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SURFEANDO CHINA (Segunda ola)

Uno de mis refranes favoritos, ese que siempre he cumplido a rajatabla, es aquél de Allá donde fueres, haz lo que vieres. Y así lo he venido haciendo en mis cuarenta y dos años de vida, hasta que llegué a China. Aquí tocan las excepciones, y es que este país es culturalmente, ¿cómo lo diría sin ofender?… ummmm……., no sé, digamos que están dormidos. El régimen los tiene catatónicos desde hace varias generaciones, no a todos, por supuesto, pero la mayoría de ellos parece que se cayeron ayer de un guindo. No quiero que me entendáis mal, los chinos , de hecho, son lo mejor de China, siempre y cuando no estés en la cola de un transporte público, entrada a lugar de interés turístico o cualquier cosa por el estilo en la que haya que guardar turno, porque entonces se mutan, se convierten en Mr. China (Ola2)-289Hyde: empujan, chillan, se cuelan con descaro, pierden las formas, el respeto y la vida, si hace falta, por entrar primero o por pillar un asiento. Una vez superado el trance vuelven a su estado normal, donde son amables, cariñosos, simpáticos y risueños.China (Ola2)-287 ¡Pero no bajéis la guardia!, antes o después habrá que salir, entonces volverán a transformarse, a empujar, a chillar y lo que haga falta por salir primero. METRO-1Mención especial al metro de Beijing, donde todas las horas son horas punta, donde literalmente he visto a los de adentro empujar a los de afuera, a los de afuera empujar a los de adentro y al metro irse con las mismas personas con las que llegó. He podido ver ancianas cojas subir escalones de tres en tres y niñas pijas, que bloqueando el acceso al vagón, son pisoteadas por la marabunta mientras esperan para entrar las primeras en el próximo tren.

Hablando de trenes. En China el tren es más barato que el autobús, y eso que los autobuses suelen ser utilizados para una segunda actividad como es el transporte de mangos, cabras muertas, coliflores, sandías… China (Ola2)-286Hay varias clases de trenes: alta velocidad, asientos blandos, asientos duros, camas blandas y camas duras, también puedes ir de pie en caso de que se acaben los asientos. Es MUY, MUY, REQUETEMUY DIFÍCIL encontrar billete en cualquiera de las modalidades en largas distancias, que, por otro lado, es lo más normal en un país tan enorme como éste, aunque si pierdes alguna vez el tren no hay problema, te dan billete para el siguiente con el mismo destino sin coste adicional.

Resulta EXTREMADAMENTE DIFÍCIL comunicarse con el personal que vende los tickets, por lo que viajar en tren por China por tu cuenta es misión cuasi imposible, antes o después pierdes los nervios, la paciencia, las formas y cualquier atisbo de educación y simpatía. Hemos llegado a ver a una de las nenas de marras, totalmente bloqueada, esconderse detrás de la mesa para que no la viéramos; resultaría casi simpático de no ser por los 4.000 chinos convertidos en Mr. Hyde que tienes empujándote detrás, cosa que aguantarías con agrado si no fuera la tercera ventanilla en la que guardas cuarenta minutos de cola con un calor insoportable y un olor indescriptible; quizá todo ello, incluso, sería llevadero si no tuvieses que estar ahí por segunda vez, porque por la mañana viviste la misma película, donde la tipa que te tocó te vendió los billetes que no eran (los que a ella le salió del jigo).

Una vez dentro del tren, y especialmente en trenes de asientos duros, te encuentras con más chinos de los que caben,China (Ola2)-282 todos gritando, comiendo pipas y guarreando el vagón más allá de lo imaginable; las sinfonías de carraspeos y escupitajos son dignas de la filarmónica de Berlín, y que se saquen los mocos, se tiren pedos, se corten las uñas de los pies o se saquen las cerillas de las orejas mientras sorben té o fideos delante de tus narices son algunos de tantos detalles escatológicos que te puedes encontrar. Ahí lo dejo amigos, pasamos más o menos la mitad del viaje en éstas y me estoy empezando a calentar. Estoy esperando a subirme a un tren y más vale llevar los chacras relajados porque sino me como a alguno.

Hablando de comer, por aquí se come de maravilla, por supuesto que no tiene nada que ver con los restaurantes chinos que encuentras en España. Hay sitios cutres por 0’80 € y sitios chic por 40 €, pero en ninguno de ellos te pondrán servilletas en la mesa. Normalmente son especializados: están los de arroz, los de mie (tallarines), los de dumplings…, y es frecuente que no vendan bebidas. Los de carne dibujan el animalito que venden en los carteles: vacas, pollos, perros, serpientes…, si no hay dibujo es porque cocinan cerdo. Tienen una gastronomía bastante variada y llena de matices que da para escribir, no una entrada, sino un blog entero. Es frecuente compartir mesa con ellos. Al principio resulta desagradable, pero pronto te acostumbras a los sorbidos, carraspeos y ruidos en general.

Hablando de ruidos, son ruidosos de cojones (no encuentro mejor calificativo). En cualquier parte, EN CUALQUIER PARTE, carraspean y escupen pollos que ya quisieran los de Payán. China (Ola2)-47Ven sus películas a todo trapo en el móvil, o juegan, o escuchan música, todos a la vez, todos a todo volumen. Cada tienda tiene su altavoz en la calle anunciando a grito pelao sus ofertas, cada dependiente su micrófono con su altavoz portátil; en esta tesitura es fácil entender que entre ellos hablen a gritos. China (Ola2)-271Las motos y algunos coches y Tuc-Tuc circulan por la acera como si llevaran el claxon cogío con cinta aislante para que no deje de sonar. ¿Sabes, cuando estás en la feria entre dos casetas y tres columpios?, pues lo mismo en cada esquina de cada ciudad.

