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TRANSIBERIANO MOSCÚ-IRKUTSK

“Aprovechad los viajes en tren por la noche, así se gana un día” es lo que se dice siempre, pero no es del todo verdad, porque llegas reventado y sin ganas de nada, sólo de ducha, de comer y de dormir, porque en el tren, lo que se dice dormir, se duerme poco y malamente, especialmente cuando apenas estás tomando contacto con el mismísimo Transiberiano y la excitación del momento te puede.

Así llegamos a Kazán, cansados, hambrientos y sin apenas dormir. De modo que nos fuimos a casa de nuestros anfitriones “to take a rest”. La hospitalidad con la que nos trataron Masha y Dmitry superó todas nuestras expectativas, si vamos a visitar a algún familiar, no nos podrá tratar mejor de lo que esta pareja lo hizo con nosotros. Mención especial a Dmitry, que sin hablar inglés conseguía comunicarse con nosotros de maravilla; es increíble, pero incluso consiguió que mi abstemia y casi vegetariana compañera bebiese licores y comiese carne de caballo. ¡Grandes de verdad!.

Kazán es la capital de la república de Tartariztán, hablan ruso y tártaro; y como ciudad no tiene mucho que ofrecer: su Kremlim, sus iglesias, su calle peatonal y algún parque, nada que no se pueda encontrar en cualquier ciudad rusa. Destacar la visita que hicimos a un edificio inacabado que construía un viejo “no tan loco” con la ayuda de toxicómanos y alcohólicos a los que ayudaba a rehabilitarse, un proyecto digno de anuncio de Aquarius; pero el viejo murió, la obra está parada y el proyecto muerto. Ojalá y álguien continúe este maravilloso sueño.

Pero la magia llegó cuando veinte minutos después, contra todo pronóstico y de la mano de nuestros anfitriones, vimos cumplido uno de nuestros sueños:

A Ekaterinburgo llegamos, al igual que a Kazán, cansados, hambrientos y con sueño, después de una noche de Transiberiano; y de esta guisa nos fuimos al que era nuestro único objetivo: pisar la frontera entre Europa y Asia. Tuvimos que recorrer media Rusia para que bebiera mis primeros vodkas, y es que ya no soy el que era… Nuestras conversaciones con Iván sirvieron para que escribiese un artículo para su periódico, el internacionalmente conocido METRO.

La noche de nuestra partida, de nuevo en tren, se convirtió en una auténtica pesadilla, después de haber revisado una y mil veces el ticket llegamos con dos horas de retraso a la estación,  ¡porque lo que miramos una y mil veces no era la hora de partida sino el día de llegada a Irkutsk!, ¡el 22 del 4! Perdimos el tren, FUCK!. No sé lo que hubiese pasado si Iván no nos hubiese acompañado, porque yo solo no hubiera podido controlar a Alma y al mismo tiempo desarrollar un lenguaje de signos en ruso. Volvimos a comprar otros billetes para el día siguiente. Cuando escribo estas líneas, ya nos han devuelto una buena parte del importe de los tickets del tren perdido, aunque el despiste nos ha costado 60 eurazos. Pero no hay mal que por bien no venga, y el día extra pudimos asistir a la “procesión” del Domingo de Resurrección.

El tercer golpe de Transiberiano ya era más serio, tres noches y dos días y pico dentro del vagón. Puede parecer bastante claustrofóbico, pero bien aprovisionados como estábamos de té, comida, libros y alguna peli, lo llevamos bastante bien.

Y llegamos a Irkutsk, esta vez, sobre todo, con ganas de ducha. Nos esperaba en la estación Irina. Nuestro paso por la ciudad fué un poco de locos:  arreglar la visa a Mongolia, mucho turismo culinario ya sea en casa o en el exterior, y paso por quirófano para extracción de uña.  Mi compañera traía una infección en una herida causada hace tiempo, y como aquello empezaba a oler malamente acudimos a urgencias. Por cierto, no nos ha costado ni una perra, bendita seguridad social universal y gratuita, me invaden recuerdos tristes de España…

Hicimos una visita al lago Baikal, el tiempo suficiente para degustar la gastronomía típica y darme un chapuzón en sus requetefriísimas aguas (no digo congeladas porque no lo estaban, aunque aún se podían ver bloques de hielo); la cosa es que el mal rato, según la tradición, me ha supuesto diez años más de vida.

