de este premio.

– Y… ¿por qué no cuentas al menos una cosa sobre ti?

– No me gustan las reglas. No las sigo.

SURFEANDO CHINA (Primera ola)

Cuando las cosas salen mal, salen mal, y a nosotros nos pillaron en Mongolia. ¿Os acordáis?.

Lo primero que hicimos en Herenhot, China, fue esperar el tren con destino a Hohhot para encontrarnos con Daniel, el gaditano, y surfear una ola que nos llevaría hacia el oeste, a la China recóndita y al Kirguistán. China (Ola1)-1 China (Ola1)-2Y esperando en la estación nos comimos unos noodles que compramos en Ulán Bator para el viaje. ¡ERROR!. ¿Noodles de Mongolia?. Si os estáis imaginando lo peor estáis acertando de pleno. Esos fideos malditos provocaron una reacción intestinal en cadena, una serie de catastróficas desdichas que nos han jodido, o casi, los primeros veinte días de viaje por China. Pero éste no es un blog de lamentos y quejas, de modo que podéis y debéis reíros con nuestras desgracias, al fin y al cabo nosotros también lo hacemos.

Hemos pasado por Hohhot, Yinchuan, Lanzhou, Chengdú, Guiyang y Yangshuo, y en todas ellas hemos visto nada o casi nada que podamos mencionar a modo de interés turístico, en cuanto a experiencias vamos sobraos.

En Hohhot  paramos en un hostal «ilegal» esperando a que Alma se repusiera. Hay que saber que no todos los hostels de China tienen licencia para albergar extranjeros (es el caso). Lo negoció Dani y nos permitieron hospedarnos con la condición de que no nos dejasemos ver por los vecinos y clientes. Así pasamos nuestros primeros tres días en China, cuasi escondidos, cagando deprisita (todos menos Alma), antes de que alguien pudiese venir al baño compartido, y saliendo y entrando furtivamente por las noches.

Aunque el estado de salud de mi compañera no mejoraba, decidimos partir rumbo a Urumqi; de modo que nos fuimos con nuestros pasaportes a comprar el billete. China (Ola1)-19No había para hoy, ni para mañana, ni para pasado… ¡Así se pierden las olas, amigos!. Hay que saber que conseguir billetes para el tren en China sobre la marcha es poco más o menos imposible. ¡Son 1.400 millones de chinos!, a poco que unos cuantos decidan moverse llenan los trenes para varias semanas. China (Ola1)-21Si algo aprendes al surfear, es que cuando pierdes una ola tienes que mirar para atrás, porque luego vienen otras que, al final, te llevan a la misma orilla, o a una orilla mejor. En este caso vinieron en forma de trenes provinciales de corto recorrido (Travel China Guide) .

Primera parada: Yinchuan. Varias cosas que ver en los alrededores, a priori un lugar bastante apetecible. Nos las averiguábamos para hacer el tour de los sitios de interés sin tener que pagar los 300 yuanes que nos pedían los buscavidas de la estación. La fórmula pasaba por tomar un bus al centro del pueblo y allí buscarnos las habichuelas. Así lo hicimos, tomamos el bus 301 con la esperanza de otear algo interesante por la ventanilla, quizá un Starbucks con wifi (no es nada fácil encontrar wifi en este país), una calle comercial o algo así.

China (Ola1)-22A media mañana estábamos perdidos, en un internet café de una ciudad desconocida, intentando averiguar dónde carajo estábamos y como volver. Por suerte, nos ayudó Chun Li, una couchsurfer China (Ola1)-27con la que quedaríamos para comer y nos daría algunos «tips» para movernos por la ciudad el tiempo que nos quedaba. Cuando digo movernos, me refiero a Dani y el que os escribe, porque mi compañera de aventuras pasó la tarde dormitando en el banco de un parque,  con una tremenda crisis hemorroidal, China (Ola1)-37China (Ola1)-34custodiada por los viejos del lugar (en China los viejos se reúnen en los parques a bailar, cantar, jugar a las cartas y cosas así, de hecho, es una de las cosas que más me han gustado de este inmenso país).

Por supuesto, no hubo tiempo para conocer los sitios de interés de los alrededores.

En Lanzhou los planes volvieron a cambiar. Necesitábamos tiempo para que Alma se repusiera y no queríamos seguir «amargando» el viaje de Dani. Buscamos un couchsurfer para poder estar un par de días relajadamente, tumbados boca abajo, y con niveles de higiene que estuviesen dentro del rango de lo normal.