Hablando de ciudades. Son todas modernas, no existe esa China milenaria que te venden en los folletos; bueno, existe el 20% que Mao dejó sin quemar cuando se le acabaron las cerillas, pero ojo, ¡ese 20% está rehabilitado!, modernizado, y te cobran un riñón para poder verlo. Así que, no os engañéis, si venís a China encontraréis ciudades grandes con veinte millones de habitantes o pequeñitas con cinco, pero todas remodernas y en constante crecimiento. Ciudades ruidosas, como os contaba, donde los pasos de peatones sólo sirven para saber donde te vas a jugar la vida al cruzar una calle, donde para ir de una punta a la otra nadie te quita las tres horas, donde los autobuses urbanos o metros llevan el triple de su aforo, donde los taxistas no te llevan si no les sale de los güevos. Ciudades donde la ropa está tendida en las calles, donde hay servicios públicos en todas las esquinas, casi siempre con alguno cagando con las puertas abiertas, si es que hay puertas, donde estás permanentemente vigilado por cámaras de seguridad, donde los comercios son temáticos por calles: la calle de las tiendas de deportes, la de las tiendas de muebles, la de las ferreterías… en las que sueles encontrar a los dependientes durmiendo. Ciudades donde sólo encuentras wifis de milagro, y cuando la encuentras descubres que internet está censurado, y lo que no censuran lo retardan para que desesperes y desistas; ciudades donde se te quedan mirando por ser occidental, o se acercan para ver lo que haces en tu iPad, donde te hacen fotos sin que te des cuenta y donde te piden que poses con ellos para la foto; ciudades donde los niños no usan pañales, llevan pantaloncitos abiertos y mean y cagan allá donde les cogen las ganas; ciudades donde ves a pocas mujeres fumar en público, vistiendo  pantalones diminutos, tacones enormes y cuidándose obsesivamente por que no les dé el sol, donde hay pocos calvos y pocos gordos; ciudades, ciudades, ciudades…

Esta segunda ola nos ha llevado a unas cuantas de ellas: Guangzhou, Chaozhou, Xiamen, Hangzhou, Shanghái, Beijing, Taiyuan, Pingyao y Xi’an. En este periplo hemos conocido gente absolutamente maravillosa y algún que otro imbécil; hemos dormido en hoteles, guesthouses, casas de familias, MacDonalds y en la puta calle; hemos comido marranadas en la calle, delicatessen en restaurantes de lujo y comidas caseras; hemos bebido cerveza fresquita y agua caliente; hemos paseado bajo lluvia torrencial y bajo el sol de justicia con paraguas y sin paraguas; hemos aprendido un poquito de chino (mandarín); nos han engañado, nos hemos dejado engañar y nos hemos peleado para que no nos engañen; hemos ido a donde nos han recomendado y a donde nos ha salido de los güevos; hemos reído y hemos llorado; nos hemos relajado y desesperado, amado y odiado, y eso en sólo dos meses de viaje.

Ahora estamos locos por irnos, por dejar de hablar de China, por terminar esta entrada y sus fotos para dejar este episodio atrás. Es posible que en Laos nos espere más de lo mismo, seguramente sí, pero si decidimos viajar como lo estamos haciendo es precisamente para vivir lo que estamos viviendo, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que el mundo se nos acabe.

SURFEANDO HONG KONG Y MACAO

Lo primero que llama la atención de Hong Kong, al menos al llegar por tierra, es lo fácil que resulta: te subes en un metro en China y en apenas cinco minutos te bajas en HK.  Hay que cruzar una frontera, sí, pero resulta increíblemente sencillo, rellenas el papelito de marras, enseñas el pasaporte y listo, tres meses de permiso sin pagar ni un duro.

Lo segundo que llama la atención es que con el inglés te manejas de maravilla, casi todo el mundo lo habla, aunque sea con poco nivel y acento chino cantonés; después de pasarlas putas en China os garantizo que es gloria bendita.

Íbamos en metro dirección al barrio de Wan Chai a buscar un hostel baratito, pero en las estaciones hay wifi gratis, y esto es lo tercero que nos llamó la atención, además la calidad de la wifi es más que aceptable, así que checkeamos el mail en busca de la respuesta tardía de algún couchsurfer, pero no había, de modo que nos pusimos a buscar una guesthouse online. Descubrimos que en HK todas están en el mismo lugar, un edificio de 29 plantas con cinco bloques, la Chungking Mansions. En cada planta de cada bloque puedes encontrar como seis hostels, casi todos  ellos regentados por indios o turcos que ya te acosan a la entrada ofreciendo camas. Al principio choca un poco, casi diría que dan mal rollo, pero enseguida te acostumbras a ellos. En mi caso ellos también se acostumbraron a mí, el segundo día ya era conocido como el español o pokerman. El tercero ya no me ofrecían ni cama, ni hachís, ni marihuana, ni chicas, ni cocaina; me ofrecían cigarros y nos reíamos juntos en la puerta. Y es que la Chungking Mansions es lo cuarto que nos llamó la atención, hay que visitarla si vas a HK, los bajos están llenos de tiendas de todo tipo y restaurantes indios y turcos, con precios muy razonables y, en algunos casos, exquisitos paladares.

Nos fuimos a la playa a pasar el día, aunque nos fuimos ya bastante entrado el medio día y, entre pitos y flautas, llegamos a última hora de la tarde a una playa bastante fea, pequeña y, sobre todo, atestada. Me río de Benidorm en agosto. En el autobús encontré un iPhone, nos las averiguamos para contactar con el dueño y devolvérselo al día siguiente. Nos querían dar un dinerillo como recompensa. Os podréis imaginar que no lo aceptamos, ¡sólo estamos devolviendo un móvil que no es nuestro, coño!.  Durante la charla y los agradecimientos nos interesamos por saber como se ganaba la vida por aquellos lares una americana, y en un abrir y cerrar de ojos Alma tenía una entrevista de trabajo para dentro de dos días. ¿Os lo podéis creer?, nos salió, le salió a Alma trabajo en HK. Se desestimó por ser para un año como mínimo.

Visitamos al proctólogo en una clínica privada. No os daré detalles porque supongo, espero y deseo que si pasáis por HK no lo visitéis nunca. Muy amablemente el hombre nos explicó el problema y la solución: nos animó a operarnos, pero endemientras nos mandó algunos medicamentos y pomadas. La consulta ascendió a 100€ y la operación rondaba los 3.000€, cosa que nos anima a continuar con los remedios caseros.