Por la noche hicimos una mini-fiesta en casa: bebimos cerveza artesana y nos acostamos tarde, de modo que al día siguiente descansamos, o dormimos la mona.

Nos esperaba un loco y largo viaje a Ulan Bator, pero eso será otra entrada.

En ésta sólo me queda dar las gracias a Irina, a Kirill y a Sacha por todo lo que nos dieron, con ellos se quedó un trocito de nuestro corazón.

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SURFEANDO SAN PETERSBURGO

¡Y llegamos a San Petersburgo!.

Esta ciudad es probablemente el primer destino soñado de nuestra aventura, donde poner en práctica el poquísimo ruso que fuí capaz de aprender antes de la partida. ¡Y menos mal que lo aprendí!. Leer cirílico lleva su tiempo, pero soy capaz de descifrar los nombres de las estaciones de metro, los precios de un café con leche o un capuchino, tengo capacidad para elegir entre un shawarma o una ensalada, puedo pedir los tickets de metro en la ventanilla, y lo más importante, puedo decir “No le entiendo, no hablo ruso” a todas horas; es bastante divertido.

Quisiera encontrar un calificativo para esta ciudad, llevo un rato delante del ordenador sin encontrar la palabra adecuada, y mira por donde, me viene una en ruso: “вкусный” (se dice Kusna), y viene a ser algo así como “delicioso”. ¡San Petersburgo es deliciosa!. Nos encanta.

Nos encantan los edificios del centro, son todos antiguos palacios de la aristocracia rusa. Hoy casi todos convertidos en museos o administraciones, según el caso.

Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Palacio de Invierno (forma parte del Museo del Hermitage).
Plaza del Palacio.
Plaza del Palacio.
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Ribera del río Neva.
Palacio de Petergoh.
Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de Peterhog.
Interior del Palacio de Petergoff.
Interior del Palacio de los principes Yusupov.
Interior del Palacio de los príncipes Yusupov.

Nos encantan los barrios periféricos, con modernos edificios occidentales o antiguos de los “Soviet times”, según el caso.

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Nos encantan los ríos que la cruzan, los grandes como mares o los pequeños como canales, según el caso. También nos encantan los puentes que los cruzan.

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Nos encantan las iglesias, ortodoxas, luteranas o católicas, según el caso. Y por supuesto, las catedrales.

Catedral de la Virgen de Kazán.
Catedral de la Virgen de Kazán.
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Interior de la Catedral de la Virgen de Kazán. (Foto prohibida)
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la  Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Nosotros frente a la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
Interior de la Catedral de el Salvador sobre la Sangre Derramada.
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los "soviet times" los comunistas tenían aquí montada una piscina)
La Iglesia Luterana de San Pedro. (aunque no lo parezca, en los “soviet times” los comunistas tenían aquí montada una piscina)
Catedral de Peterhof.
Preparando un pic-nic frente a la Catedral de Peterhof.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Interior de la Catedral de San Pedro y San Pablo.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados.
Panteón del zar Nicolás II, su familia y sus fieles criados en la Catedral de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan los parques, grandes como bosques o pequeños como jardines, según el caso.

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Nos encantan los monumentos que hay salpicados por toda la ciudad, de los que sabemos el significado y a quién representan o de los que no tenemos ni idea, según el caso.

La columna de Alejandro.
La columna de Alejandro.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Columna rostral en el Cabo de la Isla Vasilievsky.
Pedro el Grande.
Pedro el Grande.
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).
El Caballero de Bronce (estatua ecuestre dedicada a Pedro el Grande).