China (Ola1)-196Pasamos varios días en casa de Dong y su familia; les estamos tremendamente agradecidos por el fabuloso trato, el cariño y los esfuerzos que hicieron por ayudarnos con nuestro problemilla de salud. Aunque por unas razones u otras no nos pudo visitar ningún médico, acudimos a varias farmacias a por medicamentos propios para las hemorroides, para entonces ya habíamos hecho uso de un mix de remedios caseros españoles, China (Ola1)-74chinos y medicinas tradicionales y nuevas, pero aquello no mejoraba. Apenas pudimos dar dos paseos por Lanzhou antes de irnos a Chengdú a molestar a otra familia.

Llegamos a Chengdú con la intención de ver pandas, un parque nacional chulísimo y un mega buda en una roca. Un día para cada cosa, siempre intentando arribar a los nuevos lugares como si no tuviésemos «un grano en el culo» jodiéndonos la vida, pero lo teníamos. China (Ola1)-101 China (Ola1)-105Pasar ocho horas sentados en un autobús para caminar por montañas empinadas no era la mejor de las ideas, así que, finalmente, sólo pudimos ver los pandas y, para colmo, salimos decepcionadetes de allí, creíamos que íbamos a una reserva natural con animales en estado salvaje, o casi salvaje, y el Panda Park no es más que un zoológico monográfico, mu limpio, mu bonico, mu bien organizao, pero no resultó atractivo para nosotros. Por cierto, los pandas preciosos.

China (Ola1)-119Apenas un paseo por Chengdú y el apartamento de Mike y Cindy (hay que saber que los chinos se ponen nombres ingleses porque los suyos no hay dios que los pronuncie), completó nuestro apasionante paso por esta ciudad.

Nuevamente, el siguiente destino, Guiyang, lo marcó la disponibilidad de los trenes . Allí el objetivo era parar tan sólo un día para ver las cascadas de Huangguoshu, China (Ola1)-156las más grandes de China, y seguir con nuestro camino. Contra todo pronóstico todo salió de maravilla. Llegamos por la mañana a casa de Paul, quien además de darnos tickets de entrada nos acompañó a la excursión. Al pricipio parecía que se nos torcía la cosa porque las entradas estaban caducadas, pero nos las ingeniamos para colarnos por la puerta de atrás, así que visitamos las waterfalls gratis. (No hemos hecho un sólo viaje en nuestra vida sin visitar waterfalls).

China (Ola1)-159 China (Ola1)-160Por la noche un amigo de Paul nos invitó a una de las más suculentas cenas que hemos tenido desde que saliéramos, y lo hizo porque estamos haciendo lo que queremos hacer, por cumplir nuestro sueño; es asombroso como la gente en lugar de sentir envidia siente empatía y trata de ayudarnos, o recompensarnos por hacer lo que hacemos. Si visitáis alguna vez Guiyang, no dejéis de cenar en este restaurante:

China (Ola1)-162

Última parada: Yangshuo. Una ciudad pequeñita y muy turística, llena de cosas que ver y hacer. No obtuvimos respuesta de couchsurfing y tocó guesthouse.  China (Ola1)-197En Yangshuo es común alquilarse bicis y pasear por los alrededores, pero, dadas las circunstancias, preferimos pillarnos una scooter cómoda de asientos acolchados. Pasamos un día de fábula dando motazos,China (Ola1)-185 perdiéndonos por las aldeas de los alrededores y visitando campos de té. Pero al final del día sobrevino la catástrofe y nos pasamos los dos días siguientes metidos en la habitación, tumbados boca abajo y saliendo apenas para comer.

Y nos fuimos para Shenzen, en la frontera con Hon Kong; no sin antes «pelear» con la chica de la agencia, porque compramos billetes para el bus cama y nos quería meter en asientos. En condiciones normales quizá me hubiese callado la boca y hubiese aceptado el descuento, pero no estaba dispuesto a renunciar a que Alma viajase tumbada, así que lie el pollo, más bien el chicken, porque lo hice en inglés; por cierto, no se me da nada mal discutir en inglés, me sorprendió lo clarito, fluidito y convincente que puedo llegar a ser. Nos fuimos en bus cama.

Ya veis que calamitosos han resultado ser estos primeros 20 días en China. Volveremos, y esperemos que en mejores condiciones porque en Hong Kong nos espera una cita con el proctólogo.