Cuando llegamos a HK nos embriagamos de ella, pero al poco resulta aburrida. Por muy suntuosos, lujosos, hiper-megagrandes y postmodernos que sean sus edificios y centros comerciales (los hay por decenas), nos aburren; aunque hay que decir que lo quinto que nos llamó la atención es que puedes cruzar varias cuadras sin pisar la calle, y es que entre centro comercial y centro comercial hay pasadizos, a veces subterráneos y a veces volados, y casi siempre con aire acondicionado. Es cierto que las vistas de la bahía son espectaculares, especialmente por la noche, es lo sexto que nos llamó la atención; aunque el espectáculo de luz y sonido que ofrecen cada noche a las ocho en punto es bastante pobre, cosa que me llamó extraordinariamente la atención, esperaba mucho más. Poco más de esta ciudad, pelín aburrida, demasiado calurosa y sensiblemente cara para lo que estamos acostumbrados. Así que nos fuímos a Macao.

En la antigua colonia portuguesa lo primero que llama la atención son los indicadores y letreros, están en chino y en portugués, o lo que es igual, ¡en cristiano!.

La ciudad no da para mucho más de un par de días. Un día para pasear por el casco antiguo, visitar los barrios coloniales y las ruinas de San Pablo, de las que, por cierto, sólo queda el frontal de la fachada. La verdad, siendo españoles como somos y teniendo lo que tenemos en España, no resulta demasiado espectacular, aunque los chinos lo flipan, y se puede entender.

Y otro día para visitar alguno de los muchísimos casinos que hay. Super hoteles rodeados del más hortera de los lujos y mega casinos llenos de chinos jugando al Baccará como locos. Nosotros visitamos los que tenían poker room y el famoso «Venetian» (el edificio más grande de Asia y tercero más grande del mundo). Me inscribí en un torneo del PokerStars Live, en el casino del complejo «The city of Dreams», y aunque una mala jugada me sacó del torneo en la burbuja (esto es justo antes de conseguir premios), fue muy enriquecedor jugar con chinos y americanos. Y me llenan de orgullo los elogios a mi juego por parte de los que consideré muy buenos jugadores de póker. Otra vez será.

Nos volvemos a China, con los problemas hemorroidales al menos «dormidos» de momento, y con muchas ganas de disfrutar un poquito del país.

SURFEANDO CHINA (Primera ola)

Cuando las cosas salen mal, salen mal, y a nosotros nos pillaron en Mongolia. ¿Os acordáis?.

Lo primero que hicimos en Herenhot, China, fue esperar el tren con destino a Hohhot para encontrarnos con Daniel, el gaditano, y surfear una ola que nos llevaría hacia el oeste, a la China recóndita y al Kirguistán. China (Ola1)-1 China (Ola1)-2Y esperando en la estación nos comimos unos noodles que compramos en Ulán Bator para el viaje. ¡ERROR!. ¿Noodles de Mongolia?. Si os estáis imaginando lo peor estáis acertando de pleno. Esos fideos malditos provocaron una reacción intestinal en cadena, una serie de catastróficas desdichas que nos han jodido, o casi, los primeros veinte días de viaje por China. Pero éste no es un blog de lamentos y quejas, de modo que podéis y debéis reíros con nuestras desgracias, al fin y al cabo nosotros también lo hacemos.

Hemos pasado por Hohhot, Yinchuan, Lanzhou, Chengdú, Guiyang y Yangshuo, y en todas ellas hemos visto nada o casi nada que podamos mencionar a modo de interés turístico, en cuanto a experiencias vamos sobraos.

En Hohhot  paramos en un hostal «ilegal» esperando a que Alma se repusiera. Hay que saber que no todos los hostels de China tienen licencia para albergar extranjeros (es el caso). Lo negoció Dani y nos permitieron hospedarnos con la condición de que no nos dejasemos ver por los vecinos y clientes. Así pasamos nuestros primeros tres días en China, cuasi escondidos, cagando deprisita (todos menos Alma), antes de que alguien pudiese venir al baño compartido, y saliendo y entrando furtivamente por las noches.

Aunque el estado de salud de mi compañera no mejoraba, decidimos partir rumbo a Urumqi; de modo que nos fuimos con nuestros pasaportes a comprar el billete. China (Ola1)-19No había para hoy, ni para mañana, ni para pasado… ¡Así se pierden las olas, amigos!. Hay que saber que conseguir billetes para el tren en China sobre la marcha es poco más o menos imposible. ¡Son 1.400 millones de chinos!, a poco que unos cuantos decidan moverse llenan los trenes para varias semanas. China (Ola1)-21Si algo aprendes al surfear, es que cuando pierdes una ola tienes que mirar para atrás, porque luego vienen otras que, al final, te llevan a la misma orilla, o a una orilla mejor. En este caso vinieron en forma de trenes provinciales de corto recorrido (Travel China Guide) .

Primera parada: Yinchuan. Varias cosas que ver en los alrededores, a priori un lugar bastante apetecible. Nos las averiguábamos para hacer el tour de los sitios de interés sin tener que pagar los 300 yuanes que nos pedían los buscavidas de la estación. La fórmula pasaba por tomar un bus al centro del pueblo y allí buscarnos las habichuelas. Así lo hicimos, tomamos el bus 301 con la esperanza de otear algo interesante por la ventanilla, quizá un Starbucks con wifi (no es nada fácil encontrar wifi en este país), una calle comercial o algo así.

China (Ola1)-22A media mañana estábamos perdidos, en un internet café de una ciudad desconocida, intentando averiguar dónde carajo estábamos y como volver. Por suerte, nos ayudó Chun Li, una couchsurfer China (Ola1)-27con la que quedaríamos para comer y nos daría algunos «tips» para movernos por la ciudad el tiempo que nos quedaba. Cuando digo movernos, me refiero a Dani y el que os escribe, porque mi compañera de aventuras pasó la tarde dormitando en el banco de un parque,  con una tremenda crisis hemorroidal, China (Ola1)-37China (Ola1)-34custodiada por los viejos del lugar (en China los viejos se reúnen en los parques a bailar, cantar, jugar a las cartas y cosas así, de hecho, es una de las cosas que más me han gustado de este inmenso país).

Por supuesto, no hubo tiempo para conocer los sitios de interés de los alrededores.

En Lanzhou los planes volvieron a cambiar. Necesitábamos tiempo para que Alma se repusiera y no queríamos seguir «amargando» el viaje de Dani. Buscamos un couchsurfer para poder estar un par de días relajadamente, tumbados boca abajo, y con niveles de higiene que estuviesen dentro del rango de lo normal.