Nos encanta la gente por la calle, jóvenes, viejitas o borrachos, según el caso.

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Rusos al sol en el embarcadero del Fuerte de San Pedro y San Pablo.

Nos encantan las estaciones de metro, las de la línea 1 o las de otras líneas, según el caso.

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Y por supuesto, y como siempre, lo que más nos ha encantado ha sido las personas con las que hemos convivido, sean familias completas con modernos apartamentos o solteros compartiendo pisos antiguos, según el caso.

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Tatyana haciendo pancakes para desayunar.

 

Surfeando el sofá de Serge y familia.
Surfeando el sofá de Serge y familia.

 

No nos gustan los escupitajos en la calle, en ningún caso.

SURFEANDO LETONIA Y ESTONIA

En Riga, Letonia, paramos en casa de Edmunds, tanto es así, que casi no salimos. Un poco porque estábamos resfriados, otro poco porque estábamos realmente agusto, y otro poco, por qué no decirlo, porque somos bastante perros, y nos encanta perrear.

Edmunds es artista, en toda la extensión de la palabra, aunque lo que más hace es pintar. Desciende de familia de titiriteros, fabrica sus propios títeres y viaja ganandose la vida con performances callejeros. Hablando con él sobre nuestro proyecto de viaje, nos sugirió hacer pompas gigantes de jabón, a él no le salió del todo mal en su época de Berlín, y estuvimos practicando. Cool!

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Haciendo pompas de jabón en la oscuridad.
Vive en una antigua casa verde de madera del siglo XIX, la misma en la que vivieron su madre y su abuela,  pero como no le gusta estar solo tiene alquiladas las habitaciones, así que vive con Maija, Andris y Roberts. Los cuatro son como una familia, se llevan de maravilla, hacen vida común en la cocina (el salón lo teníamos nosotros ocupado), y estando con ellos no sentimos en ningún momento la necesidad de salir a conocer la ciudad, a fin de cuentas, lo que más nos gusta de los lugares que surfeamos son sus gentes, y estos cuatro personajes tenían tanto que aportar…

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Edmunds.
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Andris.
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Roberts.
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Maija. (desenfocada por respeto a su “please don’t take me photos”)
A pesar de las pocas ganas, del cansancio, el frío y las calenturas, el domingo salimos a dar una vueltecita por la Old Town. Lo hicimos con Edmunds y Adris, un lujo. Es mucho más interesante cuando te cuentan curiosidades, anécdotas e historias que cuando sólo ves edificios más o menos bonitos.

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Entramos al museo de la guerra, y aunque el tema viene siendo un poco repetitivo, no dejamos escapar la oportunidad.  Cuenta la historia de Letonia a través de todas las conquistas y liberaciones vividas a lo largo de los tiempos, y no son pocas. Son cinco pisos de armas, uniformes, manuscritos, mapas…,  todo transmite miedo, violencia, venganza, pobreza, tristeza, destrucción…, excepto una foto, la única que transmitía amor, esperanza, libertad…

DGM_9591 [Resolucion de Escritorio]Durante nuestra estancia en la casa verde, nos hablaron en varias ocasiones de que en la casa de los vecinos, “la blanca”, había unas palabras en español (creían) y querían saber que ponía. La noche antes de partir me acerqué con Edmunds para traducirles lo que yo esperaba sería un mensaje del tipo: “David y Belén estuvieron aquí en mil novecientos y pico”; imaginaros mi sorpresa cuando me encontré con esto:

DGM_9639 [Resolucion de Escritorio] DGM_9640 [Resolucion de Escritorio]Por la mañana temprano nos marchamos con Roberts a Tartu, Estonia. Este chico se gana la vida desarrollando una app: “WomanLog”, mientras estudia, por gusto, en la universidad. Nos ofreció, además del transporte, su sofá. Tartu es realmente pequeña y en un día da tiempo de sobra para pasearla. Esta vez fuí yo el que entró en el museo de las celdas de la KGB. Bastante más pequeño que el de Vilna,  pero aún así resulta muy sobrecogedor.