SURFEANDO MONGOLIA

¡Mongolia!. Escribo esta entrada, como es habitual, a toro pasado; lo hago desde un tren en China, apenas unas horas después de haber dejado atrás el que era una de los más soñados destinos del viaje. Es hora de ordenar recuerdos, de resumir todas las experiencias vividas y plasmar en pocas líneas el revoltijo de sentimientos que nos llevamos de allí. (Pido disculpas por anticipado porque creo que la extensión de este post se me va de las manos).

Quedaban apenas diez minutos para que el tren arrancase y dejásemos atrás el país de las gers. Estaba detenido en la comisaría de la estación acusado de fumar un cigarrillo (en Mongolia está prohibido fumar tabaco). Trataba de explicarle al policía que habíamos gastado hasta el último tugrik porque nos íbamos del país, y que me parecía un poco exagerado que me enchironaran por fumar un cigarro, pero él sólo me daba dos opciones: o pagar 5.000 tugriks o pasar la noche en el calabozo. Alma sollozaba en la puerta de la comisaría tratando de comprender mi adicción al tabaco. El tren estaba a punto de salir, pero mi ángel de la guarda no me defraudó, se presentó en forma de abogado. No sé de qué forma este buen samaritano se dió cuenta de mi problemón, entró en la comisaría y se puso a discutir «a grito pelao» con el poli, yo sólo podía pedir perdón en todos los idiomas que sabía y alguno que me inventaba para la ocasión. Salimos juntos de la comisaría dando efusivamente las gracias y corriendo para no perder el tren que ya estaba saliendo. Y es que cuando las cosas salen mal, salen mal, y en Mongolia todo se nos vino del revés.

La aventura empezó en Ulán Udé (Rusia). El autobús a Ulán Bator salía a las 7:30 de la mañana de la plaza del teatro. Nosotros confirmamos y reconfirmamos el sitio y la hora de partida, incluso una chica nos llevó a la misma plaza cuando llegamos a las 4 de la madrugada desde Irkutsk. A las 10  estábamos en un hotel de cinco estrellas escuchando al recepcionista explicarnos que habían cambiado el lugar de partida varios meses atrás, pero habían olvidado actualizarlo en la web. Perdimos el autobús, no había trenes ese día a Ulán Bator y nosotros teníamos que salir de Rusia sí o sí. Por suerte, el universo está de nuestro lado y ese día nos puso a disposición un autobús aunque estuviera fuera de servicio. Allí íbamos: la familia propietaria del bus y estos dos pasajeros.

Por primera vez desde que salimos de Granada nos vimos obligados a pagar por pasar la noche, y aunque el chico del autobús nos ayudó muchísimo para encontrar una guesthouse en condiciones, ya podíamos intuir que las cosas no venían de cara. Nos fuimos a dormir, positivos como siempre, felices, y por supuesto, con el firme convencimiento de que un contratiempo no podría arruinarnos esta etapa del viaje.

La palabra clave es contratiempo, porque si hablamos de clima, nos nevó, nos llovió, «nos vientó» y nos hizo calor, pero nunca en su justa medida o en el momento adecuado. Y si hablamos de plazos, todo eran contras para poder ajustar los papeleos de la visa a China, las excursiones a los sitios de interés y el tiempo necesario para desarrollar las actividades: o nos sobraban días o nos faltaban horas. Cuando las cosas salen mal, salen mal… y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

El asunto de la visa a China merece su entrada propia, pero cabe decir que es una auténtica pesadilla, huele a comisiones por cada papel tramitado, y cuando la deniegan, que parece lo más normal del mundo, toca esperar un mínimo de dos días para volver a pasar el calvario, y luego otros cuatro para que te devuelvan el pasaporte con el sello. A nosotros nos la denegaron la primera vez, pero en la cola conocimos a Daniel, gaditano afincado en Mongolia, que nos ayudó muchísimo para superar el segundo round con éxito. Aún no sabemos por qué razón nos han dado 40 días cuando pedimos y pagamos 60 días, quizá sea por mis pelos, como dice Daniel. En cualquier caso, nos ha jodido bastante. Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

La primera mañana en Ulán Bator teníamos respuesta en el buzón de couchsurfing de Masha. Nos quedaríamos en su apartamento «soviético», conviviendo con ella, su madre, su hermano y la novia de éste durante una semana, y depués nos trasladaríamos a casa de Otgon y su familia, que incluía a Daniel, el gaditano. En ambas familias nos acogieron y nos trataron de maravilla, pero para nosotros tuvo un significado especial la segunda, porque no eran couchsurfers, sólo gente buena con ganas de ayudar a buena gente como nosotros, y aunque no tuviesen agua corriente, el baño fuese un agujero en el patio, hubiese que hacer una «excursión» para ir a las duchas públicas, y tuviésemos que atravesar las casas de varios vecinos, porque el camino era intransitable incluso a pie, nos dieron todo lo que tenían, y os aseguro que cuando la gente sólo puede ofrecer amor te hace sentir muy bien.