China (Ola1)-196Pasamos varios días en casa de Dong y su familia; les estamos tremendamente agradecidos por el fabuloso trato, el cariño y los esfuerzos que hicieron por ayudarnos con nuestro problemilla de salud. Aunque por unas razones u otras no nos pudo visitar ningún médico, acudimos a varias farmacias a por medicamentos propios para las hemorroides, para entonces ya habíamos hecho uso de un mix de remedios caseros españoles, China (Ola1)-74chinos y medicinas tradicionales y nuevas, pero aquello no mejoraba. Apenas pudimos dar dos paseos por Lanzhou antes de irnos a Chengdú a molestar a otra familia.

Llegamos a Chengdú con la intención de ver pandas, un parque nacional chulísimo y un mega buda en una roca. Un día para cada cosa, siempre intentando arribar a los nuevos lugares como si no tuviésemos «un grano en el culo» jodiéndonos la vida, pero lo teníamos. China (Ola1)-101 China (Ola1)-105Pasar ocho horas sentados en un autobús para caminar por montañas empinadas no era la mejor de las ideas, así que, finalmente, sólo pudimos ver los pandas y, para colmo, salimos decepcionadetes de allí, creíamos que íbamos a una reserva natural con animales en estado salvaje, o casi salvaje, y el Panda Park no es más que un zoológico monográfico, mu limpio, mu bonico, mu bien organizao, pero no resultó atractivo para nosotros. Por cierto, los pandas preciosos.

China (Ola1)-119Apenas un paseo por Chengdú y el apartamento de Mike y Cindy (hay que saber que los chinos se ponen nombres ingleses porque los suyos no hay dios que los pronuncie), completó nuestro apasionante paso por esta ciudad.

Nuevamente, el siguiente destino, Guiyang, lo marcó la disponibilidad de los trenes . Allí el objetivo era parar tan sólo un día para ver las cascadas de Huangguoshu, China (Ola1)-156las más grandes de China, y seguir con nuestro camino. Contra todo pronóstico todo salió de maravilla. Llegamos por la mañana a casa de Paul, quien además de darnos tickets de entrada nos acompañó a la excursión. Al pricipio parecía que se nos torcía la cosa porque las entradas estaban caducadas, pero nos las ingeniamos para colarnos por la puerta de atrás, así que visitamos las waterfalls gratis. (No hemos hecho un sólo viaje en nuestra vida sin visitar waterfalls).

China (Ola1)-159 China (Ola1)-160Por la noche un amigo de Paul nos invitó a una de las más suculentas cenas que hemos tenido desde que saliéramos, y lo hizo porque estamos haciendo lo que queremos hacer, por cumplir nuestro sueño; es asombroso como la gente en lugar de sentir envidia siente empatía y trata de ayudarnos, o recompensarnos por hacer lo que hacemos. Si visitáis alguna vez Guiyang, no dejéis de cenar en este restaurante:

China (Ola1)-162

Última parada: Yangshuo. Una ciudad pequeñita y muy turística, llena de cosas que ver y hacer. No obtuvimos respuesta de couchsurfing y tocó guesthouse.  China (Ola1)-197En Yangshuo es común alquilarse bicis y pasear por los alrededores, pero, dadas las circunstancias, preferimos pillarnos una scooter cómoda de asientos acolchados. Pasamos un día de fábula dando motazos,China (Ola1)-185 perdiéndonos por las aldeas de los alrededores y visitando campos de té. Pero al final del día sobrevino la catástrofe y nos pasamos los dos días siguientes metidos en la habitación, tumbados boca abajo y saliendo apenas para comer.

Y nos fuimos para Shenzen, en la frontera con Hon Kong; no sin antes «pelear» con la chica de la agencia, porque compramos billetes para el bus cama y nos quería meter en asientos. En condiciones normales quizá me hubiese callado la boca y hubiese aceptado el descuento, pero no estaba dispuesto a renunciar a que Alma viajase tumbada, así que lie el pollo, más bien el chicken, porque lo hice en inglés; por cierto, no se me da nada mal discutir en inglés, me sorprendió lo clarito, fluidito y convincente que puedo llegar a ser. Nos fuimos en bus cama.

Ya veis que calamitosos han resultado ser estos primeros 20 días en China. Volveremos, y esperemos que en mejores condiciones porque en Hong Kong nos espera una cita con el proctólogo.

SURFEANDO MONGOLIA

¡Mongolia!. Escribo esta entrada, como es habitual, a toro pasado; lo hago desde un tren en China, apenas unas horas después de haber dejado atrás el que era una de los más soñados destinos del viaje. Es hora de ordenar recuerdos, de resumir todas las experiencias vividas y plasmar en pocas líneas el revoltijo de sentimientos que nos llevamos de allí. (Pido disculpas por anticipado porque creo que la extensión de este post se me va de las manos).

Quedaban apenas diez minutos para que el tren arrancase y dejásemos atrás el país de las gers. Estaba detenido en la comisaría de la estación acusado de fumar un cigarrillo (en Mongolia está prohibido fumar tabaco). Trataba de explicarle al policía que habíamos gastado hasta el último tugrik porque nos íbamos del país, y que me parecía un poco exagerado que me enchironaran por fumar un cigarro, pero él sólo me daba dos opciones: o pagar 5.000 tugriks o pasar la noche en el calabozo. Alma sollozaba en la puerta de la comisaría tratando de comprender mi adicción al tabaco. El tren estaba a punto de salir, pero mi ángel de la guarda no me defraudó, se presentó en forma de abogado. No sé de qué forma este buen samaritano se dió cuenta de mi problemón, entró en la comisaría y se puso a discutir «a grito pelao» con el poli, yo sólo podía pedir perdón en todos los idiomas que sabía y alguno que me inventaba para la ocasión. Salimos juntos de la comisaría dando efusivamente las gracias y corriendo para no perder el tren que ya estaba saliendo. Y es que cuando las cosas salen mal, salen mal, y en Mongolia todo se nos vino del revés.

La aventura empezó en Ulán Udé (Rusia). El autobús a Ulán Bator salía a las 7:30 de la mañana de la plaza del teatro. Nosotros confirmamos y reconfirmamos el sitio y la hora de partida, incluso una chica nos llevó a la misma plaza cuando llegamos a las 4 de la madrugada desde Irkutsk. A las 10  estábamos en un hotel de cinco estrellas escuchando al recepcionista explicarnos que habían cambiado el lugar de partida varios meses atrás, pero habían olvidado actualizarlo en la web. Perdimos el autobús, no había trenes ese día a Ulán Bator y nosotros teníamos que salir de Rusia sí o sí. Por suerte, el universo está de nuestro lado y ese día nos puso a disposición un autobús aunque estuviera fuera de servicio. Allí íbamos: la familia propietaria del bus y estos dos pasajeros.