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A las 2:30 de la madrugada tomamos el bus a San Petersburgo. Rusia nos espera.

 

 

 

 

SURFEANDO LITUANIA

Dejamos Varsovia a las 23:00h con destino a Vilna, Lituania. El autobús estaba petado de españoles, creo que Erasmus, pero no entablamos conversación con ninguno de ellos, es demasiado pronto para añorar el idioma o la cultura que nos une, de modo que tratamos de dormir… sin éxito.

Salimos del autobús a la carrera, porque Robertas y Sigita salían de casa a las nueve de la mañana y a nosotros no nos apetecía nada quedarnos en la calle hasta las siete de la tarde que volvieran. Necesitábamos descansar, dormir unas horas en condiciones antes de surfear la ciudad. No fué fácil, pero lo conseguimos. El piso tenía unas vistas sensacionales y estábamos a dos pasos del centro histórico.

Disfrutando en la plaza DGM_9424 [Resolucion de Escritorio] DGM_9358 [Resolucion de Escritorio] DGM_9362 [Resolucion de Escritorio]

Vilna tiene un saborcito muy chulo, es pequeñita, tranquila y acogedora. El centro tiene más iglesias que Jerusalén, ¡es increíble!. A pesar de disfrutar de un tiempo primaveral, en su interior hace un frío que pela, y no sabemos porqué razón algunas de ellas están dejadas de la mano de Dios; en otras, por supuesto, hay vírgenes milagrosas…

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Hay un castillito coronando una loma que resulta bastante coqueto, y aunque como castillo dice bastante poco, es muy agradable pasear alrededor y las vistas son espectaculares.

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Pasear la Calle de la Literatura fué fascinante, ¡es tan hermoso disfrutar de la cultura en la calle!… ¡y es tan triste acordarse de algún ministro de nombre impronuciable en este blog!… Nos dejamos caer en el barrio de Uzupi, ¡qué maravilla!. El barrio está tomado por artistas que  exponen en las calles, se consideran una república independiente e incluso proclamaron su propia constitución. Es de esos sitios en los que no te importaría quedarte para siempre.

Calle de la Literatura.
Al fondo, calle de la Literatura.
Calle de la Literatura
Calle de la Literatura.

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Sabía que quería mi tattoo de rigor de cada país visitado, pero en esta ocasión buscaba algún nexo de unión que simbolizase el concepto del viaje. Esta vez no me conformaba con el nombre de mi eterna y amada compañera en el idioma de turno. Tampoco me apetecía demasiado parchearme de simbolismo de todas las clases, formas y colores. Entonces lo ví claro: este es un viaje “espiritual”, la búsqueda de mi propia alma, y continuamente resuena en mi cabeza una afirmación de Yogananda: “Nada temo, soy espíritu”. And that’s it… ésa es la “frase tattoo”, y en Drakono Zenklas hicieron un bonito trabajo. Ahora puedo decirlo (sin miedo) en varios idiomas.

Momento Tattoo
(Pretendo conocerme a mí mismo, y espero poder comprender la verdad de quién soy y para qué he venido a este mundo. Cada vez que reflexiono sobre este asunto, más convencido estoy de que “yo” soy mucho más que el cuerpo en el que habito, y siempre, siempre, resuena en mi cabeza esta afirmación)

Mientras yo me tatuaba, mi eterna y amada compañera disfrutó, si se puede calificar así, del Museo del Genocidio; un edificio utilizado por los Nazis primero y por la KGB después, para torturar y aniquilar “al enemigo”. No hay fotos.

Decidimos coger un bus a Trakai, un pueblito a treinta y pico kilometros de la capital. Un acierto, es una pasada, las casitas de madera, los lagos que la rodean, el castillo… resulta muy tentador y apetece quedarse unos días por allí, pero aún es pronto para dejarse llevar por el romanticismo, estamos solo de paso.