La primera escapada que pudimos hacer fue al Parque Nacional de Terelj, donde se puede montar caballos mongoles y visitar el templo budista Ariyabal . Pero caían copos de nieve como melones y el coche no podía circular sin que lo empujáramos, el templo estaba cerrado y los caballos en la cuadra por el frío. El único paisano que disponía de bestias para alquilarnos nos quiso timar y por poco acabamos «a hostias». Volvimos a casa como habíamos salido. Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

La segunda escapada la hicimos con el hermano de Masha (de nombre inescribible). Las siete horas de viaje de ida las pasamos tiritando; hacía un frío del copón y el coche tenía la calefacción rota, y por si fuera poco, por los bajos entraba el aire gélido de las estepas mongolas; ni los lingotazos de vodka eran capaces de quitarnos el frío del cuerpo. Con los huesos entumecidos apenas teníamos fuerzas para quitarnos de encima a la perra en celo con la que compartíamos el coche. De modo que llegamos a Tsetserleg con los dientes gastados de la tiritera, sabañones en las orejas y los vaqueros llenos de manchas. Por la mañana nos encontramos con algo más de medio metro de nieve en la puerta de casa. ¡Estábamos incomunicados en un pueblo sin internet, sin agua corriente y sin nadie que hablase cristiano!. (No os cuento la situación de tener que limpiarse con nieve cuando sobreviene un apretrón de madrugada porque resulta demasiado escatológico). Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

Está claro que en Mongolia se nos torcieron las cosas, todas las cosas. A pesar de ello, hemos conocido gente maravillosa. Hemos disfrutado de la gastronomía comiendo «Khuushuur» y «buuz» en su versión frita y al vapor,  que son empanadillas de carne; «Byaslag», que son una especie de snacks de queso; además de los archiasiáticos noodles de siempre; y bebiendo «Süütei Tsai», que es té de leche salado que viene incluido con la comida.

Hemos experimentado la vida al más puro estilo Mongol, incluyendo los atestados autobuses urbanos, donde los viejetes nos ceden el asiento, y la conducción por la derecha y el volante a la derecha, cosa que acojona un poco, por aquello de la visibilidad.

Si os da por visitar este país, hacedlo en verano, por favor, y traeros pasta para pagar excursiones oficiales; disfrutaréis de un país encantador, donde los animales viven en libertad, las gentes son sencillas y amables y los paisajes maravillosos.

LOS RUSOS…

Por más que los rusos se pongan a parir entre ellos, a nosotros siempre nos tratan de maravilla, quizá porque somos “amerikanskis”. De hecho me sorprende el parecido que hay entre rusos y españoles, de entrada no son todos rubios de ojos azules, también hay morenos de ojos azules, pelirrojos de ojos azules y asiáticos a patadas, no chinos ni japoneses, más bien mongoles o algo así; y es que Rusia, no lo olvidemos, se extiende a lo largo de dos continentes.

En general son majos, si pueden ayudarte te ayudan y una vez hablas con alguno resultan bastante sociables, aunque tienen cosas «pa matalos», si estás en el super o en el metro o en la calle descuidado mirando algo e interrumpes el paso, no te van a advertir, directamente te empujan y te quitan de en medio; al principio parece mala leche, pero en pocos días acabas tú mismo empujando a las viejas en las escaleras del metro (si es que están en medio).

Cuando no hablan inglés no se preocupan por hablar más despacio o más alto, como hacemos nosotros, simplemente continúan con sus parrafadas, como si nada, entonces desesperan y empiezan los gritos (no quiero saber lo que dicen entonces), pero la solución es sencilla, les hablo en español y gesticulo, me río y al final llegamos a entendernos, o no, pero lo pasamos pipa.

Como dato curioso comentar que la televisión no es el centro de la vida familiar, pocas televisiones hemos visto, y mucho menos encendidas.

Hay una zona, especialmente en Siberia, donde el machismo pervive y el número de mujeres con hijos a su cargo donde el padre es un ausente es la norma.

Aquí también se lleva eso de un ruso trabajando y cinco mirando. Al final, como os digo, se nos parecen bastante. Eso sí, no verás a la gente sonreir facilmente, y es que si hay algo que a nosotros nos sobra y a ellos les falta es hipocresía.