Por primera vez desde que salimos de Granada nos vimos obligados a pagar por pasar la noche, y aunque el chico del autobús nos ayudó muchísimo para encontrar una guesthouse en condiciones, ya podíamos intuir que las cosas no venían de cara. Nos fuimos a dormir, positivos como siempre, felices, y por supuesto, con el firme convencimiento de que un contratiempo no podría arruinarnos esta etapa del viaje.

La palabra clave es contratiempo, porque si hablamos de clima, nos nevó, nos llovió, «nos vientó» y nos hizo calor, pero nunca en su justa medida o en el momento adecuado. Y si hablamos de plazos, todo eran contras para poder ajustar los papeleos de la visa a China, las excursiones a los sitios de interés y el tiempo necesario para desarrollar las actividades: o nos sobraban días o nos faltaban horas. Cuando las cosas salen mal, salen mal… y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

El asunto de la visa a China merece su entrada propia, pero cabe decir que es una auténtica pesadilla, huele a comisiones por cada papel tramitado, y cuando la deniegan, que parece lo más normal del mundo, toca esperar un mínimo de dos días para volver a pasar el calvario, y luego otros cuatro para que te devuelvan el pasaporte con el sello. A nosotros nos la denegaron la primera vez, pero en la cola conocimos a Daniel, gaditano afincado en Mongolia, que nos ayudó muchísimo para superar el segundo round con éxito. Aún no sabemos por qué razón nos han dado 40 días cuando pedimos y pagamos 60 días, quizá sea por mis pelos, como dice Daniel. En cualquier caso, nos ha jodido bastante. Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

La primera mañana en Ulán Bator teníamos respuesta en el buzón de couchsurfing de Masha. Nos quedaríamos en su apartamento «soviético», conviviendo con ella, su madre, su hermano y la novia de éste durante una semana, y depués nos trasladaríamos a casa de Otgon y su familia, que incluía a Daniel, el gaditano. En ambas familias nos acogieron y nos trataron de maravilla, pero para nosotros tuvo un significado especial la segunda, porque no eran couchsurfers, sólo gente buena con ganas de ayudar a buena gente como nosotros, y aunque no tuviesen agua corriente, el baño fuese un agujero en el patio, hubiese que hacer una «excursión» para ir a las duchas públicas, y tuviésemos que atravesar las casas de varios vecinos, porque el camino era intransitable incluso a pie, nos dieron todo lo que tenían, y os aseguro que cuando la gente sólo puede ofrecer amor te hace sentir muy bien.

La primera escapada que pudimos hacer fue al Parque Nacional de Terelj, donde se puede montar caballos mongoles y visitar el templo budista Ariyabal . Pero caían copos de nieve como melones y el coche no podía circular sin que lo empujáramos, el templo estaba cerrado y los caballos en la cuadra por el frío. El único paisano que disponía de bestias para alquilarnos nos quiso timar y por poco acabamos «a hostias». Volvimos a casa como habíamos salido. Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

La segunda escapada la hicimos con el hermano de Masha (de nombre inescribible). Las siete horas de viaje de ida las pasamos tiritando; hacía un frío del copón y el coche tenía la calefacción rota, y por si fuera poco, por los bajos entraba el aire gélido de las estepas mongolas; ni los lingotazos de vodka eran capaces de quitarnos el frío del cuerpo. Con los huesos entumecidos apenas teníamos fuerzas para quitarnos de encima a la perra en celo con la que compartíamos el coche. De modo que llegamos a Tsetserleg con los dientes gastados de la tiritera, sabañones en las orejas y los vaqueros llenos de manchas. Por la mañana nos encontramos con algo más de medio metro de nieve en la puerta de casa. ¡Estábamos incomunicados en un pueblo sin internet, sin agua corriente y sin nadie que hablase cristiano!. (No os cuento la situación de tener que limpiarse con nieve cuando sobreviene un apretrón de madrugada porque resulta demasiado escatológico). Cuando las cosas salen mal, salen mal…, y a nosotros nos pillaron en Mongolia.

Está claro que en Mongolia se nos torcieron las cosas, todas las cosas. A pesar de ello, hemos conocido gente maravillosa. Hemos disfrutado de la gastronomía comiendo «Khuushuur» y «buuz» en su versión frita y al vapor,  que son empanadillas de carne; «Byaslag», que son una especie de snacks de queso; además de los archiasiáticos noodles de siempre; y bebiendo «Süütei Tsai», que es té de leche salado que viene incluido con la comida.

Hemos experimentado la vida al más puro estilo Mongol, incluyendo los atestados autobuses urbanos, donde los viejetes nos ceden el asiento, y la conducción por la derecha y el volante a la derecha, cosa que acojona un poco, por aquello de la visibilidad.

Si os da por visitar este país, hacedlo en verano, por favor, y traeros pasta para pagar excursiones oficiales; disfrutaréis de un país encantador, donde los animales viven en libertad, las gentes son sencillas y amables y los paisajes maravillosos.

TRANSIBERIANO MOSCÚ-IRKUTSK

«Aprovechad los viajes en tren por la noche, así se gana un día» es lo que se dice siempre, pero no es del todo verdad, porque llegas reventado y sin ganas de nada, sólo de ducha, de comer y de dormir, porque en el tren, lo que se dice dormir, se duerme poco y malamente, especialmente cuando apenas estás tomando contacto con el mismísimo Transiberiano y la excitación del momento te puede.

Así llegamos a Kazán, cansados, hambrientos y sin apenas dormir. De modo que nos fuimos a casa de nuestros anfitriones “to take a rest”. La hospitalidad con la que nos trataron Masha y Dmitry superó todas nuestras expectativas, si vamos a visitar a algún familiar, no nos podrá tratar mejor de lo que esta pareja lo hizo con nosotros. Mención especial a Dmitry, que sin hablar inglés conseguía comunicarse con nosotros de maravilla; es increíble, pero incluso consiguió que mi abstemia y casi vegetariana compañera bebiese licores y comiese carne de caballo. ¡Grandes de verdad!.