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Vivimos en casa del jefe de prensa del Parlamento Europeo en Lituania, cosa que carece de importancia, pero quiero que quede constancia de que en Couchsurfing hay gente increíble, y este cargo me pareció bastante anecdótico. Además, resulta ser un autoestopista “de pro”, forma parte de un club de autostop en el que hacen competiciones, y nos ayudaría muchísimo en nuestro viaje a Riga.

Surfeando el sofé de Robertas
Surfeando el sofé de Robertas.

Y a Riga nos fuimos en autostop. Allí nos esperaba Edmunds, nuestro anfitrión, un personaje del que hablaremos cuando os contemos como surfeamos Letonia…

SURFEANDO ALEMANIA. Berlín.

Berlín está bastante bien. Aunque no la hemos “estrujado” mucho podemos recomendarla, no tanto por el paisaje urbano o la arquitectura, para eso nos quedamos con Leipzig, pero sí es cierto que es una ciudad llena de vida y posibilidades.

Paseando barrios. Boca de incendios.
Paseando barrios. Boca de incendios.
Vista desde el puente de Oberbaum.
Vista desde el puente de Oberbaum.
Estación de tren.
Estación de tren.

Nos ha sorprendido un poco la actitud de los berlineses, no son tan cabezas cuadradas como nos dicen en España, cosas como: las pirulas con los coches, las calles llenas de caquitas de perro y botellas de cerveza vacías o rotas, el coladero en el metro… son cosas que no hubiésemos creído posibles por aquí; quizá es porque se ha convertido en una ciudad tan cosmopolita que resulta dificil definir el carácter de sus gentes, quizá es porque lo que nos cuentan de los alemanes tiene tanto de cierto como lo que les cuentan a ellos de los españoles…

Turismo, propiamente dicho, hemos hecho un par de días. Primero hicimos un “Free Berlin Tours” en el que conocimos lo imprescindible. Hay que tener en cuenta que prácticamente todo el reclamo turístico gira en torno a las guerras mundiales, y los diferentes tours se especializan en estos periodos históricos. Nosotros nos quedamos con el más “general”.

Puente de Oberbaum.
Puente de Oberbaum.
Check Point Charlie.
Check Point Charlie.
Catedral.
Catedral.
Plaza Gendermenmarkt.  Estatua de Friedrich Schiller y Konzerthaus.
Plaza Gendermenmarkt. Estatua de Friedrich Schiller y Konzerthaus.
Bundestag.
Bundestag.
Monumento al Holocausto.
Monumento al Holocausto.
Altes Museum.
Altes Museum.
Barnderburg Tor.
Barnderburg Tor.

El segundo día “Vive Berlín” nos llevó a una visita guiada al campo de concentración de Sachsenhausen que, aunque es muy recomendable, nos decepcionó un poquito, porque del campo, propiamente dicho, queda muy poco, y lo que han hecho es convertirlo en museo; finalmente es un mix que, aunque no nos dejó indiferentes, tampoco nos sobrecogió como esperábamos de un campo de concentración.

El trabajo os hace libres.
El trabajo os hace libres.
Los baños del barracón.
Los baños del barracón.
Entrada al crematorio.
Entrada al crematorio.
Crematorio.
Crematorio.
Sin escapatoria.
Sin escapatoria.

No entramos en ningún museo, por aquello de ahorrarnos los cuartos, pero paseamos algunos barrios y visitamos una de las famosas casas okupas de Berlín, la Yaam concretamente. Está bastante bien el ambiente y la filosofía que las mueve.

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La Yaam. Kasa Okupa.
Del muro hemos visto un par de trozos, incluyendo el East Side Gallery, 1300m. decorados con el trabajo de 118 artistas provenientes de 21 países.

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Una ola nos llevó a pasar la primera noche en Berlín en casa de “Dr Guzmán”. El muchacho no tenía sofá que ofrecernos, de modo que estaba dispuesto a cedernos su cama y domir él en el suelo, naturalmente no lo permitimos, y así pasamos la noche en uno de los mejores suelos de Berlín.

Surfeando el sofá de Gustavo.
Surfeando el sofá de Gustavo.

En pocos minutos de conversación quedamos embriagados por el acento simpático, el equilibrio emocional, la racionalidad de sus argumentos y, por supuesto, su generosidad…

Dr Guzman
Dr Guzmán

Con él y con su amiga Victoria, también chapina, también fenomenal. Nos tomamos unas chelas en una de las muchísimas tiendas turcas que hay por Berlín. Pasamos un rato de lo mejor. Pintaba ser una velada mágica, pero esta vez no agarramos la ola, no nos dejamos confundir por la noche y volvimos relativamente temprano a casa.      ¡Mil gracias Gusito!

Chelas...
Chelas…

Surfeamos el sofá de Katharina y Paul. Enseguida nos enamoramos de ellos y de su piso. Conectamos de maravilla y compartimos un par de deliciosas cenas. ¡Lástima no haber tenido algo más de tiempo para disfrutar de su compañía!.

Surfeando el sofá de Katharina y Paul.

Nos vamos de Berlín. Tal vez otro par de días hubiesen estado bien, pero, a fin de cuentas, lo que estamos haciendo es surfear el mundo; y vino una ola que nos llevó a Varsovia…

SURFEANDO BARCELONA (1ª PARTE)

Atrás quedó Salou, con Maite y Luismi, que también resultaron ser anfitriones 10. Y como parece que todo aquel que nos aloja se merece como poco esta nota, hemos decidido no volver a puntuar.

surfeando el sofá de Maite y Luismi
Surfeando el sofá de Maite y Luismi

De Salou a Barcelona nos movimos en tren, pagando como es debido. Una vez aquí, muy a pesar de nuestra innata honradez, nos colamos todo lo que podemos en el metro.

Colados en el metro
Colados en el metro

Estos tres primeros días no hemos hecho gran cosa, pasear y pasear. No entramos en bares, museos, catedrales, casas de Gaudí o cualquier lugar que suponga el más mínimo gasto. Como dicen por aquí la pela es la pela y no queremos gastar más que lo absolutamente necesario, nos queda demasiado viaje por delante.

Descansito en la Plaza del Sol
Descansito en la Plaza del Sol
Caminando por las calles de BCN
Caminando por las calles de BCN

El domingo tuve la oportunidad de compartir la tarde con Mary, mi desconocida hermana de padre. Resultó ser una moza encantadora, igual que Alejandro, su novio. El sábado nos volveremos a ver. Es cuanto menos una situación curiosa.

Tomando un algo Mary y Alejandro
Tomando un algo con Mary y Alejandro

Ya hemos gestionado el visado a Rusia. El día 4 de marzo nos darán los pasaportes con nuestro primer sello. ¡Por fin!. Nos queda una semana para encontrarnos con viejos y nuevos amigos. Una semana para averiguarnos transporte para el norte. El dia 1 de abril nos gustaría estar en la frontera rusa. Mientras tanto seguiremos paseando por Barcelona.

Tunel L4

Gente de la calle

Diagonal 2

Casa Vicent

Descanso en el camino

Avinguda de Gaudí

De momento seguiremos en casa de Manuel y Manuela. Los primeros “auténticos” couchsurfers. Quizá es demasiado pronto para faltar a mi palabra, pero son anfitriones DIEZ.

Surfeando el sofá de Manuel y Manuela
Surfeando el sofá de Manuel y Manuela

PASITO A PASITO LLEGAMOS A SALOU

Después de cuatro días en Campello nos ponemos de nuevo en marcha. Poco tenemos que contar de este pueblo. Hemos perreao más de lo que hemos querío. Rafa y Raúl han resultado ser unos anfitriones 10.