Kazán es la capital de la república de Tartariztán, hablan ruso y tártaro, y como ciudad no tiene mucho que ofrecer: su Kremlim, sus iglesias, su calle peatonal y algún parque, nada que no se pueda encontrar en cualquier ciudad rusa. Destacar la visita que hicimos a un edificio inacabado que construía un viejo “no tan loco” con la ayuda de toxicómanos y alcohólicos a los que ayudaba a rehabilitarse, un proyecto digno de anuncio de Aquarius; pero el viejo murió, la obra está parada y el proyecto muerto. Ojalá y álguien continúe este maravilloso sueño.

Pero la magia llegó cuando veinte minutos después, contra todo pronóstico y de la mano de nuestros anfitriones, vimos cumplido uno de nuestros sueños:

A Ekaterinburgo llegamos, al igual que a Kazán, cansados, hambrientos y con sueño, después de una noche de Transiberiano; y de esta guisa nos fuimos al que era nuestro único objetivo: pisar la frontera entre Europa y Asia.

Tuvimos que recorrer media Rusia para que bebiera mis primeros vodkas, y es que ya no soy el que era… Nuestras conversaciones con Iván sirvieron para que escribiese un artículo para su periódico, el internacionalmente conocido METRO.

La noche de nuestra partida, de nuevo en tren, se convirtió en una auténtica pesadilla, después de haber revisado una y mil veces el ticket llegamos con dos horas de retraso a la estación,  ¡porque lo que miramos una y mil veces no era la hora de partida sino el día de llegada a Irkutsk!, ¡el 22 del 4! Perdimos el tren, FUCK!. No sé lo que hubiese pasado si Iván no nos hubiese acompañado, porque yo solo no hubiera podido controlar a Alma y al mismo tiempo desarrollar un lenguaje de signos en ruso. Volvimos a comprar otros billetes para el día siguiente. Cuando escribo estas líneas, ya nos han devuelto una buena parte del importe de los tickets del tren perdido, aunque el despiste nos ha costado 60 eurazos. Pero no hay mal que por bien no venga, y el día extra pudimos asistir a la «procesión» del Domingo de Resurrección.

El tercer golpe de Transiberiano ya era más serio, tres noches y dos días y pico dentro del vagón. Puede parecer bastante claustrofóbico, pero bien aprovisionados como estábamos de té, comida, libros y alguna peli, lo llevamos bastante bien.

Y llegamos a Irkutsk, esta vez, sobre todo, con ganas de ducha. Nos esperaba en la estación Irina.

Nuestro paso por la ciudad fue un poco de locos:  arreglar la visa a Mongolia, mucho turismo culinario, ya sea en casa o en el exterior, y paso por quirófano para extracción de uña.  Mi compañera traía una infección en una herida causada hace tiempo, y como aquello empezaba a oler malamente acudimos a urgencias. Por cierto, no nos ha costado ni una perra, bendita seguridad social universal y gratuita, me invaden recuerdos tristes de España…

Hicimos una visita al lago Baikal, el tiempo suficiente para degustar la gastronomía típica y darme un chapuzón en sus requetefriísimas aguas (no digo congeladas porque no lo estaban, aunque aún se podían ver bloques de hielo); la cosa es que el mal rato, según la tradición, me ha supuesto diez años más de vida.

Por la noche hicimos una mini-fiesta en casa: bebimos cerveza artesana y nos acostamos tarde, de modo que al día siguiente descansamos, o dormimos la mona.

Nos esperaba un loco y largo viaje a Ulan Bator, pero eso será otra entrada.

En ésta sólo me queda dar las gracias a Irina, a Kirill y a Sacha por todo lo que nos dieron, con ellos se quedó un trocito de nuestro corazón.

SURFEANDO MOSCÚ

Hablar de Moscú después de haber visitado San Petersburgo es como hablar de Telepizza después de haber cenado en el Bully…

Veníamos con sólo tres objetivos turísticos: el metro, la Plaza Roja y la catedral de San Basilio. Por lo demás, Moscú era sólo el punto de partida del Transiberiano.

El metro está muy bien, si lo comparamos con el de San Petersburgo empatan. Aunque en Moscú es bastante más confuso, más caro y, lo peor de todo, no hay una sola palabra en cristiano.

La Plaza Roja es muy bonita, como su propio nombre indica, porque lo de roja no son tintes comunistas, ni sangre derramada en ninguna batalla ni nada por el estilo, es un juego de palabras en ruso, de modo que su significado literal es Plaza Bonita.

La Catedral de San Basilio está allí, al fondo de la Plaza Roja, sólo es comparable con la Catedral del Salvador de la Sangre Derramada en San Petersburgo. Por fuera, pudiéramos darle un empate, pero el entorno de San Basilio es mucho más bonito, aunque por dentro pierde. La catedral está conformada por nueve iglesias distintas, son como pequeñas capillitas unidas por estrechos pasillos y recovecos. Muy recomendable, pero menos espectacular que la de la Sangre Derramada.

Lo más interesante de Moscú está en la Plaza Roja y sus alrededores: iglesias, catedrales, monumentos, teatros, museos, bibliotecas y, por supuesto, el Kremlim, que no es el Kremlim de Rusia, es el de Mocú, y es que «Kremlines» hay muchos a lo largo de las repúblicas que conforman Rusia.

Y así pasamos cuatro días paseando por Moscú; a veces solicos, a veces con Alexander, nuestro anfitrión, a veces por el día y a veces por la noche, por la parte antigua y por la postmoderna, a pie y en coche. Un día, incluso, nos subimos en una noria. Si alguna vez vais a Moscú, que merece la pena, hacedlo antes que a San Petersburgo, y no dejéis de probar los «Chebureki» en un bar al estilo soviet (no fotos).

Nos despedimos de la ciudad a bordo del Transiberiano, pero eso será otra entrada…

SURFEANDO SAN PETERSBURGO

¡Y llegamos a San Petersburgo!.

Esta ciudad es probablemente el primer destino soñado de nuestra aventura, donde poner en práctica el poquísimo ruso que fui capaz de aprender antes de la partida. ¡Y menos mal que lo aprendí!. Leer cirílico lleva su tiempo, pero soy capaz de descifrar los nombres de las estaciones de metro, los precios de un café con leche o un capuchino; tengo capacidad para elegir entre un shawarma o una ensalada, puedo pedir los tickets de metro en la ventanilla, y lo más importante, puedo decir «No le entiendo, no hablo ruso» a todas horas; es bastante divertido.