Primer sofá que surfeamos
Primer sofá que surfeamos

Hicimos una furtiva visita a la playa. Y pasamos una tarde de lo mejor con Rocío, Rubén y Amélie. Poco más, muy poco más.

tardecita de playa
tardecita de playa
Tarde de cañas
Tarde de cañas

El lunes 17, aún sin demasiadas ganas decidimos partir para Barcelona. Nos preparamos un cartel y nos plantamos en la rotonda de salida de Benidorm. Pasaron un par de horas y un par de policías locales, hasta que por fin nos recogió Terry, un señor inglés afincado en la zona que cada día se desplaza al hospital de Denia para hacer sesiones de quimio. Nos sorprendió el buen humor y talante.

primer cartel de autostop
Primer cartel de autostop

A las cinco de la tarde (como en el poema de Lorca),  paró una chica encantadora, profesora de danza y fabricante de pan ecológico. Nos dejó muy cerca de Gandía, en una rotonda en la que no pasaron más de tres minutos cuando paró una furgoneta. Al acercarme y ver el personal que había dentro estuve a punto de rechazarlos porque eran rumanos, de esos que son tan malos y peligrosos…. Pero con la rapidez mental que nos caracteriza pensamos: ¿serán malos de verdad?, ¿nos estamos dejando llevar por prejuicios burgueses sin sentido?…. total, daba lo mismo, si nos han de asaltar, secuestrar o matar, mejor en casa. Pero resultaron ser más apañaos que las pesetas. Nos trataron de maravilla, nos regalaron naranjas y nos dejaron en la boca de metro de Torrent… ¡65 Km!. No quisieron hacerse fotos porque estaban todo sucios de trabajar en la recogida de la naranja (por cuatro duros que el español listillo les deja después de su buena comisión). En resumen, no querían dar mala impresión en el blog.

Autostop Nematu

Autostop Alma

Como siempre, el Universo se pone de nuestra parte, y al comprar los billetes de metro, la máquina expendedora, además de los tickets, nos devolvió los 5,20€ que costaban. ¡BIEN!

Esperamos un ratejo frente a la Estación del Norte en Valencia hasta que vinieron Fernando y Sandy a buscarnos. Nos llevaron a cenar de tapitas. No dió para mucho más la noche. Sandy y Fernando resultaron ser anfitriones 10.

Estació Nord de Valencia
Estació Nord de Valencia

Waiting Valencia

A la mañana siguiente continuamos con nuestro camino. Cogimos el tren hasta Castellón, no resultaba caro. Una vez allí nos cargamos las mochilas de nuevo y a continuar en autostop. En poco menos de media hora apareció Marcos, que nos llevó a Benicassim.

Con Sandy en estacion Autostop Marcos

Se hizo de noche, esta vez los pulgares no daban resultado y subimos a la estación de tren (a tomar por culo), pero no había trenes…

Momento meditación en carretera
Momento meditación en carretera

Nos acordamos de nuestra compañera Nuria de Escaños en Blanco,  ella es de Castellón, quizá conozca a alguien por aquí, así que le escribimos por facebook. ¡Y enganchamos la ola!. Nos vino a recoger y nos alojó en su casa en Oropesa. ¡Fenomenal!, Tristán y Nuria también resultaron ser anfitriones 10.

Con Nuria y Tristan

Así amanecimos, una semana después de partir, en Oropesa.

Nuria nos dejó en la entrada de la autopista. ¡ERROR!… no pasó un coche en 20 minutos, de modo que nos cargamos las mochilas y nos pusimos a caminar por el arcén de la N-340 en busca de alguna rotonda donde no nos jugaramos la vida y nos diera tiempo de hacer carantoñas a los vehículos. Varios kilómetros y algunas ampollas después llegamos a un área de servicio donde nos paró un señor sudamericano de Murcia que nos llevó cuatro canciones de Celia Cruz más allá. Y nos dejó en una gasolinera en mitad de la nada.

N340

Otra vez caía la noche cuando nos paró ¿Ayun?, un chico marroquí que nos dejó en Benicarló. Ya, casi sin fuerzas, nos subimos en un tren con destino a Salou. Allí nos recogieron Maite y Luismi.

Autostop Ayun

Hoy pasaremos el día en Salou sin hacer una mierda.