Quisiera encontrar un calificativo para esta ciudad, llevo un rato delante del ordenador sin encontrar la palabra adecuada, y mira por donde, me viene una en ruso: «вкусный» (se dice Kusna), y viene a ser algo así como «delicioso». ¡San Petersburgo es deliciosa!. Nos encanta.

Nos encantan los edificios del centro. Son todos antiguos palacios de la aristocracia rusa, hoy, casi todos, convertidos en museos o administraciones, según el caso.

Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Plaza del Palacio.
Plaza del Palacio.
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Ribera del río Neva.
Palacio de Petergoh.
Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de Peterhog.
Interior del Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de los principes Yusupov.
Interior del Palacio de los príncipes Yusupov.

Nos encantan los barrios periféricos, con modernos edificios occidentales o antiguos de los «Soviet times», según el caso.

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Nos encantan los ríos que la cruzan, los grandes como mares o los pequeños como canales, según el caso. También nos encantan los puentes que los cruzan.

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Nos encantan las iglesias, ortodoxas, luteranas o católicas, según el caso. Y por supuesto, las catedrales.

Catedral de la Virgen de Kazán.
Catedral de la Virgen de Kazán.
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la  Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los "soviet times" los comunistas tenían aquí montada una piscina)
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los «soviet times» los comunistas tenían aquí montada una piscina)
Catedral de Peterhof.
Preparando un pícnic frente a la Catedral de Peterhof.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan los parques, grandes como bosques o pequeños como jardines, según el caso.

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Nos encantan los monumentos que hay salpicados por toda la ciudad, de los que sabemos el significado y a quién representan o de los que no tenemos ni idea, según el caso.

La columna de Alejandro.
La columna de Alejandro.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Pedro el Grande.
Pedro el Grande.
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).

Nos encanta la gente por la calle, jóvenes, viejitas o borrachos, según el caso.

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Rusos al sol en el embarcadero del Fuerte de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan las estaciones de metro, las de la línea 1 o las de otras líneas, según el caso.

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Y por supuesto, y como siempre, lo que más nos ha encantado ha sido las personas con las que hemos convivido, sean familias completas con modernos apartamentos o solteros compartiendo pisos antiguos, según el caso.

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Tatyana haciendo pancakes para desayunar.
Surfeando el sofá de Serge y familia.
Surfeando el sofá de Serge y familia.

No nos gustan los escupitajos en la calle, en ningún caso.

SURFEANDO LETONIA Y ESTONIA

En Riga, Letonia, paramos en casa de Edmunds, tanto es así, que casi no salimos. Un poco porque estábamos resfriados, otro poco porque estábamos realmente a gusto, y otro poco, por qué no decirlo, porque somos bastante perros y nos encanta perrear.

Edmunds es artista, en toda la extensión de la palabra, aunque lo que más hace es pintar. Desciende de familia de titiriteros, fabrica sus propios títeres y viaja ganándose la vida con performances callejeros. Hablando con él sobre nuestro proyecto de viaje, nos sugirió hacer pompas gigantes de jabón, a él no le salió del todo mal en su época de Berlín, y estuvimos practicando. Cool!

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Haciendo pompas de jabón en la oscuridad.
Vive en una antigua casa verde de madera del siglo XIX, la misma en la que vivieron su madre y su abuela,  pero como no le gusta estar solo tiene alquiladas las habitaciones, así que vive con Maija, Andris y Roberts. Los cuatro son como una familia, se llevan de maravilla, hacen vida común en la cocina (el salón lo teníamos nosotros ocupado), y estando con ellos no sentimos en ningún momento la necesidad de salir a conocer la ciudad, a fin de cuentas, lo que más nos gusta de los lugares que surfeamos son sus gentes, y estos cuatro personajes tenían tanto que aportar…

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Edmunds.

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Andris.

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Roberts.

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Maija. (desenfocada por respeto a su «please, don’t take me photos»)
A pesar de las pocas ganas, del cansancio, el frío y las calenturas, el domingo salimos a dar una vueltecita por la Old Town. Lo hicimos con Edmunds y Adris; un lujo. Es mucho más interesante cuando te cuentan curiosidades, anécdotas e historias, que cuando sólo ves edificios más o menos bonitos.

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Entramos al museo de la guerra, y aunque el tema viene siendo un poco repetitivo, no dejamos escapar la oportunidad.  Cuenta la historia de Letonia a través de todas las conquistas y liberaciones vividas a lo largo de los tiempos, y no son pocas. Son cinco pisos de armas, uniformes, manuscritos, mapas…,  todo transmite miedo, violencia, venganza, pobreza, tristeza, destrucción…, excepto una foto, la única que transmitía amor, esperanza, libertad…

DGM_9591 [Resolucion de Escritorio]Durante nuestra estancia en la casa verde, nos hablaron en varias ocasiones de que en la casa de los vecinos, «la blanca», había unas palabras en español (creían) y querían saber que decían. La noche antes de partir me acerqué con Edmunds para traducirles lo que yo esperaba sería un mensaje del tipo: «David y Belén estuvieron aquí en mil novecientos y pico»; imaginaros mi sorpresa cuando me encontré con esto:

DGM_9639 [Resolucion de Escritorio] DGM_9640 [Resolucion de Escritorio]Por la mañana temprano nos marchamos con Roberts a Tartu, Estonia. Este chico se gana la vida desarrollando una app, «WomanLog», mientras estudia, por gusto, en la universidad. Nos ofreció, además del transporte, su sofá. Tartu es realmente pequeña y en un día da tiempo de sobra para pasearla. Esta vez fui yo el que entró en el museo de las celdas de la KGB. Bastante más pequeño que el de Vilna,  pero aún así resulta muy sobrecogedor.

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A las 2:30 de la madrugada tomamos el bus a San Petersburgo. Rusia nos espera.

SURFEANDO LITUANIA

Dejamos Varsovia a las 23:00h con destino a Vilna, Lituania. El autobús estaba petado de españoles, creo que Erasmus, pero no entablamos conversación con ninguno de ellos, es demasiado pronto para añorar el idioma o la cultura que nos une, de modo que tratamos de dormir… sin éxito.

Salimos del autobús a la carrera, porque Robertas y Sigita salían de casa a las nueve de la mañana y a nosotros no nos apetecía nada quedarnos en la calle hasta las siete de la tarde que volvieran. Necesitábamos descansar, dormir unas horas en condiciones antes de surfear la ciudad. No fué fácil, pero lo conseguimos. El piso tenía unas vistas sensacionales y estábamos a dos pasos del centro histórico.

Disfrutando en la plaza DGM_9424 [Resolucion de Escritorio] DGM_9358 [Resolucion de Escritorio] DGM_9362 [Resolucion de Escritorio]

Vilna tiene un saborcito muy chulo; es pequeñita, tranquila y acogedora. El centro tiene más iglesias que Jerusalén, ¡es increíble!, y a pesar de disfrutar de un tiempo primaveral, en el interior hace un frío que pela; y no sabemos por qué razón algunas de ellas están dejadas de la mano de Dios; en otras, por supuesto, hay vírgenes milagrosas…

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Hay un castillito coronando una loma que resulta bastante coqueto, y aunque como castillo dice bastante poco, es muy agradable pasear alrededor, y las vistas son espectaculares.

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Pasear la Calle de la Literatura fue fascinante, ¡es tan hermoso disfrutar de la cultura en la calle!… ¡y es tan triste acordarse de algún ministro de nombre impronunciable en este blog!… Nos dejamos caer en el barrio de Uzupi, ¡qué maravilla!. El barrio está tomado por artistas que  exponen en las calles, se consideran una república independiente e incluso proclamaron su propia constitución. Es de esos sitios en los que no te importaría quedarte para siempre.

Calle de la Literatura.
Al fondo, calle de la Literatura.
Calle de la Literatura
Calle de la Literatura.

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Sabía que quería mi tattoo de rigor de cada país visitado, pero en esta ocasión buscaba algún nexo de unión que simbolizase el concepto del viaje. Esta vez no me conformaba con el nombre de mi eterna y amada compañera en el idioma de turno. Tampoco me apetecía demasiado parchearme de simbolismo de todas las clases, formas y colores. Entonces lo vi claro: este es un viaje «espiritual», la búsqueda de mi propia alma, y continuamente resuena en mi cabeza una afirmación de Yogananda: «Nada temo, soy espíritu». And that’s it… ésa es la «frase tattoo», y en Drakono Zenklas hicieron un bonito trabajo. Ahora puedo decirlo (sin miedo) en varios idiomas.

Momento Tattoo
(Pretendo conocerme a mí mismo, y espero poder comprender la verdad de quién soy y para qué he venido a este mundo. Cada vez que reflexiono sobre este asunto, más convencido estoy de que «yo» soy mucho más que el cuerpo en el que habito, y siempre, siempre, resuena en mi cabeza esta afirmación.)

Mientras yo me tatuaba, mi eterna y amada compañera disfrutó, si se puede calificar así, del Museo del Genocidio; un edificio utilizado por los Nazis primero y por la KGB después, para torturar y aniquilar «al enemigo». No hay fotos.

Cogimos un bus a Trakai, un pueblito a treinta y pico kilómetros de la capital. Un acierto. Es una pasada: las casitas de madera, los lagos que la rodean, el castillo… resulta muy tentador y apetece quedarse unos días por allí, pero aún es pronto para dejarse llevar por el romanticismo, estamos solo de paso.

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Vivimos en casa del jefe de prensa del Parlamento Europeo en Lituania, cosa que carece de importancia, pero quiero que quede constancia de que en Couchsurfing hay gente increíble, y este cargo me pareció bastante anecdótico. Además, resulta ser un autoestopista «de pro», forma parte de un club de autostop en el que hacen competiciones, y nos ayudaría muchísimo en nuestro viaje a Riga.

Surfeando el sofé de Robertas
Surfeando el sofá de Robertas.

Y a Riga nos fuimos en autostop. Allí nos esperaba Edmunds, nuestro anfitrión, un personaje del que hablaremos cuando os contemos como surfeamos Letonia…

SURFEANDO VARSOVIA

Es difícil hablar sobre Varsovia, especialmente cuando se escribe desde la distancia y el tiempo (ha pasado una semana y estamos en Letonia).

La primera impresión fue bastante grata; es una ciudad tranquila, limpia y muy bien cuidada. Cuando la paseamos nos dimos cuenta de que hay como tres Varsovias:

La moderna: con rascacielos de cristal, business centres, buenos hoteles y cosas así…

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La comunista: fría y gris, con edificios cuadrados y ventanucos, sin ornamento, diseño o cualquier atisbo de alegría.

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La Old Town: hermosa y sosegada, como sacada de un cuento de los hermanos Grimm.

Old Town.
Old Town.
Plaza de
Plaza de Zamkowy.
Aquí se conserva el corazón de Bach.
Aquí se conserva el corazón de Chopin.
Tumba del soldado desconocido.
Tumba del soldado desconocido.
Monumeto al soldado
Monumeto al Pequeño Insurgente.

Resulta un poco decepcionante saber que toda la ciudad fue reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial; no es que le reste belleza, pero es como visitar una réplica de lo que una vez fue una bonita ciudad.

Viejo dando de comer a las palomas.
Viejo dando de comer a las palomas.
Paseando la Old Town.
Paseando la Old Town.

Todavía existen restos de lo que fue el gueto de los judíos durante la guerra, se pueden encontrar salpicados por la ciudad y resultan bastante impactantes.

Puerta original del Gueto.
Puerta original del Gueto.
Cementerio judío.
Cementerio judío.
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Edificio del Gueto.
Monumento a los judíos asesinados en la guerra.
Monumento a las víctimas de la invasión soviética.

El Palacio sobre al Agua merece bastante la pena; no fue destruido en la guerra y se conserva tal y como fue construido, incluso el mobiliario de su interior es original. El Palacio está rodeado de un inmenso parque y se pueden encontrar un teatro real, el Palacio del príncipe, la casa de invitados… y, lo más importante e impactante de todo, ¡ardillas!; las hay por decenas, y se acercaban a nosotros con una naturalidad pasmosa… y es que los bichos nos ponen…

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Poco más que contaros de Varsovia, salvo, por supuesto, que nos alojó una encantadora familia de viajeros.